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Compras que alimentan la evasión fiscal

Las plataformas de la economía colaborativa ofrecen más opciones, pero pueden ser un arma de doble filo

Aglomeraciones en la calle Preciados de Madrid el pasado jueves 22 de diciembre.
Aglomeraciones en la calle Preciados de Madrid el pasado jueves 22 de diciembre.

Quizá la métrica actual no sea capaz de destapar la verdad de la milanesa: el consumo que existe pero que no se ve. Según datos recopilados por el economista Friedrich Schneider, el movimiento de dinero negro representaba en España el 18,6% del PIB en 2012, 196.000 millones de euros. La historia apunta a que, durante las crisis, las transacciones que no se declaran tienden a inflarse, pero la revolución digital añade nuevas incertidumbres ahora que la economía se recupera. "En el año 2013 se estimaba que sólo en Reino Unido las nuevas plataformas moverían 2.100 millones de libras. Dos años más tarde ya eran 7.400 millones", señala Javier Rovira, profesor del área de posgrado de ESIC. Las previsiones para 2020 aventuran que entre el 2% y el 3% del PIB mundial se basará en estas formas de consumo que priman el uso sobre la propiedad. El problema es que, como señala José Luis Groba, presidente de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda, "son una fuente de fraude fiscal". Y no se refiere a las empresas que facilitan el intercambio de ofertas, sino más bien a los propios usuarios que no declaran los rendimientos económicos que obtienen a través de esos trueques. "La economía colaborativa tiene el mismo problema que cualquier otro sector emergente. Al principio hay cierto descontrol, las plataformas crecen muy rápido, pero son controlables en función de los requerimientos que hagamos a las empresas. Y hablamos de fraude fiscal, no de economía sumergida propiamente dicha, porque esta abarca otro tipo de irregularidades, incluidas actividades ilícitas".

Dentro del plan tributario de este año, Hacienda ha puesto en ellas el foco, aunque a los técnicos del ministerio que dirige Cristóbal Montoro no les resultará tan fácil abarcar el inmenso abanico de aplicaciones que quieren hacerse un hueco en Internet. Los expertos hablan de un mercado en permanente renovación, donde llegar el primero ofrece cierta garantía de éxito. "Un día me preguntaron cuánto tiempo utilizaba mi coche. Calculé que podría ser sobre un 5%, el resto del día está en el garaje. Gracias a las nuevas plataformas esto está cambiando. Se eliminan intermediarios, se conecta oferta y demanda para aprovechar al máximo los activos, eso es disruptor”, cree José Antonio Latre, socio de Estrategia en el área de Management de KPMG. Aunque los nuevos modelos no olvidan los viejos usos: estos días navideños muchos usuarios se quejan, por ejemplo, del aumento de precios en Blablacar.

Para Javier Rovira, en cambio, todo depende de su nivel de transparencia, de su ubicación ­—dentro o fuera del país en el que operan—, y de su voluntad por transmitir datos a las autoridades. "Lo que está claro es que van a pasos acelerados. Por eso cuando, por ejemplo, hablamos de consumo en turismo, no solo tenemos que fijarnos en las pernoctaciones en hoteles, sino en si hay más o menos alquileres en Airbnb. El consumidor se está convirtiendo a la vez en competidor".

 La distribución

Un gigante como Walmart, el mayor vendedor al por menor del mundo, pagó este verano casi 3.000 millones de euros por Jet.com, una empresa de dos años de vida con un inventario de 12 millones de referencias de productos en 2.000 comercios asociados. Walmart, que ha llegado tarde al comercio online, se hacía de golpe con cuota de mercado gracias a un proveedor de compras por Internet. En España, operadoras como Comprea, Deliberry o Lolamarket intentan hacer lo mismo en competencia feroz con transatlánticos del comercio como Amazon u operadores como El Corte Inglés. La de los personal shopper es una de las últimas tendencias en un universo plagado de apps de intercambio de ropa, coche compartido, préstamos de dinero, alojamiento de viajeros, trueque de comida o residencias para perros.

"Una de las cosas que hay que distinguir aquí es que nos dirigimos a un mundo sin fronteras, de abaratamiento de costes, de rapidez en la entrega. Nuestro cerebro es vago, ansioso, así que lo que recibes en tres horas en tu casa te parece fantástico. Por ello la próxima revolución será la de la logística", vaticina Rovira. Y de esa revolución, protagonizada por los millennials, Hacienda también querrá participar.