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Bankia: ‘annus horribilis’

El banco cumple su primer año con una caída del 82% y de 5.300 millones de valor en Bolsa

La mala gestión, la salida de Rato y la recesión han hundido la acción

El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato
El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato REUTERS

Lo que pareció su salvación, fue su tumba. Rodrigo Rato, expresidente de Bankia, celebró con cava la salida a Bolsa de la entidad hace un año. Sin embargo, ese día firmaron el final del grupo.

La razón es que para que los inversores compraran acciones de Bankia, los copresidentes Rato y José Luis Olivas, máximo representante de Bancaja, rebajaron su precio hasta los 3,75 euros, con un descuento del 74% sobre su valor contable. Esta depreciación de Bankia, que era la joya de la corona, tuvo consecuencias nefastas para la matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), que era un banco malo lleno de suelo.

Con el paso del tiempo, el auditor Deloitte, exigió que se redujera el patrimonio del BFA en ese 74% de descuento que tenía la filial. La operación dejó sin capital suficiente a BFA. Esta situación fue la espoleta para la salida de Rato el 7 de mayo pasado.

La vida de Bankia en Bolsa es una tristeza, sobre todo tras los problemas con Bancaja, la marcha del presidente y la posterior nacionalización. En un año ha caído un 81,6%, lo que le coloca en el sexto lugar de las peores del parqué en el último año. Este descenso supone una pérdida de valor (capitalización bursátil) de 5.125 millones, toda una fortuna. En la cotización pesa que la entrada de 12.000 millones solicitados a Europa para reflotar Bankia provocará una dilución del 90% a los accionistas actuales.

Un fracaso casi anunciado

Pero no se puede decir que este fiasco fuera una sorpresa. El primer día de cotización, Bankia ya cayó un 6,4%, aunque las compras de los bancos de inversión colocadores (sobre todo JPMorgan) lograron que cerrara al precio de salida.

La presión vendedora fue siempre importante porque muchos clientes y empresas invirtieron tras enormes presiones de las oficinas: “Si quieres un crédito, compra acciones”, llegaron a decir. Incluso las autoridades —entre ellas el Banco de España— forzaron a las grandes compañías, que ahora lamentan su docilidad. Santander, Popular, La Caixa, Mapfre, Iberdrola y Mutua Madrileña fueron algunas de las compradoras. El rechazo más radical fue el del BBVA, que denotaba el escaso entendimiento que siempre hubo entre los presidentes Francisco González y Rodrigo Rato.

La salida de Bankia se convirtió en una cuestión de Estado. Lo admitió el propio expresidente Zapatero y su ministra de Economía, Elena Salgado. Como después sucedió en los primeros meses de 2012, Bankia parecía tener la llave de la solución para los problemas de España. Si salía a cotizar, y Rato puso su prestigio internacional de exgerente del FMI en ello, bajaría la prima de riesgo porque regresaría la confianza internacional. De lo contrario, volvería la tormenta perfecta.

Como tantas veces en esta crisis, el supuesto bálsamo no sirvió de nada. Bankia se colocó y llegó la debacle de la deuda pública de agosto, de la que aún no hemos salido. Todo siguió igual.

Con la facilidad que proporciona la crítica a toro pasado, son muchos los que se preguntan por qué salió Bankia a Bolsa. Los antiguos dirigentes de Bankia sostienen que lo hicieron “por imperativo legal”, es decir, porque el Gobierno de Zapatero dijo que a los que no cotizaran se les exigía un 10% de coeficiente de capital y si lo hacías, un 8%.

Lo cierto es que Rato podía haber pedido el capital público entonces y admitir que la aventura bursátil era una huida hacia la locura. “La entidad ya tenía problemas por la morosidad que estaba saliendo de Bancaja. Se resistieron porque creyeron que defendían el patrimonio de Caja Madrid y las otras cajas que forman el grupo. Pero en julio necesitaban 5.700 millones para cumplir con el 10% de capital y ahora han hecho falta 23.465 millones”, dice un ejecutivo financiero.

¿Señales del fiasco?

Antes del verano Rato era esclavo de su estrategia bursátil. Hasta el punto de que cuando llegaron las pruebas de esfuerzo de la Autoridad Bancaria Europea, el 15 de julio de 2011, se incluyeron los 3.000 millones que captó en Bolsa como ya asumidos. De lo contrario, Bankia no hubiera aprobado las pruebas.

La otra gran cuestión es si hubo señales del fiasco que se avecinaba. Deloitte no puso pegas, sino todo lo contrario, si bien Bankia se reforzó con varios miles de millones de capital antes de cotizar. Julio Segura, presidente de la CNMV, afirma que el folleto de cotización “advertía de todos los peligros; de todo lo que le ha ocurrido, incluso la nacionalización”. Es cierto, aunque los folletos (que los lee muy poca gente) de cualquier cotizada son catálogos de todos los males posibles por lo que pierden su capacidad de asustar.

Pero hubo más señales. En los test se decía, como publicó este periódico, que si la economía iba mal, Bankia sería la entidad española con más pérdidas: 5.090 millones, y la cuarta peor de Europa.

Como recordó Luis Linde, gobernador del Banco de España, todos se dejaron llevar por la euforia. La mayor, la de la banca de inversión. Los gastos de la salida ascendieron a 39,5 millones.

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