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Estado de alarma en las empresas por el desafío secesionista

Tres de cada cuatro directivos consideran que el pulso en Cataluña perjudica a la economía española

En su ansia por declarar la independencia de Cataluña lo antes posible, el Gobierno de la comunidad autónoma ha adoptado una posición de confrontación directa con el Estado, la ley y gran parte de la sociedad catalana (que, según la última encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió, se opone en un 49,4% a la independencia frente al 41,1% que está a favor). Estas últimas semanas, esta postura ha adquirido tintes autoritarios con la purga de los miembros menos convencidos con el secesionismo del Gabinete y la dimisión del director de la policía autonómica y su sustitución por un independentista a ultranza. Una deriva que preocupa a los empresarios españoles, que lo consideran una de las principales amenazas a una economía que, aprecian ellos, ya ha sorteado tanto la Gran Recesión como la crisis política de 2016. Esta es la principal conclusión de la 50ª edición del Barómetro de Empresas, elaborado por Deloitte para EL PAÍS y en el que han participado directivos de 265 compañías, que suman más de un billón de euros de facturación y dan trabajo a más de 800.000 personas.

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Tres de cada cuatro ejecutivos encuestados (un 74%) afirma que el secesionismo catalán es perjudicial para la economía española. En la propia Cataluña, esa cifra es del 43%. Los empresarios catalanes ya han hecho pública en repetidas ocasiones su incomodidad con el auge independentista, la última de ellas el pasado 25 de mayo, cuando Juan José Brugera, presidente del Círculo de Economía —una de las principales organizaciones patronales— pidió al presidente catalán Carles Puigdemont que acudiese al Congreso de los Diputados a presentar sus propuestas. "Pedimos que la acción de su Govern se acomode en el margen de la ley", solicitó. Puigdemont rechazó la propuesta.

El sector turístico (que representa el 11% del PIB de España y el 12% del de Cataluña) es especialmente crítico con la creciente radicalización del nacionalismo: todos los encuestados coincidieron en que es perjudicial para la economía. Las preocupaciones de los hosteleros no son abstractas: tres de cada cuatro de ellos ven a sus empresas directamente dañadas por el auge del soberanismo. Cataluña fue el principal destino de los turistas internacionales a España en 2016, con 17,4 millones de visitantes.

La preocupación de la industria del turismo con la situación catalana contrasta con su satisfacción y optimismo con la evolución tanto de la economía española como del propio sector. Todos los encuestados sin excepción señalan una mejora, al calor de un 2016 que batió récords de visitantes (más de 75 millones) y cuyo crecimiento no da señales de remitir. Ni siquiera las crecientes presiones políticas en destinos populares como Barcelona, Madrid o San Sebastián pidiendo levantar el pie del acelerador han desanimado al negocio, que en su gran mayoría espera facturar más, contratar más e invertir más durante la segunda mitad del año.

En la cabeza de muchos empresarios catalanes está el temor a que se repita la situación vivida en Canadá en los años setenta, cuando Montreal —históricamente la capital económica del país— perdió su preponderancia ante Toronto por el auge del nacionalismo quebequense. Según la empresa Axesor, en los primeros tres meses de 2017 222 empresas catalanas cambiaron su domicilio social a otro de fuera de la región, 34 empresas más de las que se instalaron; sin embargo, en muchos casos el motivo expreso fue buscar una fiscalidad más favorable. Otras firmas, como la farmacéutica Almirall y la textil Pronovias, declararon públicamente haber preparado medidas de contingencia en caso de secesión, que, en algunos casos, incluyen trasladar la sede.

En el fondo, hay entre los directivos un temor a una declaración unilateral de independencia que, como ya advirtió la semana pasada el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, expulsaría automáticamente a la nueva entidad de la Unión Europea. "Cataluña no puede estar ni por un momento, ni por un segundo, fuera de Europa", señaló a principios de este mes Miquel Valls, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, al canal de noticias 3/24.

Vídeo: el escenario catalán, copado por el referéndum.

Pese a todo, el auge independentista y sus implicaciones no perjudican la buena percepción que los directivos tienen de la economía española en general, una imagen respaldada por las cifras macroeconómicas. El PIB lleva 15 meses de crecimiento continuo y, según el FMI, aumentará un 2,6% este año (el Banco de España es más optimista y prevé un alza aún mayor, del 3,1%) para superar, al fin, su nivel de 2008. Además, los resultados en varias elecciones europeas (especialmente las de Francia, principal socio comercial de España) han aclarado el panorama del futuro de la Unión Europea.

No es de extrañar, entonces, que ocho de cada diez directivos encuestados afirmen que la economía mejoró en la primera mitad del año, la segunda mejor cifra de la última década y por encima de las propias previsiones de los empresarios seis meses antes. Aun cuando se les pregunta por sus propias áreas de negocio —cuando suelen ser más cautos— la confianza sigue siendo muy sólida. Casi siete de cada diez directivos esperan facturar más durante la segunda mitad del año, y casi el mismo número tiene intención de aumentar la inversión en ese periodo.

Crece la confianza

Esto coincide con el Índice de Confianza Empresarial Armonizado del INE, que cerró en julio su mayor incremento en dos años; también confirma que, a ojos de los directivos, España ya ha superado decisivamente el bache que supusieron las dos elecciones seguidas (en diciembre de 2015 y junio de 2016) y el largo y turbulento proceso de formación de Gobierno.

Todo esto tiene su reflejo en el empleo, que sigue siendo la gran asignatura pendiente de la economía española. El 44% de los empresarios encuestados afirmó haber ampliado plantilla en los últimos seis meses, sobre todo para incrementar la producción y la cartera de servicios. Desde principios de año, el paro registrado se ha reducido en 400.000 personas. Pero mucho del trabajo creado es temporal y de baja calidad, algo que se demostró el pasado 30 de junio, cuando terminaron a la vez casi 260.000 contratos laborales. Y los sectores donde más empresarios han afirmado haber aumentado plantilla son industrias que utilizan mano de obra de forma intensiva, como la hostelería, la distribución y los transportes.

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