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Muras, el pueblo con la luz más barata de España gracias a sus molinos

El municipio gallego con casi tantos aerogeneradores como habitantes financia el recibo

José Manuel Felpeto, en un parque eólico de Muras, sostiene una factura de luz con descuento.
José Manuel Felpeto, en un parque eólico de Muras, sostiene una factura de luz con descuento. EL PAÍS

En el interior de la provincia de Lugo, entre las cumbres de la Serra do Xistral, se esconde un pueblo en donde el viento se ha llevado las facturas de la luz. Desde hace un año, el Ayuntamiento de Muras, un municipio en el que 668 habitantes conviven con 381 aerogeneradores, financia los recibos eléctricos de los vecinos con los impuestos que cobra a las empresas que, como Acciona, Iberdrola o Norvento, explotan los 20 parques eólicos enclavados en su territorio. “Es una cuestión de justicia social”, defiende el alcalde, Manuel Requeijo, del Bloque Nacionalista Galego (BNG). “Hasta ahora los beneficios de producir esta energía no repercutían para nada en los vecinos pese a que son los que sufren el ruido y el impacto visual de los molinos; iban solo para las eléctricas, que ni siquiera tienen sede fiscal en Galicia”.

Desde 2016 todo empadronado en Muras tiene derecho a pedir la ayuda para abonar su consumo doméstico de luz, una categoría que en este municipio rural incluye el gasto eléctrico de las explotaciones ganaderas o los bares, siempre que compartan contador con la vivienda. El Ayuntamiento financia entre el 100% y el 70% de la factura. La cobertura total, con un tope de 500 euros anuales, la reciben las familias con rentas inferiores a 9.500 euros al año.

En este pueblo envejecido, donde seis de cada diez habitantes ya ha cumplido los 65 años y sobrevive con pensiones muy bajas, la mayor parte de las 175 familias que han solicitado la ayuda disfrutan de luz gratuita o pagan solo el 10% del recibo. “Vecinos que dijeron que no necesitaban la ayuda han acabado pidiéndola por lo mucho que ha subido la factura eléctrica, un 80% en los últimos diez años”, explica el alcalde.

Las montañas de Muras se llenaron de aerogeneradores desde mediados de la década de los noventa. Las eléctricas vieron un filón en los fuertes vientos que barren este pequeño municipio de subsistencia agroganadera. Animados por las Administraciones, relatan desde el gobierno local, los vecinos vendieron a las empresas las tierras donde se plantaron los aerogeneradores a 0,20 euros el metro cuadrado. “Les decían que esas tierras no valían nada y ni siquiera les hablaron de alquilarlas para generar al menos una renta”, lamenta Requeijo.

La menguante población de Muras vio cómo los molinos sí se reproducían a gran velocidad. Se levantaron 381 torres, algunas a apenas 400 metros de las casas, pero el progreso energético esquivó las aldeas y solo llegó a los parques eólicos. Germán, el único habitante que queda en el lugar de Baxín, empezó a disfrutar de abastecimiento eléctrico en su casa hace solo unos meses. Como el caso de este octogenario no es el único, el Ayuntamiento también está destinando parte de lo que recauda en impuestos entre las eléctricas a llevar el tendido eléctrico a todos los núcleos habitados del municipio, un objetivo que espera completar este año, dos décadas después de la instalación del primer aerogenerador.

José María Chao, ganadero de la aldea de Xestosa, se ha sacudido el agobio de trabajar sin perder de vista el contador. Hasta hace poco no solo pagaba el suministro de la granja en la que vive sino que, junto a los 15 vecinos del núcleo en el que reside, tenía que abonar también el consumo de las farolas exteriores. Ahora solo paga un 10% del recibo de su casa y la instalación de alumbrado público en Xestosa está ya en marcha. “Ha sido un alivio”, confiesa. “Nunca imaginamos que recibiríamos algún beneficio de los aerogeneradores que nos rodean”. “Y es para todos los vecinos sin distinción”, remata José Manuel Felpeto, otro beneficiario de la ayuda.

En las arcas locales de Muras, una localidad con un presupuesto municipal para 2017 de 1,7 millones de euros, entran cada año cerca de 1,5 millones procedentes del negocio del viento. 900.000 euros se ingresan por el IBI y el IAE que se cobra a las eólicas y 535.000 euros se obtienen del Fondo de Compensación Medioambiental que la Xunta nutre con el canon que pagan en Galicia las eólicas. De este dinero, 130.000 euros se destinarán este año a financiar el recibo de la luz de los vecinos.

El dinero no es lo que le quita el sueño al Ayuntamiento de Muras, que sí se muestra muy preocupado, sin embargo, por asentar población y frenar el éxodo rural. La Xunta ya ha amenazado con cerrar el colegio porque solo hay diez niños matriculados y, aunque el gobierno local se ha ofrecido a mantenerlo abierto con sus propios fondos, la Administración autonómica niega esta posibilidad alegando que se invadirían sus competencias.

Las ayudas municipales para pagar la factura eléctrica han atraído a familias interesadas en instalarse en Muras, pero la falta de puestos de trabajo y viviendas en condiciones han impedido que la mudanza se materializase. “Hemos abierto una pequeña puerta, al menos para debatir sobre otras maneras de hacer las cosas”, concluye el regidor.