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Emergencia climática

Se sabe poco de la ley del Cambio Climático, anunciada como estrella de la legislatura

Fotografia del 13 de julio de 2017, que refleja la fractura de un gigantesco iceberg en la Antártida.
Fotografia del 13 de julio de 2017, que refleja la fractura de un gigantesco iceberg en la Antártida. EFE

Las evidencias del cambio climático son crecientemente abrumadoras. No sólo lo sucedido en las últimas semanas en relación con las temperaturas sino atendiendo a los informes de la Organización Metereológica Mundial, brazo de la ONU en estos asuntos: parte de Europa, Oriente Medio, norte de África y suroeste de EE UU han tenido temperaturas extremas en los últimos meses; las temperaturas medias de la superficie de la Tierra y el mar han sido las más elevadas desde que hay instrumentos de medición; y los escenarios climáticos apuntan a olas de calor más intensas, más frecuentes y más duraderas.

Esta es la nueva normalidad. Los impactos del cambio climático que se esperaban para el futuro se están sintiendo ya de modo abrupto. No es un asunto de nuestros descendientes sino nuestro. Y no estamos preparados para ello. El cambio climático afecta en al menos cuatro terrenos: el ambiental (subida de temperaturas), el social (migraciones y crisis de los refugiados), el económico (se calcula que el 11% de los mercados de capital riesgo y el 15% de los mercados mundiales de bonos pueden ser "tóxicos" por estar directamente relacionados con los combustibles fósiles, superando su valor al de las hipotecas subprime que hicieron estallar la Gran Recesión), y de seguridad internacional (el presidente Macron lo ha vinculado con el terrorismo).

La marcha de Trump del Acuerdo de París ha sido una desgracia por la importancia cuantitativa que tiene EE UU en las emisiones de efectos invernadero pero, por otra parte, ha supuesto un revulsivo y una movilización militante en contra de sus tesis por parte de muchas empresas, Estados, ciudades, etcétera.

¿Y España? Desde el punto de vista teórico, Rajoy ha abandonado las tesis de su primo el negacionista y se ha incorporado a los compromisos multilaterales. Pero se sabe poco de la ley de Cambio Climático y de Transición Energética que el presidente de Gobierno ha anunciado como una de las estrellas de su legislatura. Una ley que debe asegurar el cumplimiento de los compromisos climáticos de reducción de emisiones; integrar el cambio climático como elemento transversal de las políticas sectoriales y garantizar la coherencia entre la práctica del clima y la práctica energética; que debe incorporar las políticas fiscales en línea con las recomendaciones de la Unión Europea y de la OCDE (más fiscalidad verde frente a menos fiscalidad del trabajo); y que debe proteger a los perjudicados que trabajan en los sectores asociados a los combustibles fósiles (los mineros). Es imposible que una reforma fiscal de hoy se abstraiga de los impuestos verdes.

El cambio climático no tiene fronteras, pero España es un país ambiental y geopolíticamente muy sensible al mismo. La ley del Cambio Climático es prioritaria, gobierne quien gobierne. No sea que ante la subida de las temperaturas y la pertinaz sequía nos tengamos que conformar con llamamientos como el del arzobispo de Sevilla que en el pasado mayo invitaba "a los sacerdotes, consagrados, seminaristas y fieles laicos" a que intensificasen "las plegarias al Dios compasivo y misericordioso" para que concediese el agua que tanto necesitamos.