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La Bolsa china vuelve a caer pese a la estabilización de su moneda

Los mercados de valores de Shanghái y Shenzen caen un 5,3% y un 6,6%, respectivamente

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Los mercados chinos registraron este lunes su enésimo batacazo de las últimas semanas ante una nueva oleada de desconfianza sobre la marcha de su economía. El índice de Shanghái cerró con pérdidas del 5,33% y el de Shenzhen se desplomó un 6,6%, pese a la ligera apreciación del yuan, tras meses de caídas continuadas. La devaluación de la divisa china y su potencial efecto desencadenante de una guerra de divisas es una de las principales preocupaciones de los inversores.

Los dos principales parqués del país mostraron sus cartas desde primera hora de la jornada. Ambos abrieron la sesión en terreno negativo, con caídas de entre el 2% y el 3%, pero la tendencia se aceleró durante los últimos minutos de la sesión. Una vez más, los pequeños inversores —que, a diferencia de lo que ocurre en otros índices mundiales, representan la mayor parte del volumen de negocio— empezaron a deshacerse de sus títulos al ver que la tendencia a la baja no se frenaba, lo que provocó la nueva estampida.

Este fin de semana se conoció que el índice de precios al productor cayó un 5,9% en diciembre, con lo que ya acumula un récord de 46 meses consecutivos a la baja. Pese a que el IPC chino repuntó levemente en el mismo mes, el dato aumenta los temores deflacionistas en un momento de debilidad generalizada de los precios en medio mundo por el fuerte abaratamiento del crudo.

Los inversores también mostraron su preocupación por el comportamiento de la moneda china, cuyo valor frente al dólar ha caído de forma progresiva en los últimos meses. Este lunes, el banco central chino frenó momentáneamente su caída y elevó ligeramente su tasa de referencia de cambio. Pero los inversores, desconcertados por la ausencia de un plan a largo plazo de las autoridades para su moneda, no percibieron el movimiento como una buena noticia.

El año pasado, el yuan se dejó casi un 5% frente al dólar estadounidense y en lo que va de año cae un 1,5% adicional. La depreciación iniciada en agosto es, a la vista de muchos inversores, un intento de Pekín por recuperar competitividad en sus exportaciones —el precio de los productos vendidos en el exterior cae en la misma proporción en la que las autoridades chinas devalúan el yuan— y ha hecho sonar todas las alarmas por su potencial para desatar una guerra de divisas en toda la región.

Un inicio de 2016 convulso

La semana pasada, las Bolsas chinas fueron testigo de dos fuertes desplomes que hicieron resurgir los temores a un nuevo episodio como el del pasado verano, cuando estalló la burbuja alimentada durante meses. Como entonces, las Bolsas mundiales se resintieron de los vaivenes en la renta variable china, que a pesar de no estar tan conectado como otros con la economía real, acrecentó las dudas sobre la salud económica de un país que representa más de la décima parte del PIB mundial y que crece a su ritmo más bajo en más de dos décadas. Pekín, sobre cuyas cifras siempre pesa un manto de duda, pronostica un 6,8% para el año en curso.

Tras varios cambios regulatorios y mensajes de calma, las autoridades parecían haber logrado apaciguar a los inversores, pero la jornada de este lunes volvió a demostrar que las dudas sobre la capacidad de gestión de las autoridades siguen estando más presentes que nunca.

En solo seis sesiones, Shanghái se ha dejado un 15% de su valor y Shenzhen, donde cotizan las firmas tecnológicas, el batacazo roza el 20%. Ambos arrastraron al conjunto de los índices de países emergentes, que tocaron este lunes su nivel más bajo desde 2010, en pleno cataclismo financiero global y que han vivido su peor inicio de año en casi tres décadas. “Tras las turbulencias financieras en China se esconde una crisis de crédito”, alerta George Magnus, economista de la Universidad de Oxford especializado en China, en declaraciones a Bloomberg. “El futuro es mucho más sombrío. Ahora mismo espero lo peor”.

El crudo cae más de un 6% y retrocede a niveles de 2004

La percepción de creciente debilidad de la economía china y la fortaleza del dólar empujaron ayer al barril de crudo brent por debajo de los 32 dólares, su nivel más bajo en 12 años, tras caer más de un 6% en la sesión. En lo que va de año, la referencia petrolera para el continente europeo cae un 16%, cifra que asciende al 73% desde mediados de 2014, cuando empezó el desplome. Los gestores de activos de todo el mundo han reducido sus posiciones largas sobre el petróleo —aquellas que apuestan al encarecimiento de un activo— hasta su nivel más bajo en un lustro, según datos recopilados por Bloomberg.

En este contexto de prolongada caída de precios por el desequilibrio entre una oferta mundial en continuo aumento y una demanda que no termina de despegar, el banco de inversión Morgan Stanley se sumó ayer a Goldman Sachs en su pronóstico de que el crudo caerá hasta los 20 dólares por barril si se mantiene la apreciación del dólar frente al resto de divisas internacionales. Según sus cálculos, por cada cinco céntimos de apreciación del dólar respecto al euro, el brent debería abaratarse entre un 10% y un 25%. Este lunes, la moneda estadounidense se encareció un 0,3% respecto a su par europeo, una variación nada desdeñable en el mercado de divisas.

El petróleo —en cuya cotización no ha pasado factura el aumento de la tensión entre Arabia Saudí e Irán, como muchos analistas predecían— no es la única materia prima en caída libre. El índice de Bloomberg que refleja la evolución de los principales productos primarios —desde el cobre hasta la soja pasando por el gas natural o el café— se dejó ayer más de un 2% y acumula un descenso del 27% en los últimos 12 meses. De la sacudida se libra, por su condición de valor refugio, el oro, que gana un 3% desde el 1 de enero.

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