Los activos tóxicos del ladrillo, la losa que sepultó a la gran caja de ahorros del PP

La fuerte exposición al sector constructor y promotor inmobiliario ha sido el lastre que ha condenado a la nacionalización a Bankia

Los edificios de Bankia en Madrid. / PAUL WHITE (AP)

La fuerte exposición al sector constructor y promotor inmobiliario ha sido la losa que ha condenado a la nacionalización a la entidad surgida de la fusión de siete cajas de ahorros y liderada por las dos principales cajas controladas por políticos del Partido Popular: Caja Madrid y Bancaja. Banco Financiero y de Ahorros (BFA), la matriz de Bankia, tenía a cierre de 2011 un total de 31.800 millones de euros en activos problemáticos del ladrillo, según las cuentas consolidadas sin auditar que la entidad entregó la semana pasada a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Con ello, es el grupo con más riesgo inmobiliario. La filial, Bankia, tiene una exposición algo menor a dicho sector, pero también cuenta con menores coberturas.

Esos activos problemáticos corresponden a dos grandes grupos. Por un lado está el crédito problemático a las promotoras, que ascendía a unos 17.850 millones de euros a cierre de año. De ellos, 10.564 millones eran créditos morosos y otros 7.283 millones calificados subestándar (en riesgo de impago). BFA contaba con unas provisiones específicas, o fondos para hacer frente a esos posibles impagos, de unos 7.000 millones de euros y con un colchón de otros 1.288 millones en provisiones genéricas (sin asignar a ningún crédito en concreto). Quedan, pues, unos 9.500 millones sin cubrir y, en todo caso, esas provisiones son insuficientes ante la nueva normativa financiera.

El otro gran grupo son los inmuebles que BFA ya se ha quedado por el impago de los créditos que concedió para su compra. Entre suelo, promociones, pisos, participaciones en inmobiliarias y activos similares, BFA tenía a cierre de año 13.951 millones de euros, lo que convertía a la entidad financiera en la mayor inmobiliaria de España, muy por delante de firmas del sector como Metrovacesa o Martinsa Fadesa. Para cubrir el deterioro del precio de esos inmuebles, BFA contaba con provisiones o correcciones de valor por importe de unos 4.900 millones, lo que dejaba el importe neto en unos 9.000 millones a cierre de 2011.

Pero además de los 18.500 millones sin cubrir entre créditos e inmuebles problemáticos, el grupo surgido de la integración de Caja Madrid y Bancaja con otras cinco cajas tiene también en sus libros otros 20.000 millones de euros de crédito considerado vano o normal. Sin embargo, dado que buena parte de esos créditos no tienen garantía hipotecaria o tienen como respaldo suelo o promociones sin terminar, es posible que ese crédito teóricamente sano acabe también dando problemas.

El Fondo Monetario Internacional alertó recientemente de la morosidad oculta vía refinanciaciones artificiales en el sistema financiero español y el Gobierno prevé exigir que los activos que sirven como garantía al crédito promotor se tasen para ver si los préstamos están suficientemente respaldados y, en caso contrario, exigir nuevas provisiones por ese crédito hasta ahora considerado sano.

La entidad resultante de la fusión de siete cajas de ahorros

J. S. GONZÁLEZ

Bankia es la filial responsable del negocio bancario de Banco Financiero y de Ahorro (BFA), la entidad creada tras la fusión fría de Caja Madrid, Bancaja, Caja de Canarias, Caja de Ávila, Caja Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja. Fue creada en marzo de 2011 como nombre comercial del banco de BFA. “Es nombre de mujer”, anunció entonces un orgulloso Rodrigo Rato al presentar el nuevo logotipo verde lima del banco que se quedaba con los activos teóricamente sanos de BFA. La idea de los directivos de la entidad era crear un banco bueno, con los activos más suculentos de BFA, y sacarlo a Bolsa para obtener unos 4.000 millones de euros.

Pero la salida a los mercados de Bankia resultó complicada y azarosa. Su bautizo en Bolsa estaba previsto para el verano del año pasado y coincidió con una tempestad en los mercados financieros por la crisis de la deuda soberana de los países del arco mediterráneo, encabezados por Grecia.

El 20 de julio del año pasado Bankia comienza a cotizar en el parqué madrileño a un precio de 3,75 euros la acción, una rebaja del 15% sobre el precio del folleto bursátil. “Lo hemos conseguido. Hemos salido en mitad de una tormenta perfecta en los mercados”, dijo el entonces presidente de la entidad. Dos meses después, el nuevo banco cotizaba en el selectivo español, Ibex 35.

Pero la digestión de los activos inmobiliarios dudosos procedentes de Bancaja y Caja Madrid ha resultado demasiado pesada para la entidad.

Como curiosidad, Bankia también era el nombre de una entidad noruega adquirida por el Banco Santander en 2005 que cambió su denominación por la de Santander Consumer Bank. También es el nombre científico de un molusco bivalvo y de una ciudad rumana.

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