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'IN MEMORIAM'

Imposible, pero probable

Kenneth Arrow fue galardonado con el Nobel de Economía en 1972

Kenneth Arrow, premio Nobel de Economía en 1972 nacido en Nueva York y que falleció el pasado 21 de febrero en Palo Alto, California, con 95 años, desarrolló, entre otros programas de investigación, la teoría de la elección social, la cual aborda cuestiones fundamentales en el estudio de la política. Su teorema de la imposibilidad demolió una confianza ingenua en la capacidad de las instituciones políticas de garantizar resultados eficientes que satisfagan las preferencias de los ciudadanos.
Según el teorema de Arrow, ninguna regla de decisión puede garantizar resultados que cumplan algunos requisitos de equidad aparentemente simples, ya que todas las reglas son vulnerables a la manipulación por los votantes y los líderes y pueden producir resultados socialmente ineficientes. Por ejemplo, una coalición de minorías puede apoyar un paquete de políticas públicas y hacerlas ganar en votaciones por mayoría, aunque cada una de esas políticas podría ser rechazada por una mayoría si se votaran por separado.


Esto es lo que suele ocurrir, en particular, cuando solo se vota una vez para elegir un partido de gobierno que tenga capacidad de aprobar nuevas leyes y políticas sobre múltiples temas. Muchos votantes pueden apoyar al partido en algunos temas, como, por ejemplo, la política de impuestos y la política exterior, y votarlo aunque estén en desacuerdo, pongamos por caso, con su política escolar o de libertades individuales. En respuesta, otro partido puede ganar las elecciones con los mismos votantes con las mismas preferencias si consigue llamar la atención sobre las políticas culturales y morales, aunque muchos de ellos estén en desacuerdo son sus propuestas económicas o internacionales. Y así sucesivamente.


Algunos le han malentendido y han querido atribuir a Arrow la imposibilidad de que existan decisiones colectivas eficientes. Esto sería absurdo, ya que, por ejemplo, la regla de la mayoría produce resultados inmejorables si solo se vota sobre un tema en el que solo hay dos alternativas a elegir y el número de votantes es impar. Aunque algunos estudiosos ya se habían dado cuenta, como, por ejemplo, el francés Nicolas de Condorcet en el siglo XVIII, el descubrimiento con más trascendencia de Arrow fue que la regla de la mayoría no garantiza que las cosas sean siempre tan transparentes y la mayoría ganadora realmente responda a las preferencias de la mayoría de los votantes en todos los temas, lo cual impulsó los esfuerzos de muchos académicos para diseñar nuevas instituciones y reglas de votación.


Así, una de las líneas de investigación promovidas por la teoría de la elección social intenta evaluar el desempeño relativo de diferentes reglas institucionales para satisfacer las preferencias de los ciudadanos. El teorema de la imposibilidad nos dice que es imposible garantizar que siempre se produzcan resultados estables y eficientes. Como en el final de la famosa película de Hollywood, hoy sabemos que “nadie es perfecto”. Pero ciertamente algunos son más imperfectos que otros. No solo es posible tomar, a veces, decisiones estables y socialmente eficientes con algunas reglas, sino que ciertas reglas producen decisiones ineficientes con más frecuencia que otras. En un mundo de incertidumbre, la probabilidad de eficiencia social puede ser una guía útil para la evaluación y el diseño de las instituciones políticas.


Más que obsesionarse con la imposibilidad de que todo salga siempre bien, el mismo Arrow acabó concediendo que era más interesante estudiar las condiciones de la posibilidad de obtener resultados aceptables. En general, en los regímenes democráticos pluralistas basados en electorados complejos, las reglas de votación incluyentes, la división de poderes y los gobiernos de coalición tienden a producir resultados socialmente eficientes con más alta probabilidad que las instituciones contrarias, es decir, que las instituciones que permiten formar un gobierno basado en una minoría de los votos y facilitan la concentración del poder.
El año 2016 fue fecundo en ejemplos de este último tipo de resultados, lo cual indica que las preguntas abiertas por la teoría de la elección social continúan siendo muy pertinentes y las soluciones todavía se encuentran más en oscuros trabajos académicos que en el mundo político real.

Josep M. Colomer, economista y politólogo, acaba de publicar Ciencia de la política (Ariel, 2017).