La presión de los grandes impuestos llega a niveles récord en una década

El tipo efectivo medio de los principales tributos sube del 12,4% al 14% en tres años

Los nuevos recargos y el descenso de las bases imponibles prolongan la escalada a 2013

Los impuestos son cada vez más altos y las rentas de familias y empresas encogen año a año. La crisis erosiona los beneficios de las compañías y los recursos de los hogares, golpeados por el paro y los recortes salariales. La crisis también catapultó el déficit público. Para combatirlo, además de cortar gasto, los Ejecutivos socialista y popular aprobaron sucesivas subidas de impuestos desde 2010. El resultado es un alza de la presión de los grandes tributos sin precedentes en democracia.

Según el último informe anual de recaudación de la Agencia Tributaria, el tipo medio efectivo de las cuatro grandes figuras tributarias (IRPF, IVA, impuesto de sociedades e impuestos especiales) escaló en 2012 al 14% de las bases imponibles, un nivel récord en una década, muy similar al registrado en 2005 y 2006. La diferencia estriba en que ahora se partía de una presión mucho menor: solo tres años atrás, en 2009, el tipo medio efectivo de estos cuatro grandes impuestos había tocado suelo, al situarse en el 12,4%, un mínimo en la historia reciente.

Hasta la crisis financiera, la presión de los grandes tributos se desinflaba, recorría el camino inverso al que ha tomado ahora

El tipo efectivo es el resultado de comparar la base imponible del impuesto con lo que finalmente paga el contribuyente a Hacienda. La aplicación de deducciones y exenciones hace que sea sensiblemente inferior al tipo teórico. El caso más extremo es del impuesto de sociedades: las desgravaciones aplicadas a los resultados contables para definir la base imponible y las deducciones en la cuota (lo que deberían pagar) permitieron a las grandes corporaciones pagar solo un 3,5% —muchas, ni eso—, de los beneficios en 2011. El tipo teórico es del 30%.

Fuente: Agencia Tributaria. / EL PAÍS

Hasta la crisis financiera, la presión de los grandes tributos se desinflaba, recorría el camino inverso al que ha tomado ahora. La bonanza expandía las bases imponibles (crecían las rentas familiares, más aún las empresariales, y también lo hacía el gasto privado) que gravan los impuestos. Además, en la primera legislatura del Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, se bajaron los tipos teóricos del impuesto sobre la renta, se estableció una tarifa aparte para gravar el ahorro, y se redujo por primera vez el tipo teórico del impuesto de sociedades (del 35% al 30%), sin apenas tocar el generoso esquema de deducciones del que se beneficiaban las grandes empresas.

El resultado fue un acusado descenso de la presión tributaria, que se prorrogó hasta 2009, cuando el Gobierno socialista, siguiendo las recomendaciones del G-20, trató de relanzar economía con estímulos fiscales, como la deducción de los 400 euros en el IRPF.

La política fiscal dio un giro radical en mayo de 2010 cuando, ante las dudas crecientes de los inversores financieros, que forzaron el primer rescate a Grecia, Zapatero aprobó una radical subida de impuestos. No solo aumentó el IVA (del 16% al 18%), algunos impuestos especiales (al tabaco y a los carburantes) o, ya en 2011, el IRPF (del 43% al 45% el tipo máximo). También desactivó los estímulos fiscales que había puesto en marcha. Eso hizo que el salto de 2010, fuese aún más acusado que el de 2012, el primer año del Ejecutivo del PP.

La política fiscal dio un giro radical en mayo de 2010 cuando, ante las dudas crecientes de los inversores, Zapatero aprobó una radical subida de impuestos

Porque las subidas de impuestos de la Administración de Rajoy han sido aún más intensas. El tipo máximo del IRPF ha pasado del 45% al 52%; el IVA, del 18% al 21% y además ha pasado la tijera por las desgravaciones que disfrutaban las grandes empresas en el impuesto de sociedades.

Los recargos tributarios caen sobre familias y empresas en el peor momento. Es la consecuencia de intentar someter el déficit público, un objetivo al que el Gobierno da prioridad, en plena recesión. Con la ayuda del compromiso del BCE, la prima de riesgo española se ha moderado de forma sensible (de 636 a 248 puntos básicos en un año), pero la economía doméstica no deja de sufrir.

El cuadro de las subidas de impuestos está incompleto. Porque está por ver el impacto durante un ejercicio completo del alza del IVA (en 2012 solo se aplicó en el último cuatrimestre). Y porque este año entran en vigor más recargos fiscales, desde la tasa a los premios de Lotería a subidas en los impuestos al alcohol y tabaco, o recortes adicionales a las deducciones para grandes empresas. Con las bases imponibles aún a la baja según la previsión de Hacienda, la presión tributaria subirá otro peldaño en 2013. Aunque no llegará al nivel de los años ochenta del siglo pasado, cuando el tipo máximo del IRPF rondaba el 65%.

 

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