Cunden los recelos sobre los datos estadísticos que ofrece Pekín

Los analistas ponen en duda que China crezca al 7%, como dicen las autoridades chinas

A pesar de las turbulencias en sus mercados financieros y las dificultades de su sector industrial, con toda probabilidad China ha cerrado 2015 creciendo en torno al 7%, un dato cercano al augurado por las autoridades. Que las cifras definitivas acaben casi siempre coincidiendo con las previsiones oficiales hace resurgir el escepticismo sobre si hay algo de cocina detrás o si directamente son falsos. Ayer se supo que los precios subieron un 1,6% el año pasado.

Varios servicios de estudios sostienen que el crecimiento de China es entre uno y tres puntos porcentuales menor de lo que se publica. Los analistas de Citigroup, por ejemplo, defienden que la tasa real está alrededor del 4% y consideran que los datos del Gobierno son “mendaces”. Otros, como la consultora Capital Economics, creen que el crecimiento del PIB está inflado, pero no por motivos políticos sino técnicos.

Su tesis es que China calcula mal el deflactor del PIB, un índice que elimina el efecto de los precios en el crecimiento económico y que marca la diferencia entre el aumento nominal (con inflación) y real (sin ella). Estos economistas explican que China tiene en cuenta la variación del precio de las importaciones —lo que no debería suceder porque el PIB se refiere a los bienes producidos dentro del país—, por lo que la inflación se exagera cuando las compras en el exterior se encarecen y se subestima cuando se abaratan.

“No solo es un problema de subestimar la inflación, es que varias de las cifras que publican simplemente no suman”, señala Christopher Balding, de la escuela de negocios HSBC de la Universidad de Pekín. “¿Cómo puede ser, por ejemplo, que el crecimiento de las ventas al por menor sea de un 11%, si cuando miras por categorías de productos como comida, ropa o zapatos la tasa esté entre el 1% y el 3%? Nadie lo sabe”.

Zhao Yang, economista jefe de Nomura para China, no piensa que los datos estén manipulados y recuerda que hasta septiembre hubo un crecimiento anormal “de unas tres o cuatro décimas más” por la burbuja que se formó en las Bolsas, que repercutió en jugosas ganancias al sector financiero. “Sin este aporte extra, el PIB chino habría aumentado entre un 6,4% ó 6,5%, bastante menos que el 7,3% del año pasado, lo que es consistente con otros indicadores”.

Ambos expertos reconocen que hay problemas con los gobiernos locales y las oficinas provinciales de estadísticas: al sumar el PIB de las provincias da una cifra más alta que el total nacional.

Por otro lado, está el manejo de la tasa de crecimiento por motivos políticos. Según publicó el periódico China Daily, varios altos cargos de provincias nororientales admitieron que en los últimos años falsificaron datos de forma sistemática.

Dependencia estadística

Por ejemplo, la provincia de Heilongjiang registró en 2012 una tasa de crecimiento del 10%, mientras que hasta septiembre 2015 la cifra fue del 5,5%. Más grave es el caso de Liaoning, que ha pasado del 9,5% al 2,7%. En China, los funcionarios son evaluados de acuerdo con el rendimiento económico de las regiones que administran. De un buen dato de crecimiento pueden depender más recursos, aumentos de sueldo o posibilidades de ascenso.

El secretario del Partido Comunista en Liaoning desde 2004 hasta 2007 aseguró que las cifras sobre el PIB eran “poco fiables” y “artificiales”, por lo que prefería medir la economía con indicadores como el crédito, la producción de electricidad o el volumen de mercancías transportadas por tren. Este alto cargo es Li Keqiang, ahora primer ministro.

Ante el escepticismo, Pekín decidió en 2015 adecuar su contabilidad al estándar del FMI para disipar las dudas de analistas, gobiernos e inversores de todo el mundo que le escrutan cada vez más.

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