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La inflación de la eurozona sube al 1,1%, el nivel más alto desde 2013

Los precios están afectados por la escalada del petróleo

Una pareja hace la compra en un mercado de Sevilla. EL PAIS

51 meses después, la inflación de la eurozona abandona la zona cero. Eurostat, la agencia estadística de la UE, estimó este miércoles el IPC del euro en el 1,1%, el mayor nivel desde septiembre de 2013 y cinco décimas por encima del dato de noviembre. Los índices están aún muy lejos del objetivo del Banco Central Europeo —el 2%—, pero los riesgos de deflación han quedado definitivamente atrás gracias, al repunte del petróleo. Y aun así, el indicador más fiable de la evolución de los precios —la inflación subyacente, sin contar con la energía, y sin los elementos más volátiles— sigue en el 0,9%, apenas una décima por encima de noviembre.

Los precios son espejos. Y la inflación de la eurozona refleja varias historias que contar. La fundamental es la del repunte del petróleo, del 2,5% en un solo mes. Pero hay muchas otras. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y de su prometido estímulo fiscal tirará al alza del PIB mundial con la ayuda de la política económica china: los analistas esperan subidas de precios por ese flanco. Cabe esperar cierta presión sobre Mario Draghi, el jefe del BCE, que anunció en diciembre una ampliación del programa de compra de activos, el quantitative easing (QE) europeo: los halcones siempre están listos para activar el freno de mano a los estímulos monetarios, a pesar de que el BCE está muy lejos de cumplir con su meta de inflación.

“Círculo virtuoso”

Pero es lógico que un alza de medio punto en un solo mes encienda las alarmas en un continente tan marcado por la fobia alemana a la inflación. La subida de los precios tiene efectos positivos, pero también negativos: así son las cosas, siempre, en las procelosas aguas de la economía. El repunte de la inflación que se espera a lo largo de todo 2017 minará uno de los pilares de la mediocre recuperación europea: el consumo privado. A la vez, puede ser el catalizador de un incremento salarial en economías como la alemana, que nunca acaba de llegar pero que sería muy beneficiosos para la eurozona en su conjunto.

Ben May, de Oxford Economics, explica que un repunte de la inflación “podría crear un círculo virtuoso”, que permitiera al BCE una salida gradual de sus políticas no convencionales y daría algo de aire a las cuentas de resultados de los bancos. La mala noticia es que eso se dejaría notar también en un repunte de los tipos de interés de la deuda, con los países, el sector financiero, las empresas y las familias aún muy endeudados en Europa. Y podrían provocar un repunte del euro: mala noticia para las exportaciones.

Todo eso está aún lejos: la realidad es que, a pesar del repunte, la inflación europea sigue en el entorno del 1%. Y las últimas alzas son casi puramente estadísticas: “La aceleración de la inflación se esperaba, se daba por segura”, según Capital Economics. Pero la economía europea lleva aún mucho plomo en las alas; los índices de precios tan solo dicen que el paciente mejora, pero la enfermedad sigue ahí.