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Las ‘startups’ latinas dan la talla

Las empresas emergentes avanzan en América Latina pese al escaso capital, la burocracia y la corrupción

Alejandro Esperanza (Uruguay, 1983) decidió echar la moneda al aire con la ilusión de que cayera a su favor. En 2013 abandonó su empleo como gerente en una naviera internacional, desempolvó sus ahorros y montó junto a dos amigos Gurucargo, una plataforma que permite a los importadores y exportadores cotizar y comparar las cargas marítimas y terrestres de forma ágil (una especie de comparador de vuelos, pero enfocado al mundo de la logística). La jugada valió la pena. Ahora el sistema opera en los principales mercados de Latinoamérica, con más de 3.000 usuarios y movió, en 2015, más de 12 millones de dólares en fletes.

El fenómeno de las startups en América Latina se antoja imparable. En la región hay una masa critica incipiente de emprendedores que busca soluciones innovadoras, dice Annalisa Primi, jefa de unidad de políticas estructurales e innovación de la OCDE, el club de los países más desarrollados. "La startup manía es fulgurante", asevera Hernán Fernández, fundador del club de inversores Angel Ventures México. Muestra de ello es la llegada de capital riesgo a la zona, que ha doblado su tamaño en términos de inversiones entre 2011 y 2015, según la Asociación Latinoamericana de Capital Riesgo y Capital Privado (LAVCA, en inglés).

Desde 2010, las startups latinoamericanas han llamado la atención no solo de los dueños de los grandes capitales, sino de los formuladores de políticas públicas de la zona, explica un reciente informe de la OCDE. En los últimos seis años, Brasil, México, Colombia, Perú, Argentina y otras naciones de la región han echado a andar la maquinaria para dinamizar el ecosistema emprendedor. Al margen de la madurez y los modelos implantados en cada país, a escala regional avanzan las redes de mentores, espacios de colaboración y vías de financiación que ayudan al desarrollo de las empresas, abunda Primi.

No obstante, el engranaje requiere de un apretón de tuercas. Según el organismo internacional, las políticas en la zona necesitan ser pensadas y diseñadas de una manera mucho más ágil y coordinada, buscando un mayor número de alianzas con el sector privado, las universidades y los centros tecnológicos. La OCDE indica que esto permitiría mejorar los procesos de aprendizaje y el uso eficiente de los recursos. Además, Primi recomienda mejorar las herramientas de información sobre el fenómeno de las firmas emergentes, pues los datos en la región son dispersos.

Por ejemplo, ningún organismo ha elaborado un informe en el que se detalle del número de startups en Latinoamérica. Los datos que se manejan hasta ahora proceden de algunos esfuerzos del sector privado. Uno de ellos es AngelList, una base de datos utilizada por inversores que buscan información sobre empresas innovadoras. De acuerdo con esta fuente, son más de 7.230 las startups que operan en las principales economías: Brasil, México, Chile, Argentina, Colombia y Perú.

El eslabón más débil

En este auge de emprendedores, uno de los embragues más débiles es la disponibilidad de recursos. "El acceso a financiación es un factor determinante en la creación, supervivencia y la expansión de las empresas. En el caso de las startups este es aún más crítico", zanja la OCDE. Si bien las inversiones están desembarcando en la zona, aún existe una gran brecha.

Por ejemplo, el desembolso de los fondos de capital de riesgo en la región representa menos del 0,05% del PIB en América Latina. En Estados Unidos la proporción roza el 0,3% de su economía y en Israel está cerca del 0,4%, según la OCDE, que toma como referencia diversas consultoras internacionales. Fernández, de Angel Ventures, considera que esta baja penetración se debe a que en los países de la región aún persisten los estigmas de la inseguridad y la corrupción. "Hay cosas que han cambiado, como la certidumbre jurídica, que ahora es mucho mejor en algunos países... pero lo malo sobrepasa a lo bueno con creces", espeta. Por su parte, Eduardo Román, director de investigación de LAVCA, explica que el ecosistema de startups es joven en la región y no tardarán en llegar recursos de manera robusta. "Los inversores entrarán con mayor fuerza una vez que se logren mucho más casos de éxito", comenta Román.

Pero para que las startups florezcan en América Latina es preciso que los sistemas de innovación y producción incrementen su tamaño, que los inversionistas estén dispuestos a apostar por las firmas innovadoras y que los países de la región fortalezcan sus bases científicas y tecnológicas y cierren la brecha en la economía digital, destaca la OCDE.

La mayoría de las naciones en la zona ofrece conexiones lentas. La velocidad de descarga promedio en la banda ancha global en la región era, en 2014, de 7.3 megabits por segundo, mientras que en los países de la OCDE alcanzaba los 32,2. Solo Brasil, Chile, México y Uruguay están por encima del promedio regional, según un análisis de la Cepal. Y a pesar de que la inversión en I+D en Latinoamérica ha crecido en los últimos años, el salto que ha dado es escueto. Los recursos destinados a este sector pasaron del 0,63% al 0,74% del PIB entre 2009 y 2014, un dato muy por debajo de la media de los países de la OCDE que llega al 2,3%. A pesar de ello, Gonzalo Villarán, director de UTEC Ventures (una aceleradora de proyectos con base tecnológica en Perú), ve el vaso medio lleno. "Hoy más que nunca existe una gran confianza entre todos los actores para echar adelante las ideas innovadoras, y eso no sucedía hace 20 años", afirma.

Una batalla ganada

"Las startups no serán la panacea del desarrollo de América Latina", indica Primi. Pero generar un entorno propicio a su creación, canalizar recursos públicos (especialmente en etapas tempranas) y privados (especialmente en las fases de expansión), así como disponer de servicios ágiles y modernos para los nuevos emprendedores son importantes en las estrategias de transformación en la región, destaca. Aun cuando los retos son diversos, Primi afirma que el emprendimiento latinoamericano ha ganado una pequeña batalla: "Hace una década era casi anecdótico hablar del fenómeno startup en América Latina; hoy es una realidad".

Pero, más allá del ímpetu emprendedor, América Latina afronta un complejo panorama. El bajo crecimiento y la constante incertidumbre que impera en el mundo agravan las debilidades estructurales de la región. Tras cinco años de desaceleración, la zona entró en recesión en 2015. Se espera que al cierre de este año, la tendencia continúe (con un decrecimiento entre -0.5% y -1.0%), seguido de una moderada recuperación hacia 2017, según diversos organismos internacionales. El fin del superciclo de las materias primas, el frenazo de la economía china y la elevada incertidumbre financiera frente a cambios tecnológicos disruptivos, dejan a las economías del subcontinente con brechas de productividad, detalla la OCDE. "Pese a la coyuntura no tan favorable, el mundo de las startups nos muestra una América Latina dinámica", añade el organismo.