La economía de la zona euro cae un 0,1% y entra en recesión en el tercer trimestre

El retroceso entre abril y junio había sido del 0,2%

El conjunto de los Veintisiete crece un 0,1%

Fuente: Eurostat / El País

Ni siquiera el diluvio duró toda la eternidad, pero van cinco años de tormenta (con la crisis convertida en principio activo de la economía, en método de gobierno, en enfermedad crónica) y en Europa vuelve a llover. La eurozona entró este jueves oficialmente en recesión: en una segunda recesión, tras la experimentada en 2009, esta vez prácticamente autoinfligida por la purga de austeridad que barre el continente de arriba abajo. El PIB de las 17 economías del euro cayó el 0,1% en el tercer trimestre. En verano ya había entrado en terreno negativo (-0,2%), por lo que a pesar de que los números no son alarmantes –al menos en conjunto, y siempre que se deje de lado un desempleo que tiene pinta de depresión social en el Sur—, ya se puede hablar técnicamente de recesión con los manuales de economía en la mano. Van dos trimestres consecutivos de caídas del PIB, pero esto acaba de empezar: Europa no consigue encontrar un equilibrio entre austeridad y crecimiento y los analistas vaticinan que lo peor está por venir.

Berlín no piensa en un viraje de política económica: hace apenas unos días anunció recortes

El economista Milton Friedman, fallecido en 2006, decía que la prueba del algodón para una teoría es que explique mucho con muy poco. Berlín, de la mano de Bruselas, impuso hace ahora dos años y medio un modelo de política económica basado en dar carta de naturaleza a la austeridad: con esa cura de adelgazamiento, metida con calzador en las constituciones y en los Tratados, la eurozona tenía que salir del mar de los sargazos de la crisis fiscal, dejar atrás años de excesos y salir fortalecido para volver a crecer como antaño. Se adoptó el método alemán de frenar frente al de acelerar —frente a la política aplicada por EE UU y hasta entonces por Europa para evitar una depresión— y se sacralizaron las políticas antidéficit. ¿Resultado? “Europa está entrando en una segunda Gran Recesión autoprovocada”, explicó este jueves Paul De Grauwe, de la London School of Economics. De momento, la crisis va por barrios: Francia y Alemania resisten aún con avances anémicos, pero la grave recesión que afecta a la periferia lastra los resultados del bloque, según los datos de Eurostat.

Francia y Alemania respiran, pero con dificultad

MIGUEL MORA

Los datos oficiales de Alemania y Francia, dados a conocer este jueves, demuestran que las dos mayores economías de la zona euro aguantan el tirón a duras penas. París saludó el inesperado crecimiento del 0,2% en el tercer trimestre (tras nueve meses sin crecer) como una bocanada de aire fresco. Es la primera cifra positiva desde hace un año, y el Gobierno socialista se apresuró a presumir de la eficacia de sus políticas, y de “la solidez de la economía y su capacidad de reacción”, según dijo el ministro de Economía, Pierre Moscovici.

En un momento de creciente presión sobre París, cuando muchos analistas y la propia Alemania parecen tener dudas sobre la capacidad reformista de François Hollande, el pequeño avance desmiente las previsiones del Banco de Francia, que pronosticó un estancamiento entre julio y septiembre y que ahora prevé una décima de caída para el último trimestre del año. El repunte se explica por la mejora en el saldo del comercio exterior.

Mientras tanto, Alemania, la locomotora de Europa, da síntomas de ir marcha atrás: el resultado ralentiza el crecimiento de anteriores trimestres (0,5% y 0,3%), y confirma lo vaticinado por los analistas, que piensan que el PIB alemán se contraerá a finales de año.

Berlín no piensa en un viraje de política económica: hace apenas unos días anunció recortes, a pesar de que el Gobierno de Angela Merkel es uno de los pocos que podría permitirse alguna alegría. París apenas ha defendido el pacto por el crecimiento por el que abogaba el presidente François Hollande antes de llegar al Elíseo. Y Bruselas ni siquiera da la más mínima indicación de un cambio de rumbo. Solo el Fondo Monetario Internacional (FMI) defiende desde hace meses que Europa debería rectificar y compensar los ajustes y reformas del Sur con políticas de estímulo allá donde se pueda. Ocurre que sucede exactamente lo contrario: Holanda, uno de los países más competitivos del euro, acaba de aprobar una nueva ronda de ajustes a pesar de su recesión. El presidente del BCE, Mario Draghi, hizo este jueves un nuevo llamamiento a aplicar “nuevas medidas” ante la “profunda necesidad” de consolidación fiscal y medidas estructurales.

Fue el propio Draghi quien consiguió que la tormenta amainara cuando en julio anunció que el BCE haría todo lo necesario para acabar con la crisis. El veranillo ha durado unos meses, pero el rebote de la economía europea está lejos de producirse, y las tensiones en el mercado vuelven tanto por la dramática situación en Grecia —de nuevo al borde de la suspensión de pagos— como por la incertidumbre relativa al rescate español, con el Gobierno en una duda perenne. Europa sigue siendo el continente de las vacilaciones: la unión bancaria ha encallado y ni siquiera en aspectos relativamente menores, como el presupuesto europeo de los próximos años, los socios consiguen pactar el más mínimo avance.

Lo peor es que no hay indicios de mejora: la Comisión no prevé que la eurozona vuelva a crecer hasta el último trimestre de 2013; España, por cierto, será el último país en dejar atrás la recesión. Tampoco las dos locomotoras de Europa, Alemania y Francia, aguantan el tirón: el Banco de Francia espera que la economía francesa caiga el próximo trimestre, y el crecimiento alemán en otoño “es el último dato positivo para Berlín en los próximos tiempos”, dijo Joerg Kraemer, economista jefe de Commerzbank. Paradójicamente, ese podría ser el principio de fin de la crisis. Los funcionarios de Bruselas, siempre con la boca pequeña, empiezan a decir que solo escampará cuando al recesión llegue a Berlín y la crisis fiscal a París: entonces se pondrá por fin algo de dinero encima de la mesa y la eurozona se dejará de discusiones bizantinas sobre mecanismos, vehículos, paraguas financieros y otras complicadísimas formas de tratar de guarecerse bajo la lluvia.

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