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Jardines con sello de autor

La demanda de proyectos paisajísticos para sacar el máximo provecho a los espacios exteriores y optimizar las inversiones crece entre los propietarios, que pueden gastar hasta 40.000 euros

Jardín diseñado por Fernando Pozuelo en una vivienda de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón.
Jardín diseñado por Fernando Pozuelo en una vivienda de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón.

Los propietarios vuelven a dedicarle tiempo y dinero a sus jardines, tras unos años en los que este gasto ha estado de capa caída. Y lo hacen echando mano de paisajistas que aporten luz y color a sus parcelas, patios o áticos, optimicen sus espacios y rentabilicen sus inversiones de varios miles de euros. "Se nota un repunte de la demanda y una mejora en la valoración del diseño. Durante la crisis los servicios intelectuales han sufrido más que otros bienes tangibles, pero se ve un claro cambio de tendencia", cree Roberto Román, fundador de Un Jardín para Mi, estudio de paisajismo especializado en diseño de jardines urbanos.

Según un estudio realizado por la plataforma online Houzz, más del 58% de los españoles — que se plantean o han realizado una reforma de la zona exterior— contrata a un profesional. Los paisajistas son los más solicitados (17%), seguidos por los jardineros o especialistas en el cuidado del césped (16%). "Se ha perdido el miedo, y lo que antes podía suponer un gasto y un control exhaustivo de cada partida, ahora se ha convertido en un disfrute y una inversión personal", dice el paisajista Fernando Pozuelo, con 20 años de experiencia en el sector.

La mano de estos diseñadores, capaces de deslumbrar con su obra y convencer por su funcionalidad, no pasa inadvertida. Trabajan la vegetación, las formas del terreno, los cauces del agua, las creaciones estructurales o decorativas, así como las condiciones de la luz y el clima. "Planifica y diseña paisajes basándose en las características naturales y en los valores históricos y naturales del lugar", señala José Luis Romeu, vicepresidente de la Asociación Española de Paisajistas (AEP), que cuenta con 267 asociados.

Según el tamaño de la parcela, un diseño profesional cuesta entre 500 y 6.000 euros

"Un jardín en el que ha trabajado un paisajista es equiparable a un interior en el que interviene un decorador", señala Román, para quien un jardín es "una combinación de habitaciones exteriores donde disfrutar de distintas actividades y vistas". Cada especie vegetal, cada material y cada tipo de luz están ahí por algo. Motivo por el que muchos experimentos de bricolaje realizados por el propietario acaban destruidos por el viento, la lluvia y el sol. "Emprender un jardín sin conocimiento o sin la ayuda de profesionales puede dar lugar a cometer errores, diseños poco sostenibles y el uso de plantas invasoras, por no hablar de aquellas plantas con grandes necesidades hídricas que obligan a riegos frecuentes y mantenimientos exigentes. Y todo esto siempre sale caro", advierte el vicepresidente de la AEP, que reclama el reconocimiento legal de la profesión de paisajista en España.

En este rico universo no hay límites, salvo el de la armonía vegetal. "Mis jardines son flexibles y fluctúan de unos estilos a otros: tan pronto puedo estar haciendo uno renacentista con tejos y boj como uno mediterráneo con encina y ciprés, o un jardín hispanoárabe con naranjos y arrayanes. Otras veces son modernos", arguye Fernando Pozuelo.

Jardín en dos niveles con una fuente en una vivienda en Alalpardo (Madrid), diseñado por Un Jardín para Mi.
Jardín en dos niveles con una fuente en una vivienda en Alalpardo (Madrid), diseñado por Un Jardín para Mi.

Los expertos apuestan por plantas de bajo mantenimiento y porte arquitectónico. Una tendencia muy alejada del jardín paisajístico inglés del siglo XVIII, de tipo naturalista, que se ha importado a los países mediterráneos durante siglos sin tener en cuenta las dificultades climatológicas y de riego. Ahora se busca la funcionalidad y la sostenibilidad y, por eso, se llevan "jardines más racionales y se apuesta por la xerojardinería (escoger plantas que requieren poca agua y plantas autóctonas, que están más acostumbradas al clima y necesitan menos cuidados), y la tradición mediterránea, árabe y oriental (china y japonesa)", apunta Román.

Son muchos los diseñadores que consideran que las tradicionales praderas de césped son poco sostenibles. Por ejemplo, una parcela de 500 metros cuadrados consume más de 300 euros mensuales en la factura del agua. "El máximo rendimiento de un jardín se obtiene mejorando la inversión en mantenimiento y la eficiencia del riego", señala Pozuelo.

Además de las especies vegetales, y siempre que las dimensiones de la parcela lo permitan, se pueden crear lugares de reposo y lectura, áreas de sombra, barbacoas, pérgolas, caminos, parterres y cocinas. Entre los usuarios de Houzz, la prioridad a la hora de renovar exteriores es crear salones y comedores. Y uno de cada diez particulares instala cocinas de exterior.

La cuestión del agua

Para los paisajistas es inconcebible un jardín sin agua. "También sirve para definir el estilo, como colchón térmico, de espejo visual, de aljibe, e incluso de área de baño", recalca Pozuelo. Si se incluyen piscinas, una opción pueden ser las naturales, que funcionan como un lago o río. Y tan importante como el agua es la iluminación del jardín: lámparas, farolillos, muebles con luces led o linternas son algunos ejemplos. "Lo importante es elegir un sistema de iluminación que permita regular la intensidad de la luz y crear diferentes ambientes según el momento", indican en el portal Habitissimo. Además de un amplio catálogo de muebles que aportan estilo, los propietarios no perdonan una pérgola. La última moda son las bioclimáticas, que permiten regular la temperatura y la intensidad de luz de la zona que cubren.

Un proyecto de paisajismo para un jardín grande (1.000 metros cuadrados de parcela) cuesta entre 2.000 y 4.000 euros. Para parcelas de 3.000 metros cuadrados, a partir de los 6.000 euros. Con la ejecución de la obra (sin incluir la piscina), el coste final sube a 30.000 o 40.000 euros. En el caso de un jardín pequeño (100 metros cuadrados), el diseño cuesta desde 500 hasta 2.000 euros, y la obra final se sitúa entre los 10.000 y 15.000 euros. Una inversión que revaloriza el inmueble: "Muchos de nuestros clientes nos han dicho que el jardín les ha facilitado la venta en cuanto a plazos. Aumenta el valor de la casa", indica Román.