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¿Por qué el Popular no se vendió antes? Las oportunidades perdidas

El consejo rechazó ofertas dinerarias del BBVA y el Santander hace solo unos meses

Emilio Saracho, presidente del Banco Popular.
Emilio Saracho, presidente del Banco Popular.

“¿Cómo es posible que ustedes y el BBVA hubieran ofrecido varios miles de millones de euros por el Popular hace seis meses y ahora dicen que el banco tiene un agujero de 7.000 millones de euros?”, preguntó un periodista a Ana Botín, presidenta del Santander, en la rueda de prensa de ayer en la que la explicaba los detalles de la operación por la que, tras ser intervenido por el Mecanismo Único de Supervisión, el Popular fue adquirido por Santander.

La cuestión hacía referencia a las ofertas que el BBVA y el Santander hicieron por el Popular en diciembre pasado en las que ofrecieron alrededor de 4.000 millones, según fuentes financieras. Botín solo dijo que no hacía comentarios de ofertas pasadas y que ahora esta es la valoración que tienen del Popular.

Este caso es un ejemplo de una rapidísima depreciación de un banco, nunca vista hasta ahora. Pero lo cierto es que esas ofertas fueron realizadas a Ángel Ron, expresidente del Popular, y se llevaron al consejo de administración, que las rechazó. Sin juzgar con el efecto retrospectivo, lo cierto es que en aquellos momentos el Popular ya vivía momentos muy difíciles por la indigestión de la tardía expansión inmobiliaria, que provocaba grandes dudas entre los inversores. Aún así las ofertas se rechazaron y nunca se explicaron los motivos.

El Popular venía de haber cometido un grave error: pagar 1.240 millones por el Banco Pastor sin ayudas, en 2011. Esta compra elevó la cifra de activos tóxicos y empeoró la indigestión del ladrillo. El Popular ya no se recuperó; no consiguió provisionar los activos inmobiliarios y cayó en una deriva peligrosa.

El relevo de Ron no mejoró la situación. Emilio Saracho, nuevo presidente desde febrero, lanzó mensajes confusos y contradictorios sobre cuál era su estrategia. Comentó que tenía inversores dispuestos a meter capital, como había sucedido en el italiano Unicredit o el alemán Deutsche Bank, pero nunca aparecieron.

Se embarcó en una operación de venta del Popular, al tiempo que decía desconocer la verdadera tasación de los activos inmobiliarios, pese a que desde diciembre sabía que iba a ocupar este cargo. Soportó la dimisión del consejero delegado, Pedro Larena, sin haber nombrado a su sustituto, José Ignacio Sánchez-Asiaín, y prescindió del responsable de Comunicación en plena tormenta.

El Popular fue presa de malas noticias: caída del rating, análisis negativos sobre sus activos inmobiliarios, que hundieron la acción. Otros, con intereses o no, crearon un discurso funesto del Popular, mientras Saracho no contrarrestó la situación. Creyó que la clave era el capital, pero el banco se desangraba por la fuga de dinero por la enorme desconfianza creada. Muchos errores que mataron un banco con 91 años.

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