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La reducción de la desigualdad en la región corre el riesgo de evaporarse

El Banco Mundial asegura que el deterioro en los indicadores de empleo constituye una señal de alerta

El Banco Mundial advierte: la creciente presión que sufren los mercados de trabajo en Latinoamérica, donde se empieza a observar un aumento de las tasas de desempleo, puede provocar que los avances "duramente ganados" en la última década pueden evaporarse. Así lo señala su informe de perspectivas sobre la región, que en esta edición pone el acento en la evolución del empleo y los salarios.

El informe, dirigido por el economista jefe de la institución Augusto de la Torre y presentado en el marco de la Asamblea Anual que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial celebran esta semana en Lima, recalca que las elevadas tasas de crecimiento en Latinoamérica en la última década han provocado una sustancial mejora de los indicadores sociales de la región: la pobreza extrema se ha reducido en 12,6 puntos y la pobreza moderada en 4,8 puntos. Un cambio provocado, principalmente, por los avances registrados en el ámbito del mercado de trabajo. De ahí que el deterioro de los indicadores de empleo suponga una señal de alerta para las autoridades regionales, con importantes implicaciones fiscales y sociales para los países.

De hecho, el Banco Mundial subraya que, ante el empeoramiento de las perspectivas económicas para los países emergentes, Latinoamérica afronta dos importantes retos: el incremento de los costes de financiación y su impacto sobre el tipo de cambio y la creciente presión procedente de los mercados de trabajo de los distintos países que amenazan las mejoras obtenidas en la distribución de la renta en la última década.

El fuerte crecimiento de las economías regionales registrado entre 2003 y 2011 provocó un considerable aumento del empleo en la región, "especialmente en Sudamérica" y más aún en los países que registraron mayores tasas de crecimiento (Colombia, Perú y Uruguay). Ese aumento del empleo se explica por la incorporación al mercado de trabajo de jóvenes y mujeres de mediana edad, con todo tipo de formación. El aumento del empleo estuvo acompañado de un fuerte incremento de los ingresos, con un aumento de la retribución salarial a la hora de entre el 35% y el 15%, según los países.

Economía sumergida

La desaceleración que ha sufrido la región desde 2012 ha modificado ese escenario. La tasa de participación se ha reducido un 1,3%, el empleo asalariado ha descendido a favor del autoempleo y las ofertas de empleo de grandes empresas se han visto sustituidas por las de las pymes. Pese a ello, las tasas de paro no han empezado a aumentar hasta hace muy poco, un factor que el Banco Mundial cree que se puede explicar por el aumento de las prestaciones sanitarias, las pensiones no contributivas y los programas de ayudas económicas "que pueden haber reducido el coste de no trabajar, también el coste de hacerlo en la economía sumergida y haber aumentado los beneficios de permanecer fuera del mercado laboral". Los más perjudicados por son los jóvenes, especialmente hombres con baja formación, los que más se han visto expulsados del mercado laboral.

La severa recomposición en el empleo es, a juicio del Banco Mundial, "preocupante". "La vuelta al autoempleo como un factor con peso creciente en la composición del empleo total puede reflejar la sustitución de empleo bien retribuido por empleos con ingresos en niveles de subsistencia", admite el informe. Más aún, la caída en la tasa de participación de empleo juvenil puede anticipar "un modelo nefasto de jóvenes que pierden sus empleos, desincentivados a buscar un nuevo empleo y más propensos a caer presas de actividades criminales y antisociales", subraya el Banco Mundial.

Esos cambios pueden tener importante implicaciones políticas de cara al futuro y provocar un retroceso en la redistribución de ingresos en la región. Como la desaceleración ha expulsado del mercado de trabajo, especialmente, a los jóvenes con bajos salarios, el ingreso medio en la región no se ha visto muy afectado por el frenazo económico, ya que los empleos que permanecen son aquellos mejor retribuidos. Pero, por el contrario, está provocando una creciente desigualdad en los ingresos de los hogares porque son aquellas familias con salarios más bajos, y que en estos años habían logrado incorporar a las mujeres al empleo, las que se están viendo mayoritariamente expulsadas del mercado de trabajo, con el consiguiente impacto sobre sus rentas.

En esas condiciones, el equipo dirigido por Augusto de la Torre hace una serie de recomendaciones a las autoridades, que pasan por el diseño de una red de protección social "bien diseñada" para amortiguar el impacto de la crisis económica. Sin embargo, el Banco considera que el establecimiento del salario mínimo puede mejorar las condiciones de los trabajadores con menor formación en las etapas de crecimiento pero puede debilitar la creación de empleo de baja cualificación durante las fases de desaceleración, como la actual. Finalmente, cuestiona la adopción de políticas fiscales que incentiven las tasas de ahorro privado que, aunque a largo plazo pueden elevar el crecimiento, a corto plazo reducen la demanda privada y, con ello, la distribución de ingresos "al menos, a corto plazo".