El abaratamiento del crudo apuntala la mejora de la economía española

Por cada caída del 10% en el precio del petróleo, el PIB añade un crecimiento de entre el 0,1% y el 0,15%

El petróleo a 30 dólares, un escenario inimaginable hace poco más de un año, dibuja un futuro tan complicado para los países productores como favorable para los importadores. Entre el segundo grupo destaca España, que compra fuera el 99% del crudo que consume y que el año pasado vio cómo la factura energética encogía un 30%. Por cada caída del 10% en el precio del petróleo, el PIB añade un crecimiento de entre el 0,1% y el 0,15%, según el servicio de estudios que se consulte. Este viento de cola, sin embargo, empieza a tocar a su fin: el consenso de los analistas ve probable un repunte en la segunda mitad del año.

“Regalo”; “de cine”; “gran noticia”. Los analistas no escatiman en calificativos positivos para referirse al impacto del petróleo barato sobre la economía española. En un país tan dependiente del crudo, su desplome se convierte en el principal viento de cola para apuntalar el crecimiento. No es el único factor, pero sí el más importante. Es cierto que el euro ha perdido terreno frente a la libra o el dólar, algo que ha favorecido las exportaciones. También lo es que el ambicioso programa de compra de deuda del BCE ha mejorado las condiciones de financiación de empresas y familias. Pero la media docena de fuentes consultadas coinciden en señalar que, en un país en el que más de la mitad de las ventas exteriores tienen como destino la eurozona, el tipo de cambio solo puede explicar una pequeña parte de la mejora. Y, habida cuenta de que el grifo del crédito se abre muy lentamente, la acción de Mario Draghi —pese a su importancia para espantar los fantasmas sobre la deuda periférica— tiene un efecto limitado sobre el crecimiento.

“El petróleo es el factor esencial”, dispara Víctor Echevarría, de AFI. “Y España debe aprovecharlo, porque en el segundo semestre del año su precio debería subir”, enfatiza. Rosa Duce, economista jefa de Deutsche Bank en España, también cree que se encarecerá a partir de junio y, con ello, perderá fuerza como sustento al crecimiento. Sin embargo, y a la luz de los bruscos descensos de las últimas semanas, este repunte se ve lejano. Hoy, todo en el mercado parece indicar más caídas a corto plazo: la bajada del 35% en 2015 se ha visto exacerbada por un desplome del 25% en lo que va de 2016, hasta el punto de haber perdido la barrera de los 30 dólares por barril. Aunque mucho más modestamente, por la alta carga fiscal y la fortaleza de la moneda estadounidense (en la que se compra el crudo), los carburantes bajan entre un 7% y un 14% en un año.

Según los cálculos de CaixaBank Research, por cada 10% de caída del brent, la economía española debería expandirse un 0,1% adicional. Así, del 2,7% previsto para el año que viene, entre un 0,2% y un 0,3% tendrá origen en el petróleo. La creación de empleo se beneficiará en igual media: entre el 0,2% y 0,3%, es decir, entre 40.000 y 60.000 empleos adicionales. Aún más optimistas son los cálculos del Banco de España en su último informe anual, que cree que el PIB debería acelerarse en un 0,15% el PIB tras una caída del 10% en el precio. Si esa caída se mantiene, en los tres años siguientes se acumularía un crecimiento del 0,23%. El efecto sobre el empleo es aún mayor: la ocupación debería aumentar un 0,19% en el primer año tras el desplome del petróleo y en algo más de tres décimas a tres años vista.

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Un empleado de una pozo petrolero en Damborice (República Checa), el viernes pasado. Bloomberg

Las cifras del servicio de estudios del BBVA indican que con una caída del 30% en el precio del crudo —la estimada para 2016—, el repunte en el PIB debería ser de un 1% en el primer año y del 1,5% en el segundo. José Domingo Roselló, del Instituto Flores de Lemus, calcula por su parte que esta reducción del 30% liberará más de 4.300 millones de euros que de otro modo se gastarían en carburante, y añadirá cuatro décimas de crecimiento.

Tanto Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA, como Judit Montoriol, de CaixaBank Research, diferencian entre un shock temporal o coyuntural, que se diluye a los dos o tres años, y uno permanente, con un impacto mucho más sostenido en el tiempo. Según su punto de vista, la caída de 100 a 50 dólares en el tramo final de 2014 fue estructural y estuvo motivada por factores de oferta —el empuje del fracking en Estados Unidos, el aumento de producción en los países del Golfo y el inminente regreso de Irán al mercado—, mientras que el último desplome, de 50 a 30 dólares, está más ligado a la contención de la demanda, por lo que su incidencia “debería ser menor”.

“Si se ve como algo pasajero, los ciudadanos destinarán el incremento en su renta disponible a ahorro; en cambio, si se ve como algo estructural, tenderán a destinarlo a consumo”, apunta Montoriol. Juan Ignacio Crespo, autor de Como acabar de una vez por todas con los mercados, evita concretar una cifra. “No creo en las elasticidades y estamos en aguas sin cartografiar. La economía española no tiene nada que ver con la de hace 20 o 30 años, por lo que la actual caída no se puede comparar con otras”.

A las precauciones sobre el posible repunte del crudo se suma el temor a un frenazo económico mundial. El petróleo también es un síntoma más del enfriamiento de China, que crece a su ritmo más bajo en dos décadas; de las turbulencias por las que atraviesan los emergentes y de la parálisis del comercio mundial, cuyas cifras no se corresponden con una fase del ciclo alcista. Ese es el gran peligro, que ya cotiza en las Bolsas, y del que, si llegara a materializarse, ni España ni ninguna otra economía europea podría escapar.