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Los nuevos caladeros del arte

El auge de las ventas privadas, los compradores asiáticos, las transacciones ‘online’, Facebook e Instagram dan respuesta al enfriamiento del mercado en Europa

Un hombre se fotografía junto a Miss ko2, una escultura del artista japonés Takashi Murakami en una subasta de Christie´s en Hong Kong
Un hombre se fotografía junto a Miss ko2, una escultura del artista japonés Takashi Murakami en una subasta de Christie´s en Hong Kong

En el mercado del arte no tiene lugar ni la memoria ni la melancolía. Sólo había un sitio en el que un coleccionista podía pujar por la túnica de Lawrence de Arabia o pagar 30.000 libras por un cráneo de un plesiosauro. Sin embargo, la casa de subastas Christie’s ha anunciado el cierre de su sala de South Kensington en Londres. Abierta desde 1975, era un lugar donde comprar minerales, meteoritos o memorabilia. Pero la tramontana de la globalización se la ha llevado por delante. Vendía objetos demasiado baratos para una ciudad donde el coste de la vida anida en los cielos. Ajeno al recuerdo, el negocio ha encontrado nuevos yacimientos en el mercado asiático, las ventas privadas, las plataformas digitales y las posibilidades de promoción de Instagram o Facebook.

De este nuevo mundo se han dado cuenta Heritage Auction, Christie’s, Sotheby’s y Phillips, las cuatro casas de pujas más potentes del planeta. Tampoco resulta una sorpresa, solo hay que leer los números. Las ventas globales de arte cayeron un 11% entre 2015 y 2016. Pasaron de 63.276 millones de dólares (57.500 millones de euros) a 56.621 millones. Transitaron de la opulencia a la preocupación. El año pasado Christie’s vendió 4.000 millones de libras en arte y objetos de colección. Una bajada del 16% frente a 2015. En idéntico periodo, Sotheby’s vio cómo sus beneficios netos se dejaban el 30%. De 143,1 millones de dólares a 99,6 millones. Suficiente para iluminar las luces rojas.

La búsqueda de nuevos nichos ha impulsado una oleada de adquisiciones de empresas en el sector

Urge diversificar el negocio y las casas sueltan lastre y se vuelcan en el 1% de la población mundial que puede colgar un picasso o un goya en el salón. Los precios garantizados (asegurar una cantidad mínima al propietario) se han convertido en una rareza y crecen las ventas privadas. El año pasado en Christie’s lo hicieron un 25%; en Phillips, el 19%, y Sotheby’s también vive dobles dígitos. “Los clientes que tienen obras de calidad de museo prefieren la discreción. Por esta vía cambian de manos en España sobre todo maestros antiguos [Velázquez, Zurbarán, Goya], pues como no se pueden exportar tienes que venderlos dentro”, reflexiona Aurora Zubillaga, consejera delegada de Sotheby’s España. La mayor transacción conocida en 2016 de este tipo fue la compra por 160 millones de euros de los retratos de boda de Marten Soolmans y Oopjen Cop­pit, de Rembrandt. La operación —a través de Christie’s— la cerraron el Louvre y el Rijksmuseum de Ámsterdam. Una alianza obligada. O sumaban caja o resultaba imposible luchar contra multimillonarios como Agnes Gund. La filántropa utilizó idéntico camino para pagar 150 millones de dólares por Masterpiece, una icónica tela de 1962 de Roy Lichtenstein.

Agitación en el sector

La búsqueda de esos nuevos caladeros ha provocado que el sector se agite. Sotheby’s compró Orion Analytical, dedicada a la autentificación de obras de arte (una respuesta al elevado número de falsificaciones); adquirió también la firma Mei Moses Art Indices, especializada en analizar subastas, y contrató a Christy MacLear, director ejecutivo de la Fundación Robert Rauschenberg, para lidiar con el conflictivo paisaje de los herederos. Mientras, Phillips incorporó a Miety Heiden, Vivian Pfeiffer y Clarice Pecori con el fin de “incrementar las transacciones privadas”, apunta Dina Amin, responsable en Europa de arte contemporáneo y siglo XX. En esta inercia de altas y bajas, Brett Gorvy, una institución en arte de posguerra y contemporáneo, y Marc Porter, presidente de la región de las Américas, abandonaban Christie’s tras 20 años en la casa.

Con un mercado europeo enfriándose y EE UU inmerso en la incertidumbre de Trump, la geografía guía las pujas hacia Asia. El ejercicio pasado el 19% de los nuevos clientes de Christie’s procedían de esta región. “Tienen apetito por el arte occidental, sobre todo por pinturas de Rothko, Monet, Borremans o De Kooning”, desgrana Guillermo Cid, director de arte contemporáneo de Christie’s en España. La casa ha abierto oficinas en Pekín y Shanghái. Además, las ferias son habituales en la región. En Hong Kong ya se celebran tres cuando hace 10 años no había ninguna. El arte va donde está el dinero, y Asia (según un trabajo del banco UBS y la consultora PwC) genera un multimillonario cada tres días.

De momento, el 79% de los que compran arte en Internet gasta menos de 4.500 euros

Junto a la geografía la gran esperanza del mercado es el espacio digital. En 2016 la compra online de piezas contabilizó, acorde con Hiscox, una aseguradora especializada en este sector, 3.750 millones de dólares. Un 15% más que durante 2015. La industria ha sumado tecnología y juventud y le da un álgebra perfecta para ampliar el negocio. El año pasado este segmento creció en Christie’s el 109% y generó 49,8 millones de libras. El 1% de sus ventas totales. Es poco, pero es un comienzo. Un crecimiento igual de explosivo (300%) ha vivido Phillips, a quien le ha sentado bien su alianza con plataformas como Artsy, eBay o Invaluable. Desde luego “quedarán muy pocas de esas estructuras dentro de cinco años”, prevé Gonzalo de la Puente, mánager de la división de arte de Hiscox en España.

Pero son la gran esperanza. “Es el futuro del coleccionismo”, argumenta Osman Khan, fundador del portal de subastas ­Paddle8. “Al contrario que las casas de pujas tradicionales, cuya prioridad son los récords, todo nuestro negocio se centra en optimizar la experiencia digital”. Sin embargo, comprar arte no es viajar en Uber o alojarse en Airbnb. A los coleccionistas les gusta sentir las obras, no su imagen digital. “Prefiero ver la realidad de las piezas porque hay sensaciones que solo transmite el directo”, comenta Francisco Bocanegra, coleccionista de maestros antiguos. Aunque esto está cambiando y al final tal vez sea, como reconoce Paco Cantos, otro recolector de arte, “un prejuicio”. Aunque compartido. El 79% de los coleccionistas, asegura Hiscox, que compran a través del canal online adquieren obras por menos de 4.500 euros. Un precio bajo para este mundo.