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Aquí no se tira nada: un supermercado contra el desperdicio de comida

Goodafter vende con descuento productos a punto de alcanzar la fecha de consumo preferente

Chantal Camps de Gispert, cofundadora de goodafter.com.
Chantal Camps de Gispert, cofundadora de goodafter.com.

En goodafter.com hay descuentos todo el año. Este supermercado online promete rebajas, independientemente de la temporada, de entre un 30% y un 70% en la cesta de la compra. ¿Su secreto? Vender productos que están a punto de alcanzar la fecha de consumo preferente. Algo seguro para la salud, provechoso para el bolsillo y bueno para el medioambiente. “Y que cumple con el objetivo de la empresa: luchar contra el desperdicio”, añade Chantal Camps de Gispert, administradora delegada y cofundadora de la compañía, que tiene sede en Oporto y está operativa en Portugal desde el pasado verano y en España desde finales de septiembre.

Camps de Gispert, junto con otros tres socios, decidió apostar por este modelo de negocio tras ver que en otros países —sobre todo en el norte de Europa— existían iniciativas similares que habían tenido éxito. El sistema es sencillo: Goodafter compra la mercancía directamente a los fabricantes y la guarda en su almacén antes de llevarla al domicilio del cliente. Su oferta comercial, que no incluye productos frescos, está compuesta por unas 450 referencias divididas en ocho categorías. Los pedidos que se realicen antes del mediodía llegan en 48 horas; si superan los 49 euros son gratuitos, si son inferiores tienen un coste adicional de envío de 4,95 euros. “Los descuentos suelen estar relacionados con el plazo que le queda al producto o la temporada, pero es fácil conseguir un descuento del 50% sin prestar demasiada atención a lo que se echa en el carrito”, asegura la emprendedora.

La filosofía de la empresa, sin embargo, no se limita a luchar contra el desperdicio. “También tenemos la misión de desmitificar los plazos de consumo”, continua Camps de Gispert, “porque no son lo mismo la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente”.

Roberto Ortuño, director de Asistencia Tecnológica, Servicios Analíticos e Industriales de AINIA Centro Tecnológico, explica que la fecha de caducidad indica el momento a partir del cual ya no es seguro para la salud consumir un determinado tipo de alimento. “El consumo preferente, por otro lado, indica que a partir de una cierta fecha alguna característica organoléptica del producto, como el color o el aroma, difiere de la original”, abunda el experto, “pero no hay ningún riesgo desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, siempre que se consume en un plazo prudencial”.

En un país donde cada hogar tira 76 kilos de comida al año —el equivalente a casi 1,5 millones de toneladas en el conjunto—, iniciativas como Goodafter son un pequeño grano de arena. Según las estimaciones de la Comisión Europea, España es el séptimo país europeo que más comida desperdicia (7,7 millones de toneladas), y los hogares son los principales responsables del derroche (culpables del 42% del total), seguidos por la industria (39%), la restauración (14%) y la distribución (5%).

Carlos Ballesteros, profesor del Departamento de Marketing y director de la Consultoría Social Empresarial Comillas ICADE, achaca el elevado desperdicio doméstico a una serie de razones entre las que destaca la falta de visibilidad. España no ve cuánto dinero tira a la basura; si a lo mejor se monetizaran esos 76 kilos al año nos preocuparíamos más porque nos dolería el bolsillo”, sugiere. Pero si no sabemos de dónde viene y adónde va la comida, es complicado avanzar, mantiene el docente. “Es como si el yogur que compro naciera directamente en el lineal del supermercado, porque no sé cómo se hace ni cómo muere”, comenta. “Somos una sociedad urbana, ya no hacemos ni vemos la matanza del animal, la carne solo la vemos envasada en la bandeja de poliespán”

A la búsqueda del ‘smart shopper’

Camps de Gispert asegura que en Goodafter quieren “luchar contra el desperdicio por diferentes lados”. “También vendemos líneas obsoletas o descontinuadas, como pueden ser envases antiguos de champú que se han quitado de los lineales porque el fabricante ha lanzado una nueva línea; los fabricantes siempre tienen unos excedentes con los que nos quedamos”, enumera, “o productos que ya no son de temporada, por ejemplo un Papá Noel de chocolate en enero; lo importante es que el consumidor siempre sepa por qué está comprando con descuento”. Justo por esta razón entran y salen nuevos productos continuamente, y es fácil que cuando un lote se acaba ya no se vuelva a encontrar nunca más en la oferta del supermercado.  

Innovación contra el desperdicio

Roberto Ortuño, director de Asistencia Tecnológica, Servicios Analíticos e Industriales de AINIA Centro Tecnológico, recuerda que el desperdicio tiene muchas facetas y se produce en todos los puntos de la distribución. “Podemos decir que hay dos grandes áreas, la prevención y la reutilización”, comenta. Asegura que se está trabajando en ambas líneas con el objetivo de reducir las pérdidas de comestibles gracias al auxilio de la innovación científica y tecnológica.

“La reutilización tiene que ver con cómo usar todo lo que nos sobra, porque también en la industria hay partes que no sirven”, detalla Ortuño. En este sentido, “se va hacia un concepto de economía circular”, donde la apuesta se traduce en “extraer el máximo de todos los recursos para que los procesos se vayan complementando entre ellos”. Así, se va desde usar los productos que se han excluido de la cadena para otros productos de alimentación humana hasta el reciclaje de los alimentos para producir biogases.

En el campo de la prevención se está trabajando tanto para alargar la vida útil del producto como para mejorar los envases o el control de calidad de la línea de producción. “Nuevos aditivos, recipientes porcionables o resellables y envases activos, que van liberando sustancias, por ejemplo antioxidantes para proteger el producto una vez abierto, son algunas de las tendencias”, enumera Ortuño. “Pero pensamos que la tecnología también tienen un futuro importante, sobre todo para conseguir que la información se comparta; probablemente en un futuro estaremos tan conectados que tendernos directamente la información del consumidor para fabricar un producto”, lanza.

 

“El consumidor marquista, el que constantemente busca la innovación, no va a entrar en este tipo de proyectos”, analiza Ballesteros, “hay que ir a un grupo de consumidores muy especiales, por ejemplo los que buscan precio y se preocupan por la ecología”. Pero el desperdicio, comenta el docente, es un problema social en el que todos somos responsables. “El marketing, la falta de sensibilización del consumidor, la misma legislación... hay que cambiar la mentalidad; la concienciación es solo una parte de la solución”, asegura.

En sus primeros tres meses de vida, Goodafter ha vendido en Portugal cinco toneladas de productos. “De momento está funcionando muy bien, pero es pronto para dar cifras”, dice la empresaria vía telefónica, “lo bueno es que tenemos muchos clientes que repiten después de la primera compra”. En el corto plazo, la empresa prevé doblar el número de referencias disponibles y empezar a tener beneficios para 2020. “No tenemos horizontes”.

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