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El Sur también existe

Los “siete enanitos” meridionales recuperan la receta para la unión económica europea

Cumbre de los países del sur de Europa en Madrid, este lunes.
Cumbre de los países del sur de Europa en Madrid, este lunes.

La cumbre de los siete países europeos del Sur celebrada el lunes en Madrid promete. Porque es ya la tercera. Porque se ha unido España —la tercera potencia del grupo—, con ganas: el mismo Mariano Rajoy que inasistió a la primera (9/9/2016) ha sido ahora un buen anfitrión. Y porque fraguó propuestas comunes.

Las más sustanciales son económicas: acelerar la unión bancaria, apostar por la convergencia fiscal, establecer un presupuesto común de la eurozona y mutualizar la deuda mediante eurobonos.

Aunque faltaron los (decisivos) detalles, el programa de aumentar la integración europea lo avalan argumenos sólidos: los mismos que asisten a los cinco presidentes y al Parlamento Europeo en su clamor por una unión fiscal, clave para completar la económica.

Y lo sustentan también argumentos de peso (político, social y moral): la coherencia europeísta del subgrupo, el que más la exhibe entre los distintos de la UE, precisó el mandatario maltés; el compromiso con la UE, pues todos son miembros del euro; y una hoja de servicios y sacrificios durante la crisis más que tangible. Perdieron en conjunto 3,4 puntos del PIB entre 2008 y 2016, más/menos los mismos que ganó el grupo de cabeza, el Norte. Por no hablar de desempleo, desigualdad y niveles de bienestar.

Ahora bien, una cosa es que tengas la razón, y otra distinta, que te la reconozcan. Para lograrlo, en Europa se necesitan al menos tres requisitos. El primero es una coyuntura económica favorable. Pues en fases recesivas el personal va a la suya y el europeísmo se retranquea, mientras que los períodos expansivos incentivan el integracionismo.

¿Es favorable el momento? Parece, si bien con cautela. Las previsiones de invierno de la Comisión alertaban el 13 de febrero de que por efecto de la doble recesión y la “lenta recuperación consiguiente”, consumidores y empresarios habían “ajustado sus expectativas a una nueva normalidad más modesta”. Pero al cabo, el primer trimestre acabó en un crecimiento del PIB del 0,6% —ritmo superior al 2%, el mejor en seis años—, un paro inferior al 10% y una inflación interanual del 2%. Y el BCE ha elevado al 1,8% su previsión de alza del PIB de la eurozona para este año.

El segundo requisito es político. Un subgrupo de la UE nunca triunfa si no convierte en transversales sus propuestas. La expectativa electoral de 2017 otea riesgos (populismo), pero también oportunidades para un impulso integracionista en el Norte, a recuelo de Holanda. Un tándem Merkel/Shultz (o a la inversa) en Berlín y un Macron en el Elíseo voltearían el escepticismo funerario.

Y el tercero es cierto clima general. Ahí, la escapada de Reino Unido incentiva la búsqueda de misiones no meramente reactivas para la eurozona; el rechazo al trumpismo debiera favorecer la cohesión; el deseo de neutralizar al extremismo pide acción.

Si los siete enanitos, que todavía son políticamente eso, quieren ser gigante, les hará falta un Sabio: liderazgo.

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