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OPINIÓN

Fondos de deuda

El proceso de diversificación del pasivo empresarial está siendo especialmente lento en un país tan bancarizado como España, en el que la financiación corporativa ha estado absolutamente copada por las entidades financieras. Además, la fuerte competencia por el crédito a empresas en la que llevan inmersas las entidades desde hace un tiempo, con condiciones difícilmente sostenibles en un largo plazo, tampoco ayuda a este proceso de desintermediación. Sin embargo, año tras año, siguen creciendo de manera significativa las operaciones protagonizadas por financiadores alternativos a los bancarios, como son los fondos de deuda.

Estos fondos proporcionan financiación a las empresas en formatos muy diversos (deuda de circulante, préstamos senior, subordinados, convertibles y otras múltiples estructuras) y con usos también muy variados, como financiar proyectos de inversión, comprar otras compañías, refinanciar deuda antigua, reestructurar el capital, permitir la salida de accionistas o realizar pagos de dividendos.

Se trata de una financiación más cara que la bancaria, especialmente en el contexto actual de tipos de interés en mínimos, pero que confiere otras ventajas a las empresas. Entre estas destacan su flexibilidad y capacidad de adaptarse a la casuística de cada compañía, la existencia de plazos más largos, la fijación de esquemas de amortización más holgados y adaptados a la tesorería que genere la empresa, la admisión de niveles de apalancamiento más elevados o la agilidad en el estudio y cierre de las operaciones.

Son un eslabón más en ese proceso de desintermediación bancaria tan necesario

Si hasta hace unos años las operaciones de los fondos de deuda en España casi se limitaban a acompañar a entidades de capital riesgo en sus adquisiciones, en los últimos tiempos los fondos han comenzado a trabajar directamente con las compañías. Incluso las propias entidades bancarias, que hasta hace poco miraban con recelo a estos nuevos agentes, comienzan a percibir que los fondos de deuda pueden ser una alternativa complementaria muy valiosa para acceder a segmentos o estructuras que, por perfil de riesgo, no pueden ser realizadas exclusivamente por las entidades.

Por tanto, los fondos de deuda deben ser vistos por las compañías como un complemento a la financiación bancaria y no un sustitutivo, así como una alternativa a los mercados de capitales, cuyo acceso está limitado a empresas de cierta dimensión. Otra visión es considerar la financiación que estos fondos proporcionan como un capital barato, en vez de como una deuda cara, que permite en cualquier caso mantener el control de la compañía por parte de los accionistas, pues estos fondos no participan habitualmente en el capital ni en la gestión de las empresas.

El crecimiento del número de fondos de deuda con oficina en España o con equipo local, clave en el acceso a las empresas, es un reflejo de que esta industria está aquí para quedarse, como sucede en los mercados anglosajones, donde se trata de una figura con profundo arraigo. Aunque su consolidación llevará tiempo en un mercado tan bancarizado como el español, sin duda es un eslabón más en ese proceso de desintermediación bancaria que resulta tan necesario y beneficioso para el tejido empresarial de nuestro país.

Pablo Mañueco e Isabel Gaya son profesores de Afi Escuela de Finanzas Aplicadas