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OPINIÓN

Ley de Gresham

Monetizar déficit público emitiendo moneda es algo tan antiguo como

la historia del dinero

Desde las pasadas elecciones europeas Podemos ha moderado sus propuestas económicas. La llegada de Syriza al poder en Grecia ha sido un experimento para comprobar que la reestructuración de la deuda que proponían hace un año dentro del euro sólo es posible con el acuerdo de los socios europeos y del BCE. Tsipras ha renunciado en cuatro meses a sus principios inquebrantables y ha propuesto crear un banco malo para recapitalizar a sus bancos y subir el IVA. Y ha hecho frente a sus pagos religiosamente al FMI sin necesidad de un artículo 135 en su Constitución.

En comunidades autónomas Podemos no va a liderar ningún gobierno. En Ayuntamientos, Manuela Carmena, no es de Podemos pero lidera la coalición en Madrid, ha dicho públicamente esta semana “la deuda hay que afrontarla y pagarla”. Con un buen programa de gobierno y gracias a las compras de deuda del BCE, el ayuntamiento madrileño podrá emitir bonos a tipos bajos y a mayores plazos, para aliviar los vencimientos a corto que heredan tras la ruinosa gestión anterior. Ada Colau en Barcelona y Joan Ribó de Compromís en Valencia han propuesto una “moneda social” para pagar a sus funcionarios. Técnicamente se conoce como IOU pero son más conocidos por patacones que fueron introducidos en Argentina en su crisis de 2001. California usó un IOU tras la quiebra de Lehman Brothers ya que el colapso de los mercados le imposibilitaba emitir deuda. Pero fueron unos pocos meses hasta que los mercados se normalizaron.

Pero monetizar déficit público emitiendo moneda es algo tan antiguo como la historia del dinero. Thomas Gresham en el siglo XVI ya nos explicó que el bimetalismo siempre fracasa. La nueva moneda competiría en el mercado con el euro y siempre la moneda buena es preferida a la mala. América Latina ha tenido numerosos experimentos monetarios que siempre han acabado en desastre. En Argentina llegó a haber 14 patacones en circulación en 2002 y en las gasolineras había 14 precios diferentes para cada uno de ellos. En cuanto la moneda entre en circulación se creará un mercado negro. Los funcionarios querrán cambiar sus sueldos por euros y la nueva moneda perderá valor. Cada mes los funcionarios recibirán el mismo sueldo pero verán como pueden comprar menos bienes con él.

Al año siguiente los funcionarios exigirían subir salarios para mantener su poder adquisitivo y se emitirán más patacones, acelerando la pérdida de su valor en el mercado negro. Así hasta la hiperinflación que provocaría más depresión y pobreza. Los trabajadores que reciban sus sueldos en las nuevas monedas serán los más perjudicados. Pero esta noticia tendría un impacto muy negativo en el exterior y nos afectaría a todos los españoles. Como estamos comprobando en Grecia el poder civiliza. Por el bien de los barceloneses, valencianos y españoles esperemos que estas monedas no entren en vigor y que estas propuestas queden aparcadas como quedó el impago de la deuda que Podemos proponía.