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Chipre se planta y dice ‘no’ al rescate

El abrumador rechazo del Parlamento a la quita coloca a la isla al borde de la quiebra

Los diputados, apoyados por la ciudadanía, han preferido el caos a las condiciones impuestas

Los jets privados aparcados en el aeropuerto de Lárnaca son la mejor explicación de por qué Chipre rechazó ayer de forma abrumadora las condiciones del rescate impuestas por Europa. Desde que el pasado sábado se supo que los ahorradores iban a perder parte de su dinero, decenas de oligarcas rusos han ido llegando a la isla para retirar sus millones en cuanto abran los bancos.

Este es un golpe mortal para una economía que solo vive de dos sectores: la banca y el turismo. El bofetón de los chipriotas a los Gobiernos europeos —muy especialmente al alemán— ha sido tan abrumador que ni uno solo de los 56 diputados votó a favor de la quita, ni siquiera los del gobernante partido conservador, que se abstuvieron. Los 36 restantes dieron un rotundo no. El rechazo al rescate coloca a la pequeña isla en una situación límite que amenaza con generar la primera quiebra dentro de la unión monetaria.

El presidente, Nikos Anastasiadis, que ayer estuvo en contacto con la canciller Angela Merkel, ha sufrido la humillación de ver cómo el pueblo que le eligió hace tan solo tres semanas no ha aceptado la disyuntiva que presentó a su nación: o el rescate europeo o el desastre. En un dramático mensaje televisado, el presidente había dicho el domingo que un no al rescate supondría la quiebra de los dos mayores bancos, la bancarrota del país y su salida del euro. Pues bien, los diputados, con un gran apoyo de la ciudadanía, han elegido el caos.

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“Nos negamos a ser marionetas en manos de Alemania”, afirmaba ayer una joven que se manifestaba con unos pocos miles de personas a las puertas del Parlamento justo antes de que comenzara la votación. “Troika, fuera de Chipre”, exclamaban. Es el mismo grito que se oye desde 1974, cuando la invasión turca dividió la isla en dos. Pero en esta ocasión va dirigido a Europa en lugar de al ejército turco.

De poco le ha servido al presidente la oferta de última hora de liberar de la quita a los ahorradores con menos de 20.000 euros. Pese a que en los últimos días se especuló con infinidad de cambios, la propuesta votada ayer era idéntica a la pactada en la madrugada del sábado, excepto por la exención a los más pequeños ahorradores. Si se hubiera aprobado, los que tengan entre 20.000 y 100.000 euros habrían perdido el 6,75%; y los grandes ahorros, un 9,9%.

Anastasiadis se ha negado durante estos días a respetar los depósitos de hasta 100.000 euros y gravar con un impuesto superior a los más ricos, como le pidieron el lunes los Gobiernos europeos. El argumento en contra de esta medida es que habría ahuyentado a los inversores, lo que supondría la puntilla para su sector financiero. La pregunta es si las grandes fortunas no van a huir del país de todas formas en cuanto puedan.

Las condiciones asociadas al préstamo de 10.000 millones de euros fueron criticadas por toda la oposición. El presidente del Parlamento, el socialdemócrata Yiannakis Omirou, las tildó de “atraco a la propiedad privada, contra toda noción de derecho” y dijo que los socios europeos tratan de que Chipre vuelva a ser “un país de soberanía limitada, un Estado neocolonial”.

Además del golpe económico, los chipriotas han vivido como una humillación nacional las condiciones impuestas por Merkel. Muchos recuerdan la larga historia de un país dominado por otomanos o británicos para rechazar órdenes del extranjero. “No aceptamos ser los parias de Europa”, dijo Marios Karoyan, líder del Partido Democrático, que hasta ahora apoyaba al Gobierno. La evolución de sus 8 diputados en los últimos cuatro días muestra a las claras la creciente indignación que se ha ido apoderando del país. De especularse con que alguno de ellos podía votar en contra de la coalición gubernamental, se ha pasado a un rechazo en bloque. Incluso el portavoz conservador criticó al Eurogrupo.

Uno de los pocos líderes del país en pronunciarse a favor del rescate fue el gobernador del Banco Central. Panicos Demetriades pidió a los diputados que dieron su visto bueno a un impuesto que, dijo, solo se impondría una vez. El jefe del Banco Central mostró su preocupación por lo que pueda pasar cuando los bancos abran de nuevo mañana jueves. Demetriades estima que la fuga de depósitos en los días siguientes a la reapertura puede rondar el 10% de los 70.000 millones que tienen los bancos del minúsculo país.

La sensación de decepción con Europa se extiende por toda la sociedad. “Yo siempre he sido muy europeísta, pero los acontecimientos están demostrando que yo estaba equivocada y los antieuropeos tenían razón”, comentaba ayer una destacada periodista desde su despacho, sin quitar el ojo de la televisión que informaba de que la derrota del Gobierno era ya irremediable. Tras el rapapolvos de ayer, Anastasiadis se reunirá esta mañana con los líderes de los partidos para analizar la situación.

Se abre ahora un periodo de incertidumbre. Europa deberá replantearse si acepta renegociar lo que ayer mismo parecía innegociable. Chipre podría someter a votación otra propuesta aceptable para la zona euro. Si todo esto falla, se abre el camino a la quiebra del país y, en un escenario extremo, la salida del euro y la vuelta de la libra chipriota. Nada más conocerse el resultado de la votación, el Banco Central Europeo quiso transmitir calma y aseguró que reafirma su compromiso de inyectar liquidez al país si lo necesita “dentro de las reglas existentes”.

Aún queda otra alternativa: un préstamo de última hora de Rusia. Precisamente allí aterrizaba ayer el ministro de Finanzas, Michael Sarris, en un intento de flexibilizar las condiciones del crédito de 2.500 millones que Moscú concedió a Nicosia en 2011. Podría aprovechar su estancia para negociar a la desesperada una ayuda en rublos. Sarris protagonizó un rocambolesco episodio después de que un canal de noticias informara de que había presentado su dimisión. “No es verdad”, puntualizó el ministro a través de un SMS a la agencia Reuters.

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