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Kaláshnikov pasa a manos privadas

El Estado ruso prevé mantener una minoría de bloqueo del 25% en la firma tras la venta

Muestra de armas del grupo Kaláshnikov durante una feria internacional.
Muestra de armas del grupo Kaláshnikov durante una feria internacional.

En Rusia, la noticia ha pasado casi inadvertida. El Kremlin acaba de iniciar su enésimo gran programa de privatización y el Estado se prepara para desvincularse de una de las empresas más conocidas del mundo: Kaláshnikov, el fabricante del legendario fusil de asalto AK-47. El Gobierno ruso, que es propietario de la empresa a través del conglomerado público Rostec, prevé reducir su participación del 51% al 25%. Y, según un discreto comunicado de Kaláshnikov, tiene previsto ceder sus participaciones a los inversores privados que ya poseen un 49%. Entre ellos, su director general, Alexei Krivorutchko.

A finales del pasado año, Serguéi Chemezov, el consejero delegado de Rostec y uno de los aliados más próximos al presidente, Vladímir Putin, ya había mencionado esa privatización. “Kaláshnikov funciona. Esperamos vender el 25% a los mismos inversores”, declaraba entonces. Era una alusión a la primera etapa de esta privatización, en 2013, en la que Rostec vendió el 49% de las acciones al sector privado, especialmente a Alexei Krivo­rutchko, que había pasado a dirigir la empresa y que la había salvado de la quiebra. Tras esta adquisición se produjo una reorganización industrial, especialmente con la fusión de las fábricas en Izhevsk, una ciudad industrial mediana a unos 1.300 kilómetros al este de Moscú, en el corazón de Rusia y en el centro de la producción de Kaláshnikov.

En la segunda etapa de privatización prevista este año, Alexei Krivorutchko y sus socios, especialmente Andrei Bokarev, el poderoso presidente y copropietario de Transmashholding, un gigante pos-soviético de material rodante ferroviario, tendrán que invertir el equivalente a 47 millones de dólares para continuar el desarrollo de Kaláshnikov. El Estado, a través de Rostec, seguirá en la empresa con una minoría de bloqueo del 25%, pero la empresa podrá dar un gran paso en la transformación que se inició hace tres años con la llegada de estos nuevos inversores.

Kaláshnikov pasa a manos privadas

Durante este periodo, Kaláshnikov se ha modernizado y extendido mucho más allá de los famosos fusiles de asalto AK-47. Es una reorganización cuyos resultados hasta ahora han sido espectaculares. En lo que a imagen se refiere, 210 años después de la creación de la empresa en 1807, Kaláshnikov se ha diversificado y se ha orientado hacia las exportaciones, a pesar de las sanciones estadounidenses a raíz de la crisis ucrania. En cuanto a la rentabilidad financiera, mientras que la empresa registraba en 2013 unas pérdidas de más de 30 millones de euros, ahora gana dinero. Para responder al aumento de las exportaciones, Kaláshni­kov acaba de anunciar 1.700 contrataciones, es decir, un aumento de la plantilla del 30%. Y para evitar las sanciones, su filial en EE UU, su principal mercado, al que se exportan 200.000 fusiles, se ha transformado en una empresa distinta, Kaláshnikov USA.

“Las sanciones estadounidenses son un duro golpe…”, confesaba en diciembre de 2014 Chemezov, al que le preocupaban los perjuicios que causaría la crisis ucrania al buque insignia de la industria militar pos-soviética, porque el objetivo de las sanciones estadounidenses no es solo Rostec, sino también su consejero delegado a título personal. “Pero eso nos ha obligado a buscar otros mercados, en Sudamérica, en Asia”, decía sonriendo y con entusiasmo Chemezov por aquel entonces. Ese día, en el centro de Moscú, donde se había convocado a toda la prensa rusa y extranjera para un acontecimiento mediático poco frecuente en la esfera militar rusa, acababa de hacer público el nuevo logotipo de Kaláshnikov, pero también de presentar su estrategia comercial y su intención de diversificar las exportaciones.

Esta ceremonia festiva, con azafatas de largas piernas, fanfarria militar, juegos de luces de colores y un nuevo logo —una gran letra K con la forma del cargador del AK-47, de color negro alrededor y rojo en el centro—, quedó grabada en la mente de la gente. El color se eligió para demostrar que Kaláshnikov quería ir más allá de su famoso fusil de asalto. “El rojo no es solo el color de la sangre, es el de la rosa y el del amor…”, aseveraba entonces a Le Soir, con mucha seriedad, un joven portavoz de la marca militar.

Desde entonces, esta operación de marketing ha estado a la altura de la transformación de Kaláshnikov, que sigue un gran plan: reagrupar las marcas en torno a tres nombres (Kaláshnikov para las armas de combate, Baikal para las de caza, e Izmash para las deportivas); lanzar ropa para los tiradores deportivos; y producir cuchillos Kaláshnikov y otros accesorios. “El fusil automático es uno de los símbolos rusos conocidos en el mundo”, recordaba Alexei Krivorutchko, el director general de la firma. “Pero hacía tiempo que necesitábamos un cambio de imagen”,

Con la renovación de sus proyectos comerciales, la marca ha encontrado nuevos mercados. Para vender sus colecciones de ropa militar o semimilitar, ha empezado a abrir nuevas tiendas con su marca, incluso en los aeropuertos. En las tiendas de Sheremetievo, uno de los principales aeropuertos de Moscú, ya se pueden comprar desde hace varios meses camisetas con el rostro de Vladímir Putin. Los pasajeros, dentro de poco, también podrán completar sus compras de camuflaje en la tienda de Kaláshnikov. Sin olvidar, como recuerdo, un AK-47 de plástico.

El arma más mortífera

Cada año, desde 2015, se celebra una nueva feria de la industria militar rusa. En un lugar en el campo, a una hora en tren de Moscú, la exposición Ejército muestra a los profesionales, y luego al público general, las mejores armas made in Russia. En este enorme terreno forestal, totalmente talado, que se ha convertido en un complejo ultramoderno llamado Patriot, se reúne la élite militar de Rusia, pero también de todos los países amigos. Sean cuales sean las nuevas innovaciones, una sola estrella es el centro de atención —y de las carteras de pedidos—, el Kaláshnikov, el fusil automático AK-47 que se vende a los ejércitos nacionales, pero también a todos los traficantes, rebeldes y guerrilleros del mundo.

De los dos bandos. El Kaláshnikov, robusto y fácil de usar, preciso y eficaz, que lleva el nombre de su inventor, fallecido a finales de 2013 a los 94 años, se ha convertido en el arma de los pobres por excelencia. En todas las guerras civiles y en los diversos conflictos con zonas grises, reaparece en el frente. Así, en el Donbass, la región ucrania de la rebelión prorrusa, todos los hombres apoyados tanto por Moscú como por Kiev están armados con Kaláshnikov. En la guerra de trincheras en la que se ha convertido el conflicto entre Azerbaiyán y Armenia en el Alto Karabaj, los soldados se enfrentan apuntándose con sus Kaláshnikov. También es el arma preferida de los pequeños delincuentes. En Marsella, dos malhechores fueron detenidos recientemente por un doble homicidio: asesinaron en plena ciudad, montados en un escúter y armados… con un Kaláshnikov. Es verdad que la empresa fabrica otros tipos de armamento, como armas cortas y fusiles de asalto y de caza, especialmente el AK-74M, que utiliza el Ejército ruso, pero lo que seguirá siendo una leyenda es su AK-47, el arma más mortífera.

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