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Bruselas propone sacar a Grecia del procedimiento por déficit excesivo

El comisario Moscovici subraya que Atenas "recoge los frutos de tantos años de sacrificios"

El comisario europeo de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici
El comisario europeo de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici EFE

Se despeja el camino, pero la presión sigue ahí. Bruselas ha recomendado hoy sacar a Grecia del procedimiento por déficit excesivo, el pelotón de los torpes de las reglas fiscales europeas, en el que solo quedan ya España, Francia y Reino Unido. El pasado lunes, el Eurogrupo dio luz verde a un desembolso de casi 8.000 millones de euros correspondiente al tercer programa. "Es un momento simbólico para Grecia, tras tantos años de sacrificios", ha asegurado el comisario Pierre Moscovici.

La Comisión Europea lleva semanas lanzando el mensaje de que lo peor ha pasado, de que Grecia va camino de una recuperación fulgurante. Pero las cifras cuentan otra historia. El PIB del país sigue estancado. El desempleo está por encima del 20%. La deuda pública roza el 200% del PIB y es absolutamente impagable, según el FMI. La banca solo sobrevive con respiración asistida. Y aun así, las instituciones europeas creen que Atenas ha salvado otra pelota de partido, con un calendario de vencimientos de su deuda que ponía a la economía griega ante la tesitura de otro verano caliente. No será así: el Gobierno griego cerró el año pasado con un superávit primario (antes del pago de intereses) del 0,7%, muy por encima de las expectativas. Las ayudas llegan. El próximo paso es que el BCE compre bonos griegos en su programa de compra de activos.

Es imposible evitar las adversativas al escribir sobre Grecia. Porque junto a ese escenario primaveral se acumulan los problemas. El FMI y los socios europeos están a la greña sobre la reestructuración de la deuda griega, que se ha dejado para después de las elecciones alemanas. No está claro que el Ejecutivo griego y la troika consigan una salida limpia del tercer rescate, y menos aún si el FMI no acaba poniendo dinero: eso supondría un cuarto rescate que está en todas las quinielas, ya sea por incomparecencia del Fondo o por la necesidad de seguir ayudando al país cuando expire el tercer programa, en agosto de 2018. Atenas coquetea con la idea de volver a emitir deuda en los mercados, pero los analistas ni siquiera dan por segura la estabilidad política: la izquierda supuestamente radical de Syriza ha bajado al 16% en las encuestas, muy por debajo de los conservadores de Nueva Democracia (29%). Los expertos especulan con la posibilidad de nuevas elecciones en los próximos 12 meses.

Lejos de todos esos debates, Bruselas quiere irse de vacaciones con la sensación de tener los deberes hechos. Atenas está lista "para pasar la página de la austeridad y abrir un nuevo capítulo de crecimiento, inversiones y empleo", según Moscovici. Pero el crecimiento, de momento, solo aparece en las previsiones económicas de la Comisión y del Gobierno. Y junto a las ayudas de los socios europeos siguen las exigencias: a lo largo del próximo año, Europa espera reformas estructurales en áreas clave como la educación, el sistema judicial y quiere privatizaciones. El Eurogrupo obligó a Grecia a legislar recortes de pensiones preventivos en caso de que no alcance los objetivos de déficit al final de rescate. Pero el Gobierno de Alexis Tsipras asegura que solo activará esas medidas si las promesas de reestructuración de la deuda se acaban cumpliendo, algo que no se verá al menos hasta el otoño, con riesgo de descarrilamiento del rescate por la difícil posición del FMI.

"Syriza tiene un plan", explica Mujtaba Rahman, de Eurasia. Se trata de que sigan llegando las ayudas, se pacte la mil veces aplazada reestructuración de deuda, empiecen las compras de bonos del BCE, Grecia pueda volver a los mercados y, finalmente, Bruselas permita al Ejecutivo aplicar estímulos fiscales para sacar a la economía griega de la pesadilla de los últimos años. Si todo ese cuento de la lechera llegara, las encuestas mejorarían para el partido de Gobierno y el país conseguiría, junto con el crecimiento, una estabilidad política imprescindible para que las cosas mejoren de veras. "Está por ver si Tsipras puede hacer todo eso en los próximos meses", cierra Rahman.