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Guindos asegura que el ahorro en la deuda compensa las pérdidas del rescate

El Gobierno cambia el mensaje y admite que la ayuda ha tenido coste para el contribuyente

Defiende que se ha reducido en 14.000 millones el gasto en intereses por la reestructuración

El ministro de Economía, Luis de Guindos. EFE

Que la reestructuración de la banca no iba a costar un euro a los contribuyentes es una idea ya superada por los acontecimientos: de los más de 50.000 millones de euros públicos inyectados de forma directa (sin cortar garantías ni avales), ya hay 26.000 perdidos irremisiblemente y certidumbre de que esta factura subirá. Pero el Gobierno ha cambiado de argumento con respecto al rescate bancario y ya no defiende que no se perderá dinero, sino que señala que el rescate bancario ha sido lo que ha permitido a España pagar menos por la deuda. Es lo que señaló ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, y que reforzaron ayer otras fuentes del Ministerio. Sin embargo, la rebaja de los tipos de interés de la deuda ha sido similar o mayor en otros países como Italia, Portugal e incluso Grecia y ha ido más vinculada a las decisiones del Banco Central Europeo (BCE).

“Una crisis bancaria es muy dolorosa y debe gestionarse lo mejor y más rápidamente posible”, si bien “al final estas crisis bancarias tienen costes”, señalaron desde Economía. El lunes se supo que la venta de la nacionalizada Catalunya Banc al BBVA llevará la pérdida de prácticamente todo lo inyectado: unos 12.000 millones.

Guindos aseguró en 2012, en línea con el mensaje defendido por el Gobierno, que los contribuyentes no iban a poner “ni un euro en la reestructuración” de la banca. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría compartía ese mensaje hace dos años tras el Consejo de Ministros de aquel 31 de agosto: “Se hace, además, con un objetivo (termino con este colofón, porque es de los más importantes), básico y fundamental: que no cueste un euro al contribuyente”. Pero ayer Guindos resaltó que con el salvamento a la banca se ha evitado un rescate total del país y el Estado ha podido financiarse en mejores condiciones, lo que en opinión del ministro reduce lo perdido en la ayuda a las entidades. “El tema de los cálculos hay que hacerlo globalmente, esto es como las balanzas fiscales, vamos a tener en cuenta todos los factores y hacer un análisis global”, dijo Guindos ayer en la Cadena SER.

El Gobierno cifra el ahorro logrado por el Estado en los intereses que paga por su deuda en 14.000 millones, utilizando para la comparación la situación de junio de 2012, cuando España pagaba los intereses más altos, precisamente después de pedir el rescate bancario. Además, fuentes de Economía señalan que el ahorro en dos años de emisiones respecto a lo que se hubiese pagado con aquellos altos intereses alcanzaría los 40.0000 millones. “Y eso es impacto directo al contribuyente”, señalan desde el Ministerio.

“¿Sabe usted cuándo nos hemos ahorrado de intereses de la deuda pública como consecuencia de la restructuración bancaria y de la normalización de las condiciones? Pues prácticamente está en el entorno de los 14.000 millones”, coincidió Guindos. El Gobierno compara el gasto en intereses con lo presupuestado, pero los presupuestos siempre se hacen con un colchón en el capítulo de gastos financieros. Incluso en 2011, con el estallido de la crisis del euro, se ahorró dinero frente a lo presupuestado. El gasto total en intereses no ha dejado de subir cada año por la mayor deuda.

Antes de que estallase la crisis de Bankia y España pidiese el rescate, el Estado se estaba financiando con relativa normalidad, en parte también gracias a la inyección de liquidez a largo plazo por parte del BCE. En el primer trimestre de 2012, el Tesoro captó sin problema 61.000 millones, mucho más que lo que necesitó luego en el rescate a la banca. Pero entonces la tesis oficial era que apenas haría falta dinero público.

Luego, la alarma por la forma en que se gestionó la crisis de Bankia (en la primera intervención bancaria de la historia reciente comandada por el Gobierno y no por el Banco de España), el fracaso del primer decreto Guindos, el retraso en la presentación de los presupuestos, la fuga de capitales récord y la petición de rescate estigmatizaron a España. El bono a 10 años llegó a pagar entonces un interés del 7,5% (hoy paga el 2,5%). Y la prima de riesgo española (diferencial que se paga respecto a los bonos alemanes), que era inferior a la italiana en cerca de 200 puntos básicos cuando el PP llegó al Gobierno, pasó a ser 100 puntos superior en unos meses. Guindos compara con ese momento extremo, provocado en parte por decisiones del propio Gobierno y por la crisis del euro.

Los analistas coinciden en señalar que el punto de inflexión de la crisis del euro fue la advertencia realizada en verano de 2012 por Mario Draghi, presidente del BCE, de que el instituto emisor estaba dispuesto a hacer todo “lo necesario para sostener el euro”, según su célebre frase. Fruto del cambio de política del BCE y las reformas, la prima de Italia ha bajado con la misma intensidad que la española. Y en Italia no ha habido rescate a la banca. Y en países como Portugal o Grecia, la rebaja ha sido mucho mayor.

Guindos también dijo ayer que “en 2012 era imposible que los bancos españoles se financiaran fuera, de una forma injusta, porque los problemas solo afectaban a una parte del mismo”. Sin embargo, el hundimiento en Bolsa y la rebaja de calificación de los grandes bancos se produjo tras esa reforma financiera.

El Ejecutivo señala otros efectos positivos del rescate europeo a la banca española, y es que forzó a una “disciplina adicional”. “Sin esa presión externa cosas como la reforma de las cajas de ahorros hubiesen sido más difíciles”.

Ahora, los españoles aún tienen un préstamo de 40.000 millones que pagar a Europa y habría que vender las nacionalizadas pendientes —Bankia y BMN— con plusvalías para recuperar el resto del dinero inyectado. Economía no se atreve ya a hacer pronósticos: “No descarto nada, es mejor esperar el mejor momento del mercado para maximizar el valor”, señalan desde el departamento de Guindos, si bien insisten: “Hay que pensar en el efecto global beneficioso, no solo en el análisis global de las ayudas”.

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