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La innovación española reclama su sitio en la empresa

La ciencia y el emprendimiento son sólidos en España; pero no así el uso de ese capital por la economía

Los expertos coinciden en que España es una importante fuente de talento científico.
Los expertos coinciden en que España es una importante fuente de talento científico. Universidad Carlos III

"Que inventen ellos", esa boutade que publicó Miguel de Unamuno hace ya más de un siglo, ha ganado vida propia y se ha convertido en un tópico sobre España, los españoles y su supuesta atonía hacia la investigación y la ciencia cuya falsedad se hace patente a poco que se rasque. "Somos un 0,7% de la población mundial, pero en un 6,7% de los trabajos científicos colaborativos del mundo participa al menos un español", señala Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. "Tenemos que romper con la imagen que tenemos de nosotros mismos", complementa Federico Flórez, director general de sistemas de información e innovación de Ferrovial. Sin embargo, lo que sí hace falta es dar las herramientas a la innovación española para incorporarla a la industria y a la economía. De cómo lograrlo y de los progresos hechos hasta ahora se discutió esta semana en un desayuno organizado por EL PAÍS con el patrocinio de Ferrovial.

La primera conclusión está clara: materia prima hay. "Soy tremendamente optimista con los españoles", indica Flórez. "Nosotros trabajamos en más de 20 países y en España tenemos una facilidad enorme, con una calidad excelente a costes inferiores que los de la competencia. España lo tiene todo para ser el lugar perfecto para cualquier clase de startup".

"Hace poco salió publicada una clasificación de las 10 ciudades más potentes del mundo para la creación de startups, y solo había un país con dos entradas en la lista", apunta María Benjumea, fundadora y presidenta de Spain Startup. "La quinta es Barcelona y la sexta, entrando con fuerza, es Madrid. Hay mucho por hacer para seguir creando ecosistema, pero la buena noticia es que se ha hecho mucho y muy bueno".

Lo que es más importante: existe un progresivo cambio de mentalidad. Según el estudio Global Entrepreneurship Monitor, en 2005 el 50,4% de los españoles entre 18 y 65 años consideraban que el miedo al fracaso les impedía arrancar un negocio; en 2016 era solo un 38% "Antes fracasabas y estabas fuera", recuerda Benjumea. "Pero hoy, los que tienen una mentalidad joven ya conciben el fracaso como una oportunidad". Aún así, el mismo informe señala que solo un 5,1% de la población activa ha considerado emprender.

¿Qué ha de hacer España para ser un país de innovadores? "Si solo fuera una cosa, sería fantástico", señala Vela. "Tenemos que reconocer lo que tenemos y trabajar en las mejoras que tenemos que hacer, tanto estructurales como de recursos. Pero creo que. sobre todo, creo, se trata de los recursos humanos". "La innovación va de personas", coincide Flórez. "En una empresa, el punto más crítico es la digitalización del empleado. Hace falta un plan de educación para satisfacer esa demanda".

Empleos del futuro

"Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los empleos que existirán en 2030 serán para trabajos que aún no existen", apunta Martin Boehm, decano de la IE Business School. "Se trata de impulsar la creatividad y de desarrollar el trabajo en equipos que tendrán que ser virtuales. Y a lo mejor no hay que enseñar lenguajes de programación porque cambian constantemente; hay que enseñar una mentalidad de programación". "A lo mejor en 20 años, el sector que has elegido como carrera profesional ya no necesita gente; los algoritmos se bastan para hacer todo el trabajo", considera Jorge Barrero, director general de la Fundación Cotec. "La solución es un aprendizaje y una reinvención permanentes".

Son conceptos que, en el actual entorno de incertidumbre acerca del empleo, a mucha gente le resultan apocalípticos. "Ninguna transición profunda es fácil", señala Flórez. "Y en ésta, como en todas, habrá ganadores y perdedores. Lo que hay que hacer es que los que ganan sean más que los que pierden. La tecnología no es la culpable; es la política la que tiene dar respuestas". "Hay que romper con los mensajes negativos, el exceso de alentar los miedos", afirma Benjumea. "En toda revolución se destruye empleo, pero se abren posibilidades mucho mayores. El mensaje positivo que tenemos que dar es que si potenciamos la innovación, la vida va a ser mucho más satisfactoria, así que hay que utilizar todas las vías posibles para ponernos en esa dirección".

Una de las dificultades de ese movimiento está en un sistema educativo tradicionalmente refractario ante las innovaciones. "Algo ha cambiado en la cabeza de los estudiantes cuando cada vez más dicen que a lo mejor el mundo corporativo no es para mí", reflexiona Boehm. "Pero para seguir cambiando hay que romper unas reglas de juego que, mal que bien, no han cambiado en mil años".

Hay soluciones. "El sistema se centra en la calificación y la clasificación de un individuo. Pero el trabajo en grupo también es importante: ¿por qué los Beatles tenían tanto éxito?. Otra cosa: seguimos enseñando teorías en clases magistrales, en algunos casos con 400 alumnos por profesor", considera Boehm. "Aun bajo esas circunstancias, la tecnología permite hacer un sistema de trabajo con proyectos".

La barrera decisiva es la sempiterna disputa sobre qué relación deben de tener universidades y empresas. "Ahora mismo, dentro de una carrera académica la investigación en empresas no está reconocida", indica Vela. "Para cambiar la situación, hay cosas que ya se están haciendo, como formar doctores en empresas a través de acuerdos piloto. ¡Pero aún hay gente diciendo '¡Fuera empresas de la universidad!" "La universidad es una fuente de conocimiento que hay que mejorar", señala Flórez. "La universidad tiene que ver qué precisa la empresa, a lo mejor tiene que preguntarnos a nosotros qué necesitamos como parte del ecosistema". "Yo no creo que la universidad deba investigar lo que quieran las empresas", matiza Vela. "Pero tienen recursos que se pueden usar. La universidad tiene que reconocer el trabajo de la empresa: la realidad es que si establecemos parejas de baile, se forjan relaciones que duran en el tiempo".

El capital privado es una posible solución a los problemas de la investigación pública en España, dilapidada por los recortes presupuestarios. Recortes que van a seguir en su sitio aunque la secretaria de Estado espere "alguna alegría para 2018". Eso no hace sino más meritorios los logros de los investigadores. "Hemos pasado a Italia y a Holanda, que son grandes potencias de la investigación, a pesar de su tamaño", señala Vela.

Uso de los recursos

Pero, recuerda Barrero, una cosa no quita a la otra. "No todo viene de dinero público y se ha enfatizado como usar mejor el dinero", afirma. "Pero quiero reivindicar el papel de la investigación pública, y recordar que no llegamos a la Luna, ni inventamos Internet sin un sustrato de investigación pública. Incluso Estados Unidos es especialista en financiar la ciencia con dinero público y que no lo parezca, subcontratando y comprando tecnología al sector privado".

"Es cierto que los recursos son insuficientes", sigue reconociendo Barrero. "En un estudio que acabamos de publicar se indica que si España capturase recursos suficientes para optimizar la innovación el PIB crecería un 1,8% anual adicional hasta 2025. De esa cifra una cuarta parte viene de una mayor eficiencia en la innovación".

Los asistentes coincidieron en que el debate de la innovación en España tiene que ir más allá del dinero. "Es un tema cultural. Hay que comprometer a la gente", señala Flórez. "Lo primero es creerse la innovación en la empresa. Es un factor que te diferencia de los demás y te hace competitivo. ¿Cómo se hace eso? Es complejo, pero la innovación abierta es la palanca fundamental. Nosotros, por ejemplo, nos hemos dado cuenta de que hay mucho más fuera de Ferrovial". "La innovación es más que poner recursos: hace falta un entorno social y financiero", apunta Vela. "El objetivo es trasladar el conocimiento a la innovación, que vayan juntos; desde 2013 estamos actuando en esa dirección, pero aún falta recorrido".

"El primer paso para conseguir impacto es competir a nivel global y participar en la investigación global", indica Boehm. "Si las universidades holandesas pueden competir con las estadounidenses es porque atraen al mejor talento. Pero la difusión también es importantísima. Solemos publicar para otros académicos y escribir papers que solo entienden cuatro personas, pero también necesitamos que el público en general y las empresas sepan lo que estamos haciendo".

"Generar un entorno innovador depende mucho del sector público, y todas las administraciones se tienen que implicar", considera Barrero. "Hay que reconocer a los innovadores y hay que hacer crecer las empresas". Para eso, afirma el director de la Fundación Cotec, hace falta capital y mecanismos para moverlos hacia las empresas. "Hace falta una reforma financiera para facilitar el talento y la investigación, porque se trata de una economía intangible. Hay que desarrollar un ecosistema de capital riesgo como en Estados Unidos. Tenemos una economía muy bancarizada, por lo que tenemos un trabajo muy interesante que hacer. Hay países donde el capital riesgo representa más de un 50% de la inversión en I+D, y Europa en general no reconoce ese valor".

Pero casi tan importante como tener grandes empresas investigando es que las empresas que investigan puedan crecer y prosperar con los frutos de su ciencia. Como apunta la misma secretaria de Estado, "proporcionalmente, nuestras empresas grandes son las que menos invierten en I+D". "Necesitamos a las startups", reconoce Flórez. "Nuestros proyectos de investigación ya no son solo con personal de Ferrovial; trabajamos con personal externo e investigadores de universidad en espacios de coworking y trabajo abierto".

Cambio de mentalidad

Eso también requiere un cambio de mentalidad: "A mi generación no se la enseñó a hacer coworking", afirma el directivo de Ferrovial. "Es imposible innovar dentro de las propias estructuras anticuadas", continúa Benjumea. "Hay que identificar esas innovaciones a través de las startups".

¿Cómo se logra desarrollar un ecosistema de startups saludable? "El dinero público no siempre es la solución", apunta Boehm, "porque justamente el emprendimiento consiste en hacer mucho con menos". "Lo fundamental es convencernos a nosotros mismos, y luego apliquémonos para que las cosas que tenemos mal mejoren", apunta Benjumea. "En España las stock options son un palabro que da mucho miedo, pero hay que volverlo a poner en marcha, así como apoyar a los business angels desde un punto de vista fiscal.