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La moda gallega entierra Caramelo, una de sus marcas emblemáticas

El sector llora el cierre de la marca pero empresas y trabajadores defienden que es un “caso puntual” y que el textil en Galicia “aguanta”

Tienda de Caramelo en el centro de Santiago, tras el anuncio de su liquidación.
Tienda de Caramelo en el centro de Santiago, tras el anuncio de su liquidación.

Con la colección de invierno sin vender, tras un caluroso octubre de un verano eterno, la firma textil Caramelo ha puesto fin a casi medio siglo de historia. Emblema de la época dorada de la moda gallega, esa década de los ochenta en la que la arruga era bella y la innovación en el vestir empezó a emerger por la esquina atlántica de la Península, ha perecido definitivamente después de sucesivos relevos en la dirección, un concurso de acreedores del que salió en 2014 y muchos despidos. Empresarios y trabajadores del textil atribuyen el deceso a una “mala gestión” y a una deslocalización extrema del diseño y la producción que menoscabó la calidad de unas prendas que fueron vanguardia. El fin de Caramelo, subrayan, es un “caso puntual” y no supone el comienzo de un declive generalizado.

Los gestores actuales de la empresa con sede en A Coruña, propiedad desde 2008 de Manuel Jove, quien con la inmobiliaria Fadesa se convirtió en uno de los hombres más ricos de España, aseguran en un comunicado haber hecho “todo lo posible para intentar recuperar la senda de la rentabilidad”. Y atribuyen su liquidación a la “profunda crisis de consumo”, causada por estos años de recesión, paro y tijeretazos a los salarios. “Es verdad que el trabajador español tiene menos poder adquisitivo pero cada empresa tiene que adaptarse a esos cambios saliendo, por ejemplo, al exterior y compensando lo que se reduce aquí con otros mercados”, sostiene José Antonio Conde, presidente del clúster del textil gallego (Cointega), dueño de la firma Alba Conde y exdirector general de Caramelo hace 25 años.

Para Conde, la compañía de cuyo auge él participó “lleva 15 años de crisis en crisis” y su cierre, el primero que se produce en el sector desde hace siete años y que deja sin empleo a 169 personas, no tiene nada que ver con la situación que vive el resto del textil gallego. Y enarbola los datos de las exportaciones. En 2015 la comunidad gallega fue la primera de España en ventas de moda al exterior, con un 38% de las operaciones con el extranjero seguida de Cataluña (30%). Y no es todo Inditex, recalca, ya que funcionan más de 250 sociedades con marca propia, como Florentino, Textil Lonia (con Purificación García y Carolina Herrera), Alba Conde, Bimba y Lola, Nanos o Pili Carrera, que siguen creciendo y abriendo tiendas.

La de Caramelo ha sido una larga agonía que ha acabado con el empleo de cientos de personas. Tras disfrutar de los años dorados gracias a la maestría de los diseñadores y costureras locales, la firma, que llegó a tener en nómina a 800 trabajadores, optó por llevarse al extranjero buena parte de la producción en busca de mano de obra barata. También lo hicieron otras empresas del sector, aunque no con tanta intensidad ni para coser prendas de cierta categoría. Desde los sindicatos y otras fuentes del sector se incide en que esta deslocalización a Asia menguó gravemente la calidad de los tejidos y la confección que había colocado a Caramelo en la vanguardia de la moda. “Y eso acaba repercutiendo en la decisión del consumidor de comprar o no comprar esa marca”, subraya Dores Martínez, de la federación textil del sindicato CIG.

Inyección millonaria de dinero público

S. V.

Los problemas económicos de Caramelo se agudizaron desde 2005, tras comprar la firma del modisto Antonio Pernas. En 2009, después de que Manuel Jove tomara las riendas de la empresa a través de Inveravante, la Xunta autorizó un ERE, contra el criterio de la Inspección de Trabajo, que supuso el despido de 237 trabajadoras. Pasados unos meses, Caramelo recibió del Gobierno gallego cinco millones de euros en ayudas para “externalizaciones”, una palabra que, según Dores Martínez (CIG), escondía una deslocalización aún más profunda.

La inyección de dinero público a la empresa que ahora muere ha sido abundante. Solo entre 2005 y 2009 Caramelo recibió 21 millones en préstamos de la Administración autonómica, que incluso se implicó en el accionariado. “Las Administraciones ponen dinero sin hacer luego un seguimiento y tampoco el sistema judicial indaga suficientemente en los concursos de acreedores”, lamenta Martínez.

Juan Fernández, de UGT, central mayoritaria en la empresa, destaca que Caramelo, que afronta su cierre “sin apenas patrimonio, con cuatro máquinas”, cayó en un error que otras firmas no cometieron: llevarse fuera de Galicia el patronaje, el diseño. “Las empresas textiles que como Caramelo son de nivel intermedio, es decir, que no son low cost ni tampoco lujo, y que han logrado aguantar no hicieron eso. Y ahora no solo se están recuperando sino que están trayendo para aquí parte de su producción”, señala Fernández.

El presidente del clúster textil de Galicia defiende que la moda gallega “perdura” desde la eclosión de los ochenta con “una mortalidad pequeña de empresas” y una media de edad alta (de entre las empresas medianas y grandes la más joven tiene 25 años), lo que es “sinónimo de aguante”: “Cerraron empresas de aquella época pero abrieron otras”. El sindicalista Juan Fernández cree que “el sector no va a caer más abajo de lo que ha caído”: “Ahora está recobrando parte de lo fue. Solo falta que el mundo y este país también se recuperen para que la gente esté en disposición de gastar”.

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