La petrolera saudí Aramco estudia incluir a filiales en su salida a Bolsa

La compañía copa el 15% de las reservas mundiales de crudo

La mayor productora de petróleo del mundo, la compañía estatal saudí Saudi Aramco, precisó ayer que las opciones que baraja para salir a Bolsa son ofrecer acciones de la empresa matriz o de sus filiales. Según un comunicado difundido hoy, la empresa estudia permitir a una amplia gama de inversores que dispongan de una cuota de sus activos directamente o bien mediante la oferta de gran parte de las acciones de sus proyectos en varios sectores, especialmente en el de la refinería y de los productos químicos.

El comunicado, recogido por la agencia saudí de noticias SPA, agregó que cuando concluya el estudio detallado de ambas opciones se presentarán los resultados al consejo directivo de la empresa y posteriormente a la dirección, que tomará una decisión definitiva. La empresa explicó que este paso se enmarca en el programa de transformación nacional que está llevando a cabo Arabia Saudí, que incluye, entre otras reformas, la privatización de varios sectores económicos. Para Aramco, que alabó la decisión del Gobierno en este sentido, el proceso reforzará las capacidades de la empresa y su visión a largo plazo.

La compañía petrolera confirmó que estudia la posibilidad de cotizar en Bolsa, refrendando el anuncio del ministro de Defensa y príncipe heredero, Mohamed bin Salman, en The Economist.

Sin muchos detalles

Aramco, que no ha dado más detalles, afirmó hace días que entre las alternativas que está estudiando figura la salida al mercado de valores “con una proporción adecuada de las acciones de la compañía”. En la entrevista con el semanario, el príncipe heredero se mostró “entusiasmado” con esta posibilidad y señaló que la decisión “se tomará en los próximos meses”.

Según Bin Salman, la salida a Bolsa de la compañía petrolera estatal “iría en interés del mercado saudí y en interés de Aramco”. Según los analistas, la compañía sería probablemente la mayor por su valor en Bolsa. Además, favorecería la “transparencia” y contrarrestaría “la corrupción que pueda estar rodeando a Aramco, si es que la hay”.

Creada en 1933 bajo propiedad estadounidense, en 1988 pasó a ser de titularidad pública saudí. Pese al secretismo que la envuelve, se estima que tiene reservas de crudo equivalentes a 265.000 millones de barriles, más del 15% de los depósitos del mundo.