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Las tortillas mexicanas son de Madrid

Una pequeña empresa familiar produce y distribuye productos del país americano en Europa

Cadena de preparado de La Reina de las Tortillas, en Madrid
Cadena de preparado de La Reina de las Tortillas, en Madrid

El sonido de la máquina es ensordecedor: tric, trac, tric, trac, tric, trac. El rechinar de sus movimientos metálicos da la impresión de que en sus entrañas se elabora una dura pieza de acero curtido. Pero no es así. Un olor de maíz, mezclado con cal viva, recién hervido y molido delata el artilugio. En su interior se cocina uno de los alimentos típicos de la gastronomía de México: tortillas, esos pequeños discos planos y delgados imprescindibles en la dieta de ese país. El aparato fue traído a Madrid desde León, Guanajuato, y ha contribuido a la expansión de la cocina azteca por Europa. Delfina Solorio (Atotonilco el Alto, Jalisco, 1946) y sus cuatro hijos se encargan de poner a trabajar este ingenio que produce al día más de 600.000 tortillas que se exportan a 25 países del Viejo Continente.

"El éxito ha sido brutal", afirma Adriana Aceves, una de las hijas de Solorio y administradora de la empresa, La Reina de las Tortillas. La firma familiar, nacida en Madrid como un emprendimiento casero en 2004, ha saciado el hambre de este producto en el mundo de la restauración azteca, que hasta hace una década era prácticamente imposible de encontrar en este lado del Atlántico, en donde solo se servían tortillas de trigo. "En los últimos cinco años, la facturación se ha multiplicado por seis y no paramos de crecer", asegura Aceves.

Todo se inició cuando Solorio visitó a uno de sus hijos que estaba viviendo en la capital española. Una noche, acudió al restaurante mexicano donde él trabajaba. "Pedí unos tacos al pastor [tortilla acompañada de carne de cerdo que se prepara con un marinado de especias] y me los pusieron con tortillas de trigo", narra. El pecado no lo olvida. En México se sirven únicamente con tortillas de maíz. "¿Esto qué es? ¿Cómo me traes a cenar aquí?", fue el reclamo que hizo.

A la sombra del gigante

El mercado mundial de la tortilla está en manos de Gruma. La firma mexicana, fundada en 1949 en el norte del país latinoamericano, se ha expandido por casi todo el planeta. Su producto estrella es la harina de maíz y llegó en el año 2000 al Viejo Continente. En España, la empresa (que globalmente factura casi 1.000 millones de euros) se ha instalado con fuerza. En los últimos años adquirió dos grandes fábricas de productos mexicanos: Azteca Foods y Mexifoods. Con dichas compras suma ya una docena de plantas de producción en Europa. Pero para La Reina de las Tortillas, este monstruo empresarial no es competencia. "Nuestro producto va más a lo artesanal", detalla Adriana Aceves, administradora de la firma. "Ellos hacen Tex-Mex [comida que consumen los mexicanos en el sur de Estados Unidos], nosotros comida auténticamente mexicana", concluye.

Al día siguiente fue en busca de Maseca, una marca de harina de maíz que vende por todo el mundo la multinacional mexicana Gruma, y se puso manos a la obra. "Preparé unas tortillas y le dije a mi hijo que se las llevara al restaurante", rememora. "El dueño del bar se quedó impresionado... Estaban hechas a mano y se parecían a las de México. Así empecé. Hacía unas 40 al día". El boca a oreja corrió como dinamita y la demanda superó a la oferta.

"Todos los restaurantes mexicanos se enteraron de que había una señora que hacía tortillas de maíz a mano... De 40 pasamos a hacer 600 al día. Todo en menos de medio año", comenta. "Las cocíamos en una paellera, a falta de un comal [un disco delgado de metal o barro en donde se cuece este alimento], y las empaquetábamos en papel de aluminio". Entonces, el negocio dio un giro inesperado. Un par de agentes de la policía detuvo a uno de los hijos de Solorio, que iba de bar en bar repartiendo el producto por Madrid, sin tener la licencia para producir alimentos. "Nos asustamos, y como el negocio iba bien creamos una pequeña fábrica", dice la dueña del negocio.

Pero no querían depender de materia prima producida por Gruma. La familia buscaba hacer las tortillas de la manera tradicional, empleando la nixtamalización: un proceso milenario, mediante el cual se cuece el maíz con agua y cal. "No sabíamos cómo se hacía. Pero como crecí en el campo, más o menos me acordaba como lo hacía mi abuelita. Aprendimos sobre la marcha", indica Solorio. A la par, compraron una máquina, por 30.000 euros, para hacer tortillas. Varios amigos mexicanos, radicados en Madrid, financiaron el alquiler de una nave en un edificio industrial, ubicado en el barrio de Cuatro Caminos.

Delfina Solorio, fundadora de La Reina de las Tortillas.
Delfina Solorio, fundadora de La Reina de las Tortillas.

"Cuando llegó la máquina la enchufamos a la corriente y se quemaron los motores", recuerda Adriana Aceves, que se integró al negocio en 2006. "No caímos en que el voltaje mexicano era distinto al europeo", relata. A pesar del desliz, los integrantes de la firma no perdieron el ritmo. "Los pedidos se incrementaban mes con mes. En ese entonces hacíamos cinco toneladas de tortillas. Ya no solo las querían en Madrid, las pedían en Barcelona y en otras ciudades de España", cuenta Aceves.

Salto internacional

La empresa dio el salto internacional en 2009. A París llegó su primer envío. Y no pararon. Ahora exportan a casi toda Europa. Reino Unido es uno de los países en donde más se demanda el producto. "Del total de la producción, vendemos al exterior entre un 15% y un 20%. La mayor parte del negocio está entre Madrid y Barcelona", subraya Aceves. Para 2015, la firma ya tenía dos máquinas para hacer tortillas. Tuvieron que contratar a más personal (pasaron de 15 a 27 trabajadores) y se mudaron a una nave más grande en el sur de Madrid. "El negocio siempre ha ido por delante. Nunca hemos dado a basto con la demanda", detalla Solorio.

"Gran parte de los restaurantes mexicanos que están abriendo en España saben que tendrán éxito porque pueden acceder a tortillas 100% hechas de maíz", asegura Aceves. Pero aún no está satisfecha. "Me gustaría ser un precedente de la comida artesanal mexicana en Europa y que los europeos vean las tortillas como una opción, como si fueran a comprar el pan".