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El gobierno de México “vigilará” la devolución del dinero gastado en Ford

San Luis Potosí evalúa el monto de la inversión realizada que facilitó la llegada de la firma estadounidense

Planta de Ford en Cuautitlán, México

La primera consecuencia de la victoria de Donald Trump en México ya se siente en San Luis Potosí, centro del país, donde se habían invertido casi 1.000 millones de dólares para atraer inversiones como la de Ford, y que ha quedado detenidas.

El gobierno de Enrique Peña Nieto “lamentó” la decisión de la empresa automotriz de suspender la construcción de su nueva planta en San Luis Potosí, y vigilará la firma estadounidense devuelva el dinero invertido. "El Gobierno le dejó muy claro al presidente de Ford México que cualquier gasto realizado (...) estaremos vigilantes para que sea reembolsado" dijo el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, a Milenio TV.

Más abatido apareció el gobernador de San Luis Potosí, Juan Manuel Carreras quien, escoltado por dos cariacontecidos funcionarios, anunció que Ford devolverá al Gobierno cada peso invertido por la “terminación anticipada” de un acuerdo que preveía la creación de 3.000 puestos de trabajo y otros tantos indirectos, para la fabricación de los vehículos Fiesta y Focus.

El Gobierno le dejó muy claro al presidente de Ford México que cualquier gasto realizado estaremos vigilantes para que sea reembolsado

Según datos de la compañía, Ford tiene 24 plantas en EE. UU. que emplean a más de 50.000 personas, mientras que en México sólo tiene tres que generan unos 7.000 empleos. De ellas salen el 7% de todos los vehículos que fabrica mundialmente

Sin embargo, la noticia golpea el corazón del motor del crecimiento mexicano. El centro y norte del país se ha convertido en un epicentro mundial en la fabricación de automóviles y motor de desarrollo del país gracias al Tratado de Libre Comercio (TLC) y a la mano de obra barata y cualificada, entre otras cosas. “En Estados como San Luis Potosí, Coahuila, Sonora, Querétaro o Tamaulipas se han concedido ayudas y el gobierno ha creado buenas infraestructuras para conectar el centro con la frontera y con los puertos del Atlántico y del Pacífico” explica Armando Bravo, director de Cediam, un centro vinculado al Tecnológico de Monterrey (TEC) para vincular universidad y el sector automotriz.

“Hay que ser prudentes” añade, “detrás de esta decisión está la estrategia de la compañía por contentar al presidente Trump y al mismo tiempo mantener la competitividad. De los 1.600 millones que Ford iba a invertir en México una gran parte los destinará a la planta de Hermosillo (Sonora), por lo tanto, se quedan en el país. Los vehículos que se hacen en México son los pequeños y poco tecnificados, porque los de lujo o los ecológicos, que dejan mayores utilidades, seguirán haciéndose en EE. UU. como hasta ahora” dice el experto. “Los autos pequeños sólo son rentables si se fabrican en masa y eso solo puede hacerse en México y, si no es así, ese hueco lo cubrirán empresas japonesas o coreanas” añade.

Sin embargo, el temor que se extiende desde los despachos de El Bajío hasta la puerta de Los Pinos, es a que se produzca un efecto contagio. A la decisión de Ford de detener su inversión en México se han sumado en pocos días General Motors y Carrier, un fabricante de aires acondicionados. Los bienes manufacturados son la segunda fuente de ingresos del país, por encima de las remesas, el petróleo y el turismo. De estas, un 20% corresponde al sector automotriz.

“El peligro es que otras compañías hagan lo mismo. Creemos que no van a ser casos aislados” dice Gabriela Siller directora de la firma Banco Base quien prevé “un año difícil aunque no desastroso” para la economía mexicana.

En términos macroeconómicos la decisión golpea de lleno en los datos de inversión directa extranjera, que cayó un 11% al cierre del tercer trimestre, y que podría bajar hasta el 15%, según la analista.

“A ello hay que sumar la merma de las inversión nacional por la subida de tasas de interés. Al subir las tasas, sale más caro pedir un crédito y los efectos colaterales son que se desincentiva el consumo y la inversión” añade Siller. “Esto también afecta a las expectativas de las empresas. Cuando tienen miedo contratan menos”. Y todo esto cuando a Donald Trump aún le quedan dos semanas para asumir el cargo.

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