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Guía para elegir un cava para celebrar la Nochevieja sin pagar de más

Consejos para no perderse entre las diferentes categorías y precios de este caldo

Botella de cava.

Los cavas no son todos iguales. Ni en aspecto, ni en sabor. Y tampoco en precio. Aunque las etiquetas desglosen las características de cada producto, no es fácil elegir. Este clásico de las fiestas “solo se consume en determinadas ocasiones, así que no deja de ser para muchos un gran desconocido”, comenta Luis Alberto Gonzales, secretario de la Asociación Madrileña de Sumilleres (AMS). “Es normal que cuando llegues al lineal no sepas qué llevarte”, contextualiza.

En la duda, el precio se convierte en el factor que inclina la aguja hacia un producto u otro. Así lo confirman los datos: las bodegas españolas vendieron más de 244 millones de botellas de cava el año pasado en todo el mundo, el 88% de ellas pertenecientes a la categoría joven, la más barata, según el Consejo Regulador del Cava. Este es el típico trago que pica en la nariz, tiene un “color muy pálido y una burbuja grande y explosiva, que lo hace más compatible con un brindis que con una comida”, explica Alan Yavel, enólogo de la bodega Mastinell

El azúcar y la crianza

Aunque en muchas reuniones el cava se toma para el brindis final, en función de los gramos de azúcar y del tiempo de crianza hay categoría más recomendables para acompañar cenas y almuerzos. “Según la normativa, un cava tiene siete líneas por adición de azúcar, lo que confunde al consumidor”, reconoce Gonzales. El brut nature no tiene azúcar añadido; el dulce es el que más tiene. Entre medias están el extra brut, el brut, el extra seco, el seco y el semiseco. “Los brut y brut nature son los más versátiles”, explica el sumiller, “mientras el semiseco es más recomendable para postres de fruta y lácteos y el dulce es para postres más elaborados o turrones”. Dependiendo de la crianza, sin embargo, cabe la posibilidad de combinar un caldo dulce con otros productos, por ejemplo “con foie y quesos”.

El cava, como el champán, se producen a través del “método tradicional”, explica Yavel, lo que indica que pasan por una segunda fermentación en botella. El tiempo de crianza determina el tamaño y la abundancia de las burbujas, y como mínimo tiene que ser de nueve meses. Estos son los cavas jóvenes, que llevan una etiqueta blanca en la parte de arriba”, explica Gonzales. Son recomendables para tomar como aperitivos y con comidas ligeras, explica. A diferencia del vino, el cava no mejora con el tiempo; es recomendable consumirlo antes de un año desde la fecha de degüelle (operación para eliminar las lías y los posos de la segunda fermentación), aclara Yavel.

A partir de 15 meses de fermentación se pasa a la categoría reserva. En este caso, las botellas llevan una etiqueta verde para que el consumidor las pueda distinguir. “Los reserva huelen un poco a levadura, su acidez no es tan agresiva y son recomendable con una comida un poco más elaborada”, dice el secretario de la AMS. A partir del 30 meses de fermentación ya se puede hablar de gran reserva. Su etiqueta es negra, su precio más elevado y es adecuado para acompañar comidas más grasas como guisos, legumbres o jamón. 

Precios y alternativas

El precio del cava varía en función de diferentes factores, así como ocurre con otros artículos. “Lo mismo pasa con los electrodomésticos, los coches o la ropa”, ejemplifica Francisco González, director técnico del Consejo Regulador del Cava. Entre las razones que justifican un precio u otro menciona el rendimiento por hectáreas, el tiempo de fermentación o la marca… “En principio, no hay que desconfiar de las promociones en los supermercados o de un cava barato […]; puede tratarse de una bodega que está intentando posicionarse y por cinco euros se pueden encontrar ofertas”. Lo importante, añade, “es que se cumpla la expectativa de cada uno”.

Entre ocho y 10 euros se pueden encontrar “cavas en condiciones”, asegura el secretario de la AMS, pero a medida que sube la gama también aumenta el precio. “En la gama más alta (gran reserva) los precios para un producto de muy buena calidad oscilan entre los 20 y los 50 euros”, dice Yavel. Lo que más se vende en su bodega, Mastinell, es el Brut Real Reserva, que tiene un precio inferior a los 10 euros.

También existe la posibilidad de optar por alternativas que por el tipo de elaboración resultan más baratas, como un espumoso o un prosecco italiano, que está ganando adeptos también en España. Lo más importante es saber qué se está comprando. González alerta que la típica forma de la botella de cava, utilizada también por otros espumosos, puede confundir al consumidor. Recomienda mirar que exista la indicación cava, la zona de producción y una contraetiqueta numerada y expedida por el Consejo Regulador.

España es el país europeo más afectado por la falsificación de bebidas alcohólicas y vino, según la Oficina de Propiedad Intelectual de la UE (EUIPO). El perjuicio no es solo para los consumidores: cada año, los productores locales pierden 263 millones de euros. “En el mundo del cava hay que fijarse muy bien, pero no se dan muchos fraudes “, tranquiliza Yavel.

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