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Las empresas admiten en Davos que la globalización no ha reducido la desigualdad

Los directivos españoles, entre los más optimistas del mundo para 2017

Si el primer paso para enmendar un error es empezar por reconocerlo, las empresas admiten ahora que deben hacer cambios para mantener abiertas las puertas de los mercados y las economías. Los directivos empresariales aceptan que la globalización no ha servido para reducir las desigualdades y una amplia mayoría teme un repunte del proteccionismo como consecuencia del repliegue de los Gobiernos ante el auge del populismo. Pese a todo, el optimismo empresarial se impone. Al menos, a largo plazo.

Foro de Davos 2017
Un trabajador prepara el logo del Foro Económico Mundial en Davos. REUTERS

“El descontento público no es sólo una amenaza para el crecimiento; el bienestar social y la igualdad son vitales para el desempeño económico de largo plazo”, subraya el informe que la consultora PwC elabora cada año sobre la base de más de 1.300 entrevistas a directivos de todo el mundo y que presenta puntualmente en el marco del Foro de Davos. La encuesta, realizada a lo largo del último trimestre de 2016, cumple ahora 20 años, en los cuales el comercio mundial se ha multiplicado por cuatro y el tráfico por Internet ha crecido por un factor superior a los 17 millones.

Aunque los ejecutivos recuerdan que la globalización ha facilitado el movimiento de capitales, personas, bienes e información en todo el mundo, deben admitir que la globalización “ya no está empujando el crecimiento global como ha venido haciendo desde 1980”. El 44% de los ejecutivos admite que tampoco ha servido para reducir las desigualdades, su principal fracaso, “ni para tener unos sistemas fiscales más justos ni para mejorar la lucha contra el cambio climático”, explica PwC. De ahí que el 58% de los CEOs mundiales tema un retroceso de la globalización como consecuencia de unas políticas nacionales más proteccionistas.

Como explica el economista Branko Milanovic en el informe de PwC, los mayores beneficios de la globalización han ido a parar a una pequeña élite, cada vez más rica, en los países industrializados y a la clase media asiática, mientras que los ciudadanos de rentas bajas en los países desarrollados han sido sus grandes perdedores. Para corroborarlo basta un dato. Según un informe que publicó este domingo Oxfam, sólo ocho hombres poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas. En el caso español, la fortuna de tres personas equivale a la riqueza del 30% más pobre del país.

“Es hora de que los directivos den un paso adelante, ofrezcan sus propias soluciones y colaboren con los diferentes actores de la sociedad para impulsar la confianza y construir el mundo que necesitamos para el futuro”, subraya el primer ejecutivo de PwC, Bob Moritz. Un discurso muy propio de Davos que luego parece encontrar resistencias en los consejos de administración.

"La globalización va a ser uno de los temas de Davos este año, muy ligado al papel que va a tener China en el mundo y el creciente riesgo del proteccionismo y nacionalismo", ha explicado Moritz. "Ahora que los resultados en algunas elecciones están mostrando hacia dónde llevan las deficiencias de la globalización, estamos empezando a ver algunos cambios. Aunque muchos no tendrán efecto a corto plazo".

En la encuesta, los ejecutivos reconocen que el mundo “se ha vuelto mucho más complejo”. Un solo acontecimiento, como el referéndum del Brexit por ejemplo, puede obligar a las empresas a cambiar toda su estrategia, explican desde PwC. Por otro lado, los avances tecnológicos plantean un difícil equilibrio en términos de empleo y de confianza empresarial, un término que por cierto hace 20 años ni siquiera estaba en el diccionario de los directivos.

Los ejecutivos consideran que los riesgos para las empresas vienen de fuera y se muestran escépticos sobre la evolución de la coyuntura económica internacional. Un 82% de los CEOs se muestra preocupado por la incertidumbre económica y el 74% por la incertidumbre geopolítica. Pese a ello, el 51% de los directivos mundiales son muy optimistas respecto a las perspectivas de su negocio a largo plazo, un patrón que se repite en las últimas dos décadas. Eso sí, las compañías ahora deberán diversificar sus mercados para aumentar beneficios y, pese a la incertidumbre política que supone el Gobierno de Donald Trump, Estados Unidos aparece como destino preferido para el 43% de los ejecutivos, seguido de China (33%); Alemania (17%) y Reino Unido (15%). Los países emergentes, destino prioritario de las inversiones en la última década, han perdido atractivo: solo el 7% declara a India o Brasil como destino de sus inversiones y el 6% a México. Rusia ha perdido en este momento su brillo inversor. La mitad de los ejecutivos piensa ampliar la plantilla en los próximos 12 meses.

Optimismo entre los empresarios españoles

Después de un año de fuertes turbulencias políticas y con una recuperación asentada, el optimismo parece embargar a los ejecutivos españoles. Solo los empresarios de India, Brasil y Rumanía superan a los empresarios españoles en confianza (50%), según recoge la encuesta anual de PwC.

Los españoles son los directivos más optimistas de la zona euro, por delante de británicos (41%), alemanes (31%) o italianos (38%). “Las optimistas expectativas de los CEOs españoles tienen que ver con el fin de la incertidumbre política en nuestro país, que va a tener buen reflejo en términos de crecimiento y creación de empleo”, explica en una nota Gonzalo Suárez, presidente de PwC en España. El crecimiento de los negocios, dicen los directivos, será fundamentalmente orgánico y a través de la reducción de costes y los destinos donde ven mayores oportunidades de negocio son Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y México, por ese orden. El entusiasmo empresarial de estos años por India, Brasil, Rusia y Argentina claramente ha disminuido.

A diferencia de su percepción de hace un año, los riesgos para la economía y las empresas españolas vienen de fuera, “de factores como la debilidad de la recuperación en la UE, el deterioro de las expectativas en EE UU o la menor entidad de la alianza Europa-Estados Unidos”, apunta Suárez. El 60% de los ejecutivos cree que esta situación de debilidad e incertidumbre global se mantendrá a lo largo del año, una opinión más negativa que la del resto de CEOs mundiales, cuya confianza en la mejora de la economía global ha aumentado ligeramente respecto al año pasado, del 27% al 29%.

En los aspectos estrictamente empresariales, el mayor dolor de cabeza de los CEOs españoles es la velocidad del cambio tecnológico. A su juicio, y a gran distancia de lo que declaran los ejecutivos de otros países, los primeros ejecutivos españoles creen, en un 67%, que en el futuro la automatización y la robotización van a tener un gran impacto en la reducción de sus plantillas.

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