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Viajes entre puertas que se cierran

El sector turístico teme casi tanto al terrorismo como a la tentación de restringir los cruces fronterizos para evitarlo

Protesta contra la prohibición de viajar de Donald Trump, en Washington.
Protesta contra la prohibición de viajar de Donald Trump, en Washington. Reuters

El pasado 27 de enero, a los pasajeros procedentes de siete países musulmanes les prohibieron embarcar o, en algunos casos, fueron retenidos en aeropuertos estadounidenses. De un plumazo, el presidente Donald Trump había cerrado las fronteras "por razones de seguridad".

Es la clase de escenario que preocupa al sector turístico internacional, máxime cuando, en palabras del secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai, "estamos en un mundo en el que viajar ha dejado de ser la actividad banal de unos privilegiados. Es un derecho humano y hay que defenderlo como tal. Los terroristas quieren que desconfiemos, que no viajemos".

En la cumbre global de la patronal del sector, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el presidente saliente de la organización, David Scowsill, puso negro sobre blanco las preocupaciones de la industria. "Los Gobiernos están cuestionando algunos de los principios de libertad de movimientos de los que tanto dependen nuestros negocios".

Las cifras coinciden con Scowsill. Un estudio de la Asociación Global de Viajes de Negocios (GBTA, en sus siglas en inglés) estimó a principios de marzo que la prohibición de viajar de Trump (suspendida al poco tiempo por los tribunales) le había costado al sector 185 millones de dólares en reservas no realizadas por la incertidumbre. La página web Kayak registró una caída de más de un 50% en las búsquedas.

Esto se suma al efecto en las reservas de atentados terroristas como los de París y Estambul, dos destinos turísticos de primer orden. "Tuvimos que reacomodar 1,2 millones de noches de hotel en Turquía en Europa Occidental en unas semanas", explica Peter Fankhauser, consejero delegado de la agencia de viajes Thomas Cook.

Distintas reacciones

Pero para Laurens van den Oever, director de marketing de la consultora ForwardKeys, la respuesta de los visitantes varía dependiendo del lugar y del atentado. "Las reservas tardaron 30 semanas en recuperarse tras los atentados de París y Bruselas", explica. "En Niza fueron 15 semanas, y en Berlín y Westminster no hubo prácticamente efecto". También varía por país de origen. "Los chinos no dejan de viajar: cambian de marcha y de destino", relata. "Con los atentados de París, simplemente se fueron a otras ciudades europeas. Con la crisis de los misiles en la península de Corea se marchan a otros países del sureste asiático".

¿Cómo se explica esta respuesta? Robert Kenyon es un consultor al que recurren empresas y Gobiernos para orientar su reacción en situaciones de crisis como accidentes o atentados. "Los ataques tienen malas consecuencias. Somos humanos y nos gusta la rutina, y una bomba o un desastre natural son rupturas de esta rutina", señala. "Pero las reacciones de los Gobiernos y las instituciones pueden multiplicar el efecto. El juicio que hacen las personas no es por lo que ha ocurrido, sino por la respuesta que damos, que es de lo que tenemos el control".

"Lo fundamental es cómo trabajamos con la percepción del miedo", considera Jeffrey Rutledge, consejero delegado de AIG Travel. "Mi principal preocupación es cómo tratamos los temas más pequeños, porque muestran luego cómo tratamos los grandes". Rakesh Sarna es consejero delegado de Indian Hotels, propietarios del hotel Taj Mahal de Bombay, víctima de un atentado en 2008. "La clave es ser amable. Hay que estar preparados, responder rápidamente y siempre contar la verdad".

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