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España sería tan rica como Italia si sus empresas fuesen más grandes

Las compañías tienen 4,6 trabajadores de media, frente a los 5,8 de Italia y muy lejos de los 10,4 de Reino Unido y los 12 de Alemania

Fábrica de calzado en Elda (Alicante)
Fábrica de calzado en Elda (Alicante)

El mayor signo distintivo del mapa empresarial español es también su mayor lastre: España sigue siendo un país de pymes y eso pasa factura a su economía. Si el tamaño medio de sus empresas se acercase al de otros países de su entorno, como Alemania o Reino Unido, el PIB español sería un 15% superior. Así lo afirma una investigación sobre demografía empresarial elaborada por los profesores de la Universidad Complutense de Madrid José Carlos Fariñas y Elena Huergo para la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y que ha sido presentada este jueves. Ese aumento del 15% permitiría a España superar a Italia en renta per cápita.

"Un cambio en la distribución que nos aproximase a los socios grandes de la Unión Europea incrementaría nuestro nivel de productividad [que refleja la eficiencia en la asignación de los recursos] de nuestro país entre un 10% y un 15%", subraya el estudio. Este impacto positivo sobre la productividad se traslada en igual medida al producto interior bruto (PIB), según Fariñas.

"Una parte importante del retraso español en productividad tiene que ver con el tamaño empresarial, que nos aleja de los estándares europeos", inciden los investigadores de la Complutense. En general, las empresas más grandes son más intensivas en capital físico, humano y tecnológico, son más propensas a exportar, acceden más fácilmente a financiación y son más innovadoras. Todos estos factores, además de convertirlas en más productivas, les llevan a ser más resistentes ante las crisis económicas.

En España, la empresa prototípica tiene 4,6 trabajadores, frente a los 5,8 de Italia y muy lejos de los 10,4 de Reino Unido y los 12 de Alemania; las pymes (compañías de menos de 250 trabajadores) son el 99% de las firmas activas y el empleo está especialmente concentrado en las microempresas (aquellas que tienen menos de nueve empleados), el segmento en el que la desventaja relativa de productividad es mayor respecto a las cuatro mayores economías de la UE. "La contribución de las grandes empresas españolas sobre el empleo y el valor añadido total menor que en el caso de las británicas o alemanas", subraya Huergo.

Mayor supervivencia si se invierte en I+D

El estudio sobre la demografía empresarial española también establece una relación causa efecto entre la inversión de las firmas en investigación y desarrollo (I+D) y sus posibilidades de supervivencia futura, de tal forma que las que más se centran en la innovación tienen mayor probabilidad de salir adelante que las que no lo hacen. "Esas empresas son las que menos han sufrido la crisis", apuntala Huergo. La tasa de supervivencia de las empresas es, precisamente, uno de los talones de Aquiles de España: solo cuatro de cada 10 empresas logran sobrevivir cinco años después de su nacimiento y el 20% de las firmas son dadas de alta o de baja cada año.

Entre 2008 y 2014, el periodo que comprende los años más duros de la crisis, el número de empresas españolas cayó en un 10%, hasta los 3,2 millones. De esta cifra, solo la mitad tienen asalariados a su cargo. La criba de la crisis se ha cebado especialmente con las pequeñas y medianas empresas (entre 10 y 250 empleados) que son, a su vez, las más numerosas. "La caída es mucho menor en el caso de las microempresas, porque han nacido muchas otras, y las grandes, que suelen resistir", apunta la profesora de Análisis Económico. Su capacidad de resistencia a las crisis es, a ojos de ambos profesores, una razón más para apostar por las empresas de gran tamaño en detrimento de las compañías más pequeñas.

"El problema es que pocas empresas logran dar el salto de pequeñas a medianas y grandes", explica Fariñas. Las causas de esta incapacidad son múltiples —desde la escasa dotación de capital humano hasta la baja intensidad del capital tecnológico—, pero los firmantes de la investigación se centran especialmente en dos: un intangible como la baja calidad de la gestión empresarial y el marco regulatorio poco propicio. "Partimos de niveles de formación del empresariado muy bajos", sostiene Huergo. Fariñas añade dos datos: "pese a la reciente mejoría, solo la mitad de los emprendedores tiene estudios superiores y menos del 50% ha recibido adiestramiento específico para iniciar un negocio". El nivel de idiomas y la destreza en el manejo de aplicaciones informáticas también es inferior en España.

Para romper con el círculo vicioso de empresas de tamaño reducido, menos productivas y más frágiles ante cambios del ciclo económico, ambos investigadores ponen énfasis en las trabas institucionales que limitan el crecimiento de las pymes. "Pese a las reformas de los últimos años, España sigue lejos de las economías con mejor desempeño en este aspecto y está claramente por detrás de EE UU, Reino Unido, Alemania o Francia", apunta Huergo. "Es lo más fácil de modificar, porque solo habría que cambiar la normativa, y a la vez lo que más trascendencia tiene: eliminar los obstáculos a la iniciativa empresarial e incrementar la facilidad de hacer negocios", zanja.

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