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MÁRIO CENTENO | Ministro de Finanzas de Portugal

“Europa aplicó una receta errada, parcial e incompleta”

El ministro portugués no cree que la globalización sea la responsable de la crisis, sino las deficiencias de la política

Mário Centeno, ministro de Finanzas de Portugal, el pasado 26 de mayo en Lisboa
Mário Centeno, ministro de Finanzas de Portugal, el pasado 26 de mayo en Lisboa JOAO HENRIQUES / EL PAÍS

Mário Centeno es ahora “el Ronaldo del Ecofin”, según dijo el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, el mismo que hace solo un año amenazaba a Portugal con sanciones. “Ahora es el ejemplo europeo de las reformas”, añadió. El protagonista del cambio portugués es el ministro de Finanzas, un doctor en Economía por Harvard que dejó la cátedra para implicarse hace 18 meses en el Gobierno socialista.

“De la crisis aprendimos que no podemos vivir con instituciones incompletas”

Pregunta. Tras ocho años, Portugal acaba de salir de la lista negra de países con déficits excesivos (donde está España, entre otros). ¿Se vive mejor?

Respuesta. Es algo importante porque revela que Portugal ha ganado credibilidad en sus cuentas públicas. Da a Portugal una imagen de mejoría, aunque debemos mantener el rigor en las cuentas y asociarlo al crecimiento y al empleo.

P. Los sindicatos de la función pública exigen ya un aumento salarial del 2,5%. ¿Qué le parece?

R. Es natural y hasta saludable, pero no podemos perder de vista que en estos procesos nada está garantizado. Si no aplicamos el mismo rigor día a día podemos tener sorpresas desagradables, como tuvimos en el pasado. No podemos correr el riesgo de volver para atrás.

“Rechazamos la reestructuración de la deuda. Pero hay otras soluciones”

P. Tres de las cuatro principales agencias de rating siguen calificando de bono basura la deuda del país. ¿Le preocupa?

R. No reflejan la situación actual de Portugal; no es la economía de 2011. Hay muchos indicadores favorables. Pasamos del 30% de exportaciones del PIB al 42% este año; en el sector privado la deuda decreció 40 puntos porcentuales respecto al PIB. Los fundamentos de la economía portuguesa no se corresponden con la evaluación de la deuda.

P. Usted es muy crítico con las previsiones poco acertadas del FMI, OCDE y Bruselas sobre la economía portuguesa. ¿Cree que son simplemente errores?

R. No ocurre con todos los países. Portugal no cumplía las metas que se proponía durante el proceso de ajuste, lo que creó un cierto escepticismo de esas organizaciones. Eso se puede justificar; pero hay un segundo aspecto más preocupante y totalmente ideológico [el Gobierno socialista depende de las fuerzas anti europeístas Bloco de Esquerda y PC]. Nos enfrentamos a ese combate institucional inadmisible por parte de las instituciones, una desconfianza política sobre nuestra capacidad para aplicar el programa del Gobierno. En ambos casos se equivocaron totalmente.

P. Portugal es ahora el modelo a seguir, según el siempre crítico ministro alemán Schäuble.

R.Las políticas que defendemos son absolutamente adecuadas al momento, y no solo para Portugal sino también para Europa, que está en una crisis de la que es muy difícil salir. Es sintomático que la inversión haya tardado en crecer cinco años desde el momento más grave de la crisis. Esto significa que el problema de Europa no era de producción, sino de demanda. Nos intentaron convencer de que la única solución era la austeridad, que en su conjunto fue excesiva, no necesariamente país a país. Se aplicó un discurso de reformas estructurales que no solo cansó a las personas, sino que impidió el efecto de esas reformas. Europa aplicó una receta errada, parcial e incompleta. Eran necesarias las reformas estructurales, pero acompañadas de estímulos que promoviesen la inversión.

P. ¿La receta errada es causa de los fenómenos populistas?

R. La falta de crecimiento y empleo lleva al crecimiento de las desigualdades y a las rupturas sociales, que vemos en muchos países europeos y también en EE UU.

P. ¿Es culpa de la globalización?

R. Lo más sencillo es siempre culpar a factores externos, ahora la globalización. Los políticos adoran exculparse con factores que no están en su área y la globalización es el recurso fácil para explicar las deficiencias internas de la política. El problema no es la globalización. Felizmente, Europa no consigue vivir sin globalización y sin inmigraciones, porque forman parte de la historia de la humanidad y porque económicamente tienen todo el sentido.

P. ¿Aprendió la zona euro algo más de la crisis?

R. Aprendimos que no podemos vivir eternamente con instituciones incompletas. El euro es muy importante, no debemos culpar a su creación de los problemas que tenemos hoy; debemos culparnos de no haber completado las instituciones que deberían estar ya creadas con el euro, por ejemplo, la unión bancaria y el fondo europeo de garantía de depósitos, pero también la necesidad de que el área del euro tenga una dimensión presupuestaria más importante.

P. Al llegar al Gobierno, su objetivo más urgente era sanear la banca. ¿Ya está conseguido?

R. Teníamos siete grandes problemas y hemos resuelto seis: Banif lo compró el Santander; BCP fue capitalizado; BPI fue comprado felizmente por La Caixa; el mayor banco del país, CGD, se capitalizó con capital público; el Novo Banco ha sido vendido a un fondo americano; y el Fondo de Resolución, con una deuda muy grande por el cierre del Banco Espirito Santo, tiene un préstamo del Estado a pagar en 30 años. Al final tenemos capital español, chino, angoleño y norteamericano invirtiendo en la banca portuguesa. Eso es único en Europa.

P. ¿Y el séptimo problema?

R. Es el crédito impagado. La solución no pasa por la banca solo sino por la recuperación de empresas. En Portugal no tuvimos una burbuja inmobiliaria ni de impagos hipotecarios; el problema fue la morosidad de las empresas, no de las familias. Estamos legislando para facilitar la capitalización de las empresas, pero antes había que sanear los bancos.

P. Ahora los organismos internacionales miran hacia su deuda, que supera el 130%.

R. Es muy importante bajarla no solo por deber menos, sino porque el descenso de deuda conlleva siempre crecimiento económico. Por ese motivo es nuestra gran preocupación; en el contexto actual, la deuda es sostenible; aún así proyectamos bajar tres puntos cada año durante los próximos diez hasta dejarla en el 100% del PIB.

P. Sin embargo, su partido y sus socios del Bloco de Esquerda estudian cómo reestructurar la deuda. ¿Está de acuerdo?

R. La reestructuración es un proceso difícil porque se pierde la confianza de los acreedores. Nosotros rechazamos ese camino; pero es muy bueno estudiar diferentes alternativas. Hay soluciones ya aplicadas, como la devolución anticipada del crédito del FMI. La discusión más profunda tiene que ponerse en un contexto europeo.