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El proteccionismo de Trump amenaza también al biodiésel argentino

La apertura de una investigación por dumping en Estados Unidos frena las exportaciones de biocombustible argentino a ese país

Argentina
Un tractor cosecha soja en un campo de la provincia de Buenos Aires. Reuters

El biodiésel es el principal producto argentino exportado a Estados Unidos. En 2016, el país suramericano envió al norte la cifra récord de 1,5 millones de toneladas de este combustible obtenido de la soja por valor de 1.200 millones de dólares, que representaron el 90% de sus exportaciones globales de biodiésel. Pero los productores locales ahora contienen el aliento ante la brusca interrupción de nuevos contratos. Después del freno decretado por la Administración de Donald Trump a los limones argentinos, temen ser la nueva víctima del proteccionismo estadounidense. El mes pasado, la entidad que agrupa a los productores de biodiésel en Estados Unidos, la National Board Biodiésel (NBB), presentó una denuncia por dumping contra Argentina ante el Departamento de Comercio, que ha abierto una investigación y debe definirse el próximo 8 de mayo. La industria local, respaldada por el Gobierno de Mauricio Macri, busca rebatir esta acusación, que presupone que Argentina vende por debajo del coste de producción y compite así deslealmente con la industria estadounidense. Pero hasta que el Gobierno de Trump se pronuncie, los productores ven con preocupación el desplome del las exportaciones.

"Ha habido una importante reducción en los volúmenes de compra", admite a EL PAíS Gustavo Idigoras, asesor en Asuntos Internacionales de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), sin dar cifras concretas. "Cuando se abre una investigación los importadores piensan dos veces cuánto y a quién van a comprar para reducir un riesgo eventual de tener un derecho de importación mayor cuando el barco llegue", señala Idigoras. En promedio transcurre al menos un mes y medio entre que se firma la venta y el cargamento de biodiésel llega a las refinerías del sur estadounidense, las principales receptoras de este combustible. Por ese motivo, los barcos que salen estos días de los puertos argentinos contienen biodiésel que fue comprado antes de que el Departamento de Comercio recibiese la denuncia sobre su mesa.

Las exportaciones se han visto también frenadas por un segundo factor, el retraso de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA, en sus siglas en inglés) en prorrogar el beneficio fiscal del que gozaron las refinerías estadounidenses hasta el pasado diciembre. Hasta fines del año pasado, el sector recibía cerca de 1 dólar por galón (3,8 litros) de biodiésel mezclado con combustible fósil. El asesor de Carbio supone que el crédito fiscal se mantendrá, pero sugiere que puede haberse retrasado por la polémica designación del nuevo titular de la EPA, Scott Pruitt. Los demócratas se opusieron al nombramiento de este firme defensor del petróleo y escéptico del cambio climático, pero finalmente fracasaron en su intento por vetarlo en el Senado.

Las trabas estadounidenses a la exportación de limones argentinos y la investigación en curso sobre el biodiésel formarán parte de la agenda bilateral que discutirán Macri y Trump en su primera reunión como mandatarios de Argentina y Estados Unidos, según confirmaron fuentes de Agroindustria. El encuentro tendrá lugar en Washington el próximo 27 de abril.

Con la vista puesta en la UE

La industria argentina de biodiésel se muestra relativamente optimista frente a la denuncia interpuesta por sus colegas estadounidenses ante el Departamento de Comercio. Su principal carta es el fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de Argentina del pasado octubre. El organismo desestimó la denuncia por supuesto dumping presentada por la Unión Europea (UE) un par de años atrás, cuando decidió cerrar sus fronteras al biodiésel argentino y obligó a la industria local a buscar nuevos mercados. Idigoras confía en que las exportaciones a Europa se reanudarán en el segundo semestre, aunque duda que la UE vuelva a ser el principal destino del biocarburante argentino.

En caso de un revés administrativo en Estados Unidos, la Cámara Argentina de Biocombustibles advierte que varias plantas podrían suspender sus actividades y tendría un impacto negativo también en el valor de la soja en el mercado. Por eso, intenta convencer al Gobierno para que incentive el consumo interno a través de un aumento del corte obligatorio de biodiésel en todos los vehículos, es decir, la cantidad de este biocarburante que deben incluir el combustible provisto por las estaciones de servicio. Otros grandes países productores de biodiésel, como Indonesia y Brasil, tienen un corte del 30 y del 20%, respectivamente, frente al 10% en Argentina. Esa medida beneficiaría al mercado local, que en la actualidad ronda el millón de toneladas anuales, pero sería insuficiente para asumir toda la capacidad productiva del país, enfocada desde sus inicios en la exportación.