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COLUMNA

La subasta de la discordia

La puja de las energías renovables ha levantado polémicas y opiniones para todos los gustos en el sector

 El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, en una sesión del Senado.
El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, en una sesión del Senado. EFE

Valentía, osadía o, simplemente, pragmatismo. José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona, accionó su discurso contra la política energética gubernativa a propósito de la subasta de renovables celebrada el miércoles en Madrid en la que su grupo ni siquiera se presentó. “No tiene lógica [la subasta]”, enfatizó. “Tendría que cambiar la regulación para que nos presentáramos”, añadió el empresario jerezano, que explicó que su empresa “con una rentabilidad del 7,34 % no invierte ni en el mejor lugar del mundo pues no generamos valor”. También apuntó que Acciona puede ser selectiva porque está en más de 30 países y tiene alternativas de inversión en muchos lugares fuera de España: Argentina, Chile, México, Oriente Medio, Irán e, incluso, países de África.

 Acciona, que diversificó su negocio tradicional de construcción hacia campos como el transporte y la energía, apostó fuerte por esta en los años del boom de las renovables (en los primeros dosmil) y llegó a convertirse en un actor principal de la trama tras su paso por Endesa, que dirigió con la italiana Enel cuando se la quitaron de la mano a la alemana E.ON, Gobierno de Rodríguez Zapatero mediante. Ahora, Acciona, que se quedó con los activos eólicos de la antigua empresa pública, prefiere el exterior. De hecho, se puede permitir el lujo de no apostar por España, donde cuenta con 4.000 megavatios (MW) instalados.

Pero las palabras de Entrecanales, que tampoco se presentó a la subasta celebrada en enero del año pasado, dejan un marchamo de enfrentamiento claro con la actual normativa. Son un mensaje diáfano al Gobierno y al ministro de Energía, Álvaro Nadal, que está convencido, sin embargo, de que el sistema ha funcionado y es equitativo, sobre todo porque da posibilidades a los menos poderosos.

El ministro Nadal está convencido de que el sistema ha funcionado y es equitativo

La subasta, a la que sí se presentaron las eléctricas tradicionales (a excepción de Iberdrola) ha favorecido a la energía eólica, que se ha llevado la totalidad de los MW en juego (excepto uno de fotovoltaica y 20 repartidos entre biomasa, termosolar y residuos).

En teoría, la macrosubasta, que persigue el avance de España en el cumplimiento de los objetivos de la Unión Europea en renovables, se enfocaba a todas las tecnologías posibles. Pero, al final, ha sido la más eficiente en costes la que se lo ha llevado en detrimento de la fotovoltaica, sobre todo. Las empresas de esta tecnología, asociadas en Anpier, pidieron la suspensión de la subasta al Tribunal Supremo previendo lo que iba a pasar, pero no tuvieron éxito. A su juicio, limitaba los descuentos que podían hacer frente a los eólicos, que hicieron el máximo. Y como el mecanismo premiaba la tecnología con más horas de funcionamiento. Resulta que en España hay más viento que sol.

El resultado dio lugar a nuevas protestas de los fotovoltaicos, al margen de otras tecnologías, y la petición de cambio del modelo energético que sea sostenible y social. O sea, que les permita participar en el reparto de la tarta, reclamando además el derecho a que todos los ciudadanos puedan generar su propia energía.

El mecanismo premia la tecnología con más horas y resulta que en España hay más viento que sol

En cualquier caso, cada uno cuenta la feria como le va. Que se lo digan si no a las eléctricas que se llevaron importantes paquetes y al ganador, la firma Forestalia, que quiere ser un actor activo en el sector y que, además, trae de la mano a General Electric, que en España no está presente. Pero es que tanto Endesa (o Enel Power Green) como Gas Natural necesitan ganar activos en este terreno. No es el caso de Iberdrola, que aunque se presentó no pujó con insistencia porque no encontraba cirterios de rentabilidad y, sobre todo, porque cuenta con 5.500 MW liderando el sector en España, y de EDP, tercero en discordia tras Acciona. De hecho, Iberdrola, mientras se quedaba fuera en la subasta era seleccionada como finalista del concurso eólico marino en Dunkerke (Francia).

Ahora la pelota está en el tejado de Energía, donde el titular del departamento mantiene que la subasta fue un éxito porque se cubrió totalmente y porque se saldó con un coste cero, lo que significa que está a precios de mercado y que se puede hacer sin ayudas oficiales. Esto es importante reseñarlo porque las energías renovables se impulsaron en España bajo el cartel de chollo inversor que luego hubo que corregir.

De esa corrección, que a todas luces parecía necesaria aunque es difícil precisar hasta qué punto, vinieron luego una serie de demandas de inversores internacionales ante las cortes de arbitraje. Una de ellas dio lugar recientemente a una multa de 128 millones a España por parte del Ciadi, organismo dependdiente del Banco Mundial. Es la primera y hay en la recámara 26 denuncias más. Para echarse a temblar.

Entrecanales y Anpier han coincidido, precisamente, en que es injusto que esas demandas no las puedan poner inversores españoles y piden trato igualitario. Parece extraño que sea así. Solo puede prosperar que, en el caso de Acciona, demanden fondos internacionales que participan en su capital, aunque claro la multa no repercutiría en la empresa, si no en los propios fondos.