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El lento viaje del tren extremeño al siglo XXI

Extremadura cuenta con uno de los peores trenes de España, con traviesas de madera del siglo XIX y con un aislamiento tras la supresión de varias líneas que complica la vida de sus ciudadanos

Renfe Extremadura
Estación de tren de Hervas, Cáceres, cerrada en 1985. Futura vía verde para ciclistas y senderistas.

Las vecinas de Badajoz F.M, de 45 años, y su madre M.G, de 72, compraron dos billetes de tren para ir a Madrid el jueves 13 de julio con salida a las 7.00 de la mañana. “Primero nos llevaron en autobús hasta Mérida porque el tren estaba estropeado y a 30 kilómetros de Madrid hubo un incendio en el vagón. Estuvimos tiradas al sol [junto a 88 pasajeros] durante más de dos horas hasta que vino el otro tren de sustitución". Llegaron a la estación de Atocha casi a las cuatro de la tarde, con un retraso de tres horas. "Con tanto estrés, mi madre se cayó al bajar del vagón y terminamos el viaje en el Hospital Gregorio Marañón. Quiero un tren de verdad, no quiero arriesgar mi vida cada vez que lo cojo”, dice F.M.

Su viaje fue una odisea y muestra la cara más trágica del estado del ferrocarril en Extremadura. Llegar a Madrid es un drama. Solo en los últimos 20 días se han producido 18 incidencias graves: retrasos de hasta cuatro horas, cancelaciones, averías, viajes en autobús, suspensión de líneas… Si quiere visitar mañana Badajoz en tren desde Madrid—o al revés realizará en el mejor de los casos 11 paradas y tardará cinco horas y 22 minutos. En autobús, cinco. En coche, cuatro. 

El tren en el que viajaban las dos extremeñas el pasado 13 de julio durante el momento de la evacuación.
El tren en el que viajaban las dos extremeñas el pasado 13 de julio durante el momento de la evacuación.

“No tiene explicación que esta región carezca de una infraestructura adecuada al siglo XXI”, dice Juan Bravo, presidente de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). "La puntualidad está acondicionada a la características de las infraestructuras y son insuficientes", añade Ramón Azuara, director general de Renfe Viajeros.

Este viaje es de los peores de España porque se realiza en un tren de media distancia. Los vagones son aptos para circular por trayectos de hasta 300 kilómetros, pero hasta la capital pacense hay 400. Este periódico ha viajado cuatro veces en los últimos 15 días y siempre ha llegado con retraso. El último fue el pasado domingo. El trayecto Plasencia-Madrid con salida a las 20.00 tenía prevista su llegada a las 22:57 y llegó a las 00.05 del lunes.

Extremadura cuenta con una red ferroviaria de 725 kilómetros. El 15% de sus traviesas son del siglo XIX. De madera. Las más antiguas de España. Por aquí circulan dos modelos de tren—de 7 y 12 años de antigüedad— que, solo en algunos puntos, llegan a una velocidad punta de 160 kilómetros por hora. La media, según datos del Gobierno extremeño, se sitúa entre 80 y 100.

Es la única región de España que no dispone de ferrocarriles de larga distancia. No hay Talgos. El último partió de Badajoz a Madrid en diciembre de 2010 con la promesa de que su sustituto regional mejoraría el servicio. Y no sucede. Tampoco hay Alvias: trenes que pueden circular hasta 250 kilómetros por hora con asientos más cómodos, con cafetería, con radio, con auriculares, con televisores. Pequeños placeres a los que optan todos los usuarios que realizan trayectos de más de cinco horas, excepto estos.

No hay doble vía. En esta comunidad del suroeste de España de más de un millón de habitantes solo existe un carril y, por tanto, en algún momento del trayecto se cruza el tren que sube con el que baja, y uno de los dos tiene que pararse en alguna estación para que no se produzca ningún accidente. Más retrasos, más cancelaciones. Además, junto con Murcia, es la única que no cuenta con líneas electrificadas—más calidad al servicio—.

“Es una muestra brutal de la indiferencia con la que el poder ha tratado a esta región”, dice Begoña García, consejera extremeña de Territorio. “Estamos en el siglo XIX. El servicio es de 1890”, subraya el consejero de Economía e Infraestructuras, José Luis Navarro. “Es vergonzoso. Necesitamos que la industria y el turismo se desarrolle”, apunta Teodoro Casares, secretario de Empleo de UGT en la comunidad. “No hay inversiones”, dice Ángel Caballero, presidente de Amigos del Ferrocarril de Extremadura. Todos los partidos políticos (PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos) firmaron en 2016 el pacto social y político por un ferrocarril digno.

El primer aislamiento que sufrió esta región sucedió en la nochevieja de 1984. Ese día Renfe cerró la línea Plasencia-Salamanca-Astorga y desconectó para siempre a la comunidad con el norte de España. Desde entonces, si un extremeño quiere ir a Salamanca en tren, por ejemplo, tiene que hacerlo por Madrid. Desde junio de 2015 estos carriles se están desmantelando para formar una vía verde: solo para senderistas y ciclistas. Adiós definitivo a la utópica resurrección de este tramo.

El segundo abandono ocurrió en 2012. Después de 75 años el tren Madrid-Lisboa, conocido como Lusitania, dejó de pasar por aquí y ahora atraviesa municipios de la provincia de Salamanca.

Algunos de los 90 pasajeros que estuvieron esperando al tren de sustitución durante más de dos horas a la intemperie a las 14.30 de la tarde.
Algunos de los 90 pasajeros que estuvieron esperando al tren de sustitución durante más de dos horas a la intemperie a las 14.30 de la tarde.

Y el tercero se viene desarrollando desde el año 2000 con la promesa de la alta velocidad. Hace 17 años España y Portugal acordaron que el AVE pasaría por el campo extremeño. “Habrá un AVE”, dijo Aznar en 2002. “Prioridad máxima”, dijo la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez (PSOE) en 2007. Llegó 2012 y el expresidente Monago (PP) acuñó el término de tren rápido en sustitución del AVE. Y vino 2013 y la exministra del ramo Ana Pastor aseguró que estaría listo para 2015. Después para 2016. Es julio de 2017, ni rastro.

En los trenes extremeños solo hay una máquina expendedora de frutos secos y galletas que, si hay suerte, funciona. Un televisor anuncia las paradas y casi siempre está estropeado, según cuentan más de 10 viajeros que cogen este tren cada fin de semana. “Hay días que todas las estaciones se llaman Torrijos y otros días todas son Plasencia”, dice Carlos Martínez, vecino de esta localidad, de 24 años, que trabaja en Madrid. “No lo cogeré más, prefiero ir en BlaBlaCar—donde los precios rondan los 17 euros frente a los 28 de Renfe. Nos llevan prometiendo el AVE desde hace muchos años, pero yo lo que quiero es un buen tren en 2017”.

799.600 viajeros utilizaron esta línea en 2016—un 5% menos que en 2015, según datos de Renfe. En este primer semestre de 2017 la caída es de un 2,41% con respecto al mismo periodo de 2016. Este periódico ha solicitado los datos de incidencia y actuación en esta línea a Renfe y Adif durante los dos últimos años y no han sido facilitados. Sí ha recibido, sin embargo, las inversiones previstas. “En 2019 se notarán estas mejoras en hasta 45 minutos”, dicen. Respecto al AVE, la partida presupuestaria es de 1.015 millones hasta 2020. Rajoy aseguró este año que el tramo Plasencia-Badajoz estaría listo en 2019.

Esta semana el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, ha solicitado una reunión de urgencia en Madrid ante los últimos incidentes. Como el que volvieron a tener el viernes pasado las dos vecinas de Badajoz cuando regresaban de Madrid tras su odisea del día anterior. “Llegamos a casa con retraso y sin aire acondicionado. Yo solo pido un tren que llegue bien, ni más ni menos”.

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