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El ocaso del sistema financiero valenciano

La Comunidad Valencia presumía con Bancaja y CAM de la tercera y cuarta caja de ahorros en España

Sede central del Banco de Valencia.
Sede central del Banco de Valencia. JUAN CARLOS CÁRDENAS (EFE)

La nacionalización de Banco Financiero y de Ahorro (BFA), matriz de Bankia, en el que se había integrado Bancaja, puso la lápida al sistema financiero valenciano. Tan solo unos años antes, la Comunidad Valenciana, con Bancaja y la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), presumía de tener la tercera y cuarta cajas de ahorros de España.

La CAM fue el primer castillo en derrumbarse. Fue intervenida en julio de 2011 y adjudicada al Banco Sabadell con un volumen de ayudas que puede terminar alcanzando los 6.000 millones de euros. Luego cayó el Banco de Valencia, intervenido en noviembre de ese mismo año, que recibió 1.000 millones para reforzar su capital y una línea de liquidez de 2.000 millones de euros y que acaba de ser adjudicado a La Caixa.

Y luego se desplomó Bancaja, que ya había perdido arraigo tras integrarse en la fusión que lideró Caja Madrid. Este martes, Bancaja quedó reducida a una fundación especial cuyo objetivo es mantener la obra social, con la paradoja de que no tiene dinero para ello si no se lo proporciona Bankia.

Hay unanimidad en los motivos que han llevado a la desaparición del sistema financiero valenciano: una gestión deficiente traducida en una irresponsable concentración de riesgo en el sector inmobiliario, que fue generalizada en España, pero alcanzó el paroxismo en el caso valenciano.

Si de cada 100 euros de crédito el sistema bancario español concedió 59 a la suma del sector inmobiliario, construcción y compra de viviendas (hipotecas), las cajas dieron 68, en datos de 2010. El Banco de Valencia, pese a no ser una caja, rozaba ese nivel, con 65,8. En el caso de la CAM, el porcentaje se disparó a 98, del total de 53.000 millones de créditos concedidos por la caja, 52.000 fueron a empresas vinculadas al sector inmobiliario.

Una gestión deficiente traducida en una irresponsable concentración de riesgo en el sector inmobiliario alcanzó el paroxismo en el caso valenciano

El otro elemento en el que coinciden los análisis como causa del desastre es la excesiva politización de las cajas, también extensible al Banco de Valencia, que estaba integrado en el Grupo Bancaja, unida a la falta de diligencia. El hecho de que un expresidente de la Generalitat (José Luis Olivas, quien previamente promovió la ley que disparó el peso de los políticos en las cajas) ocupara la presidencia de Bancaja habla por sí solo.

La Generalitat también dominó la CAM mediante el nombramiento de empresarios afines: primero Vicente Sala (Zaplana) y después Modesto Crespo (Camps). La nueva relación convirtió a las cajas en herramientas financieras del Gobierno autónomo y las llevó a invertir en casi todos los proyectos ruinosos de los últimos años: el aeropuerto de Castellón, la Ciudad de la Luz de Alicante, Terra Mítica o la Ciudad de las Artes y las Ciencias entre otros.