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Los 30 kilómetros que simbolizan el retraso del corredor mediterráneo

El tramo inacabado en La Encina uniría el tráfico de mercancías de Murcia, Alicante, Valencia y Castellón

Miembros de la Asociación Valenciana de Empresarios, en La Encina (Alicante) en diciembre.
Miembros de la Asociación Valenciana de Empresarios, en La Encina (Alicante) en diciembre.

Apenas 30 kilómetros de vía férrea no construidos impiden conectar Murcia, Alicante, Valencia y Castellón por AVE y dar un impulso al tráfico de mercancías. La Encina, una pedanía del municipio alicantino de Villena con 112 habitantes censados, situada entre la meseta y la costa, se ha convertido en símbolo del retraso en la ejecución del corredor mediterráneo ferroviario, la infraestructura que debe facilitar las exportaciones del litoral este y sur español al centro de Europa.

El presidente de Mercadona, Juan Roig, y otros miembros de la Asociación Valenciana de Empresarios han elegido La Encina, surgida a mitad del siglo XIX alrededor de una estación de tren, como punto de encuentro anual desde donde reclamar la finalización de la obra. La reivindicación del lobby valenciano, en alianza con organizaciones empresariales de Cataluña, Murcia y Andalucía, ha ido ganando intensidad. En noviembre, un centenar de empresarios se reunieron en Valencia. En febrero fueron 300 en Tarragona. En marzo se han congregado más de 500 en Murcia. Y en abril, en Almería, los organizadores esperan alcanzar el millar.

“El mensaje que estamos lanzando es que hay que completar la España radial con la España circular. Y que no hay mejor manera de vertebrar el país que conectándolo. El beneficio del corredor, además, no es solo para las comunidades mediterráneas, sino para el conjunto de España”, afirma Diego Lorente, secretario general de la Asociación Valenciana de Empresarios.

El corredor mediterráneo —de Algeciras (Cádiz) a la frontera francesa— persigue conectar por AVE las comunidades del litoral. Y, además, potenciar la exportación de mercancías, implantando un ancho de vía internacional. España apostó en su día por el llamado ancho ibérico nacional, que es mayor que el que funciona al norte de los Pirineos. Obliga, al llegar a la frontera con Francia, a cambiar los ejes de los vagones españoles para que puedan continuar hacia el norte o a traspasar las mercancías a un tren de ancho internacional. Unas operaciones que cuestan tiempo y dinero.

Tener ancho internacional a lo largo del arco mediterráneo favorecerá las exportaciones a Europa. Las de productos perecederos, como los hortofrutícolas, pero también de otros bienes. La fábrica de Ford en Almussafes (Valencia), por ejemplo, cuenta con una estación de tren dentro de la planta que está siendo adaptada al ancho internacional.

La obra pendiente en torno al núcleo ferroviario de La Encina no es la única laguna del corredor —para las mercancías es mucho más importante la de Castellón a Castellbisbal, en Barcelona—. Pero ha sido elegida por los empresarios porque, según el Ministerio de Fomento, está concluida en torno al 90%. Pero no se espera que esté operativa hasta 2019.

El camino hacia el sur de La Encina está despejado. El AVE a Murcia entrará en funcionamiento a final de año, según el ministerio, conectando con la línea que ya une Madrid con Alicante y pasa junto a La Encina.

El obstáculo está hacia el norte. En concreto, en los 30 primeros kilómetros del trayecto entre La Encina y Valencia. En ese tramo funciona ahora una vía doble de ancho ibérico nacional. Pero se trata de una plataforma susceptible de ser readaptada.

“Es fácil de realizar porque las traviesas son polivalentes y permiten pasar de un ancho a otro. Se trata básicamente de desclavar los carriles de su posición actual y volverlos a clavar en ancho internacional y modificar la catenaria a 25.000 voltios en corriente alterna”, explica Francisco García Calvo, secretario general adjunto de Ferrmed, el lobbyeuropeo que impulsa los corredores ferroviarios. La plataforma podría de ese modo transportar mercancías listas para cruzar la frontera francesa sin detenerse. Y permitir el paso del AVE desde Murcia a Castellón.

Para dar ese paso es necesario desviar el tráfico de ancho ibérico a una antigua vía que corre en paralelo y que Fomento ha recuperado casi por completo. A falta de 30 kilómetros.

Grandes empresarios forman un frente común por el tren

La reivindicación empresarial del corredor mediterráneo ferroviario, que va en paralelo a la que vienen realizando los gobernantes de Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares, tiene como rostro más conocido a Juan Roig, presidente de Mercadona. Roig es dueño de una de las principales compañías de distribución, —la suya está entre las cincuenta primeras del mundo, según una reciente clasificación de Deloitte— pero el corredor no representa una necesidad para la cadena de supermercados, centrada en España y en su expansión a Portugal. Su implicación se enmarca, según un portavoz de la empresa, en un “compromiso social” que no es de carácter regional o autonómico. Roig está convencido de que España en su conjunto se verá beneficiada por la materialización del proyecto.

El presidente de Mercadona ha asistido a los encuentros empresariales en Valencia, Tarragona y Murcia para reclamar la infraestructura. En febrero, además, se reunió con el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, para tratar la marcha de las obras, junto al presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), el naviero Vicente Boluda. También en febrero, De la Serna fue invitado, a la asamblea general de AVE. El ministro aseguró allí que el corredor era una “infraestructura prioritaria” para el Gobierno. Fomento ha ejecutado 13.500 millones de los 17.000 presupuestados en el corredor.

Aunque Roig es el más famoso, a la última cita reivindicativa en Murcia asistieron 500 empresarios, entre ellos José Ignacio Goirigolzarri (Bankia), Artur Carulla (Agrolimen), Marc Puig (del grupo de perfumería Puig), Tomás Fuertes (El Pozo), Josep Tarradellas (Tarradellas), Clemente González (Alibérico), José García-Carrión (García-Carrión), Fernando Roig (Pamesa), Pedro López (Chocolates Valor) y Boluda.

Los empresarios subrayan la relevancia estratégica de la infraestructura para la economía y la cohesión social del país, ya que los territorios afectados por la construcción de esta infraestructura suponen el 50% de la población española, el 45% del PIB, el 47% del tejido productivo y el 46% del empleo.