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Freno al oro y plata en México

La inversión extranjera en proyectos mineros cae a los niveles más bajos de la última década

Mina de oro en Carrizalillo, en el estado mexicano de Guerrero.
Mina de oro en Carrizalillo, en el estado mexicano de Guerrero. AFP

México ha cautivado al mundo con oro y plata. Lo ha hecho desde hace más de 500 años, cuando los primeros españoles se embelesaron con la riqueza minera del otro lado del Atlántico. Y continúa haciéndolo ahora, con la llegada de cientos de empresas foráneas que hurgan en el subsuelo en busca de metales preciosos. El país deslumbra: primer productor de plata en el planeta y octava potencia de oro. Y apenas se ha explorado un tercio del territorio susceptible de explotación. Sin embargo, la llegada de capitales frescos a la industria ha entrado en un ciclo a la baja. Al cierre de 2016, la inversión extranjera directa en proyectos de oro y plata alcanzó los 277 millones de dólares, uno de sus niveles más bajos desde 2008, cuando logró captar capitales por más de 4.000 millones, según el Ministerio de Economía.

La causa de este desencanto tiene uno de sus principales orígenes en la incertidumbre económica del gigante asiático, China: el primer consumidor de plata y oro del mundo. Aunado a ello, la industria no termina por digerir un alza de impuestos —derivada de una reforma tributaria aplicada desde 2014—, que se ha aderezado con problemas de seguridad y violencia que machacan al país desde hace una década, explica Sergio Almazán, director de la Cámara Minera de México (Camimex), que aglutina al 90% de las empresas del sector. El Gobierno añadió hace cuatro años una tasa del 7,5% sobre los beneficios a la extracción de minerales en 2014, con un suplemento del 0,5% si se trata de metales preciosos. Antes de eso, las mineras solo pagaban un impuesto por el derecho de la concesión, el impuesto sobre la renta, un impuesto que es un impuesto empresarial que lo paga todo el mundo (IETU), y el IVA.

Los capitales foráneos son parte fundamental de la minería mexicana. Desde inicios de los años 90 —cuando el Gobierno abrió a los extranjeros la puerta de esta actividad económica— las empresas no han parado de llegar. Ahora representan más del 40% del sector y operan casi 1.000 proyectos a través de 275 compañías. Los canadienses controlan el 64,5% de estas firmas; le sigue EE UU con un 16,5% y China con un 4,8%. El resto (14,2%) está repartido entre otras sociedades de 16 distintas nacionalidades. Su atención está centrada en el oro y la plata, pues el 63% del total de su trabajo está relacionado con estos metales preciosos.

Crisis en la extracción

La mayoría de estas compañías (un 67% de ellas) está involucrada en proyectos de exploración, que representan el inicio de la cadena productiva, comenta Mario Hernández, especialista en minería para la consultora KPMG. "Allí es donde los recursos no están llegando... la situación es preocupante", recalca. De acuerdo con la Camimex, si no hay condiciones para aumentar los capitales en ese rubro, la producción minera en el país podría estancarse y golpearía a uno de los sectores con mayor arraigo en el país: aporta un 4% al PIB y genera más de 354.000 empleos. "Los recursos se agotarán y las operaciones se irán reduciendo", asegura el organismo gremial. Ya en 2016, México sufrió un primer revés. La producción de oro registró una disminución del 1,7%, con 4,26 millones de onzas (132 toneladas métricas), y un retroceso del 9,2% en la obtención de plata, con 173,9 millones de onzas (5.408 toneladas), según las cifras del Instituto Nacional de Estadística local.

En muy pocas manos

El negocio del oro y la plata en México es de unos pocos. Empresarios nacionales y extranjeros han generado un negocio millonario, cuyo valor de producción en 2016 se aceró a los 7.000 millones de dólares, según Camimex.

Fresnillo, el primer productor de plata en el mundo y uno de los principales extractores de oro en el planeta, es el líder en la tabla. El accionista mayoritario de esta empresa, Alberto Baillères, posee una fortuna de 12.000 millones de dólares, según 'Forbes'. Gran parte de su riqueza se la debe a su firma minera, que junto a la canadiense Goldcorp y Minera Frisco, que pertenece a Carlos Slim (el sexto hombre más rico del mundo, con 70.400 millones de dólares), extrajeron más del 47% del oro de México en 2016.

Las canadienses First Majestic, Panamerican Silver Corp, Agnico Eagle y Torex Gold también han conquistado el mercado mexicano y acumulan ventas cercanas a los 1.000 millones de dólares en conjunto.

El panorama, sin embargo, podría dar un giro, expresa Washington López, gerente de la consultora de análisis financiero Washington Capital. En una industria que se aviva con la incertidumbre, el precio del oro empezó a recuperarse en 2016 y puso fin a una racha de cuatro años de caídas consecutivas. La revalorización dejó el metal en 1.150 dólares por onza, muy lejos de aquellos 1.900 que alcanzaba en septiembre de 2011. El gran impulso fue la elevada zozobra que generó el Brexit, a la cual se unió el relajamiento de la política monetaria en Europa y las dudas sobre el repunte económico en China.

A pesar de que la Reserva Federal de EE UU ha decidido aumentar sus tipos de interés, a finales de 2016 y a lo largo de este año, el precio del oro continúa en ascenso y fluctúa entre los 1.200 y 1.300 dólares por onza. "Donald Trump y sus políticas inquietan al mercado, que busca en los metales un refugio para sus inversiones", dice López. Este escenario podría alentar el ánimo de las mineras, argumenta el experto. Tradicionalmente, las empresas mineras extranjeras que invierten en México obtienen los fondos cotizando en los mercados, con lo cual su disponibilidad de capital depende de la evolución de los precios y las expectativas, comenta el analista. Pero la industria extranjera no se conforma con ello. "Las empresas buscan una disminución de la carga impositiva", afirma Hernández, de KPMG. Pero el fisco local no está dispuesto a perder esta batalla. "En el horizonte no se aprecian cambios", arguye el especialista de KPMG.