El crédito a las empresas se desploma un 27% desde los máximos de 2009

El préstamo de la banca a las sociedades se desploma a 691.481 millones

La deuda de las familias continúa a la baja y cae a un mínimo desde 2007

Los hogares tenían pendiente de devolver a la banca 811.969 millones

El crédito concedido por la banca española a las empresas se ha desplomado un 27% desde los máximos de 2009 hasta mayo, según ha publicado el Banco de España, cuya estadística no solo constata que el grifo del crédito sigue cerrado un año después del rescate, sino que además se agravan las restricciones a la financiación.

Según el supervisor, el saldo vivo del crédito, que equivale al dinero pendiente de devolver, cayó a 691.481 millones en mayo. Esta cifra es un 15% inferior a la del mismo mes de 2012 mientras, en términos de flujo de efectivo, que compara los niveles del crédito en función de la variación neta de los activos y que es la que utiliza el Banco de España, el recorte es del 9,7%. La variación se calcula de la siguiente manera: en el numerador, la suma del flujo efectivo de préstamos en los últimos 12 meses y que se calcula como variación del saldo vivo menos saneamientos y ajustes por tipo de cambio; y en el denominador, el total del saldo vivo de los préstamos que han concedido a las sociedades no financieras y préstamos titulizados fuera del balance y transferidos a la Sareb.

El descenso, independientemente de cómo se mida, supone una caída sin igual en toda la serie histórica, que arranca en 1995. La concesión de hipotecas a las familias, de su lado, también está sufriendo los mayores retrocesos que se recogen la estadística. El total de la financiación a los hogares está, además, en su nivel más bajo desde antes del estallido de la burbuja, en 2007, con 811.969 millones.

El problema es que, tal y como recuerdan los expertos, hasta que el crédito no toque fondo y se reactive el préstamo, la recuperación no alcanzará la necesaria velocidad de crucero que precisa para dejar atrás la crisis.

Las razones que están detrás del desplome están en que “los problemas de fondo —del sector financiero— no se están solucionando”, afirma Paula Papp, analista de AFI, que pone el énfasis en que ahora se controlan mucho más los riesgos y, por tanto, los requisitos para acceder al crédito son mucho más altos. Esta aversión al riesgo, continúa, parte del hecho de que una vez superadas las tensiones de liquidez, persisten las dificultades de las entidades para reforzar su capital. Esto es, su solvencia.

En este apartado del capital, tanto Papp como María Jesús Fernández, del Gabinete de Coyuntura de Funcas, llaman la atención sobre el problema añadido de los cambios normativos. “Como decía Isidro Fainé —presidente de Caixabank— hace pocos días, a cada poco hay nuevas exigencias legales que suponen aumentar las provisiones”, advierte Fernández en relación con la reciente modificación sobre refinanciaciones. Y si hay que aumentar las provisiones, añade, “habrá menos recursos para prestar”. También, si prestas menos, rebajas las necesidades de capital exigidas.

En cualquier caso, el recorte del crédito es, asimismo, una imposición de Bruselas. Entre las condiciones del rescate, explica Fernández, estaba la de que las entidades nacionalizadas reduzcan tamaño, algo para lo que la vía directa es recortar el crédito.

Con vistas al futuro, los expertos no esperan un cambio rápido de tendencia por mucho que la reciente publicidad del fondo estatal de rescate (FROB) asegurase que “ha llegado el momento de abrir el grifo”. “El conjunto del crédito tiene que disminuir, aunque esto no significa que haya que hacer algo y reconducir la financiación a la demanda solvente”, advierte Santiago Carbó, catedrático de la Bangor Business School y economistas de Funcas, que también pone bajo el foco que el precio del crédito ha aumentado. "La recuperación del crédito no está a la vuelta de la esquina ni tan cerca como nos hacen pensar", advierte.

“En un contexto de elevadas tasas de morosidad, la banca tiene una menor disposición a asumir riesgos. Lógicamente, el apetito por el riesgo tiende a aumentar en las fases expansivas y a disminuir en las fases recesivas del ciclo económico”, afirma en este sentido Manuel Illueca, profesor de Economía de la Universidad Jaume I e IVIE. En su opinión, “el menor apetito por el riesgo se traslada también a las empresas” y muchas sociedades solventes “prefieren renunciar al crédito para exponerse menos a los posibles shocks de demanda”.

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