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Google acusa a Uber de robar secretos del coche sin conductor

La filial del buscador Waymo acusa a un ingeniero de llevarse consigo 14.000 archivos

Waymo, la empresa de Alphabet, matriz de Google, acaba de interponer una demanda contra Uber por robo de propiedad intelectual. La denuncia, depositada en los juzgados de San Francisco, acusa a Anthony Levandowski, cofundador del coche de Google, de llevarse consigo 14.000 archivos confidenciales o de diseños propios cuando fichó por Otto, la empresa de Uber que inicialmente programaba camiones autónomos y de la que ahora dependen los coches.

El equipo de Waymo ha publicado un post en el blog corporativo donde explican su actuación: “Pensamos que esta acción forma parte de un plan para robar secretos y propiedad intelectual de Waymo”. En la documentación legal se detalla que copió varios elementos como piezas de su sistema, e incluso, la placa sobre la que funcionan los circuitos. Se llevó consigo un total de 9,7 gigas de información que incluían resultados de pruebas. Según Google, se lo envió a sí mismo seis semanas antes de cambiar de trabajo.

El último modelo de coche sin conductor de Google.
El último modelo de coche sin conductor de Google.

Levandowski estuvo en Google durante nueve años para fundar Otto, adquirida por Uber el pasado mes de agosto por 680 millones de dólares. Solo seis meses después de su nacimiento.

De manera concreta se le acusa de clonar el LiDAR, el sensor de luz y láser que permite posicionar y tomar información del exterior que después procesa el vehículo para tomar decisiones. Google nunca ha acusado de nada similar a Tesla y su piloto automático, al considerar su fórmula totalmente diferente a la desarrollada por ellos.

La fuga no termina ahí. Waymo cree que más empleados que cambiaron de camiseta se llevaron datos de interés, entre los que incluyen listas de proveedores o detalles de fabricación. Google hace una vieja comparación: “Apropiarse de este tecnología es similar a hacerse con la fórmula secreta de un refresco”.

Google es como el alumno que va tres cursos por delante y siempre recibe a los nuevos de la clase, ávido por caer bien, abre los brazos y entabla amistad con los recién llegados. Su relación con Uber era cercana. En algunos aspectos fue casi como un mentor. Contar con una nueva generación de gigantes tecnológicos legitima al ecosistema de Silicon Valley y refuerza su posición de liderazgo. Google Ventures, el brazo de capital riesgo del buscador, hizo una inversión de 250 millones de dólares en 2013.

Ese suele ser su comportamiento hasta que, como en el caso de Uber, consideran que no han jugado limpio. La ruptura comenzó a evidenciarse también en agosto, cuando David Drummond, ejecutivo de Google, salió del consejo de Uber.

La empresa de Travis Kalanick, que está en la fase final antes de su salida a bolsa, vive uno de los meses más complicados de su historia. Tras las críticas al fundador por formar parte del consejo económico del presidente Trump, el pasado domingo se vieron envueltos en un escándalo de acoso sexual a una ingeniera. Kalanick dejó su asiento junto al presidente con un saldo de 300.000 usuarios menos, el caso de acoso puede salir todavía más caro. Susan Fowler pasó un año en la empresa y, a pesar de sus reiterados avisos a recursos humanos, no hubo reacción. Uber ha contratado al ex fiscal general, Eric Holder, para investigar el caso y corregir una conducta que no parece un caso aislado en la industria.

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