Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Casas que se calientan con la tierra

La energía geotérmica consigue un ahorro del consumo de hasta el 75% y su utilización gana adeptos en el sector residencial a pesar del considerable retraso de España frente a otros países europeos

Trabajos de excavación de la primera instalación geotérmica en un chalé de la Comunidad de Madrid.

La geotermia es limpia, barata, inagotable y dicen de ella que es la energía renovable del siglo XXI. Buena carta de presentación y retahíla de piropos para esta fuente energética que aprovecha el calor del subsuelo para climatizar una vivienda y calentar el agua. Aunque sigue siendo una de las energías renovables menos conocidas, ha dado pasos de gigante en los últimos años y su auge se ha disparado desde 2008. "Hace una década nadie sabía qué era la geotermia", dice Margarita de Gregorio, directora de geotermia de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA).

Es difícil saber el número de instalaciones que hay en España porque no existe un registro oficial de energías renovables térmicas. "Puede haber en torno a 2.000", según Miguel Madero, director de la compañía Girod Geotermia. En la APPA creen que son más. "Según el IDAE existe un parque de 8.500 instalaciones. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid han pasado de 19 a casi 500 entre 2008 y 2016 y Galicia cuenta con un cluster que estima que pueden existir entre 600 y 800", analiza Joaquín Pampillón, del departamento comercial de Ecoforest, empresa donde el 30% de las ventas se llevan a cabo en España.

Madero considera que "sigue sin calar de forma masiva entre los propietarios por dos motivos, por desconocimiento y por la creencia de que se trata de un sistema caro". Además de director de Girod Geotermia, Madero es el dueño de un chalé en Pozuelo de Alarcón (Madrid) que tiene bajo su suelo la primera instalación geotérmica de la Comunidad de Madrid. De esto hace ya nueve años. Logra calentar y refrigerar una vivienda de 350 metros por menos de 130 euros al mes (1.500 euros al año). Si tuviera una caldera de gas y aire acondicionado convencional gastaría unos 375 euros mensuales (4.500 al año).

Más del 90% de los equipos está instalado en unifamiliares y el resto en edificios en altura, la mayoría en cooperativas. De hecho, en la capital madrileña acaba de estrenarse la instalación geotérmica más grande de España en la cooperativa llamada EAI 310. "Funciona desde julio, así que aún no hay cálculos de consumos, pero está previsto amortizar la instalación, con 70 captadores, en un plazo de siete a nueve años", indica Joaquín García, uno de los arquitectos del proyecto.

La geotermia es la energía almacenada en forma de calor bajo la superficie del terreno, así que es una fuente renovable que puede explotarse prácticamente en cualquier lugar. El funcionamiento es similar al que realiza el serpetín de una nevera; la diferencia es que ese serpentín (intercambiador geotérmico) está enterrado. El hecho de que la temperatura del interior del terreno se mantenga constante (entre 10 y 15 grados en España) durante todo el año, permite que el intercambio de calor y frío se produzca en condiciones prácticamente estables en todas las estaciones del año. El circuito de intercambio (los captadores enterrados) extrae calor del terreno y con una bomba de calor (situada en el interior del inmueble) lo trasmite al edificio o vivienda en invierno, calentándolo a través de suelo radiante o fancoils. Por el contrario, en verano la casa se refrigera al cederse calor al terrero a través del mismo circuito de intercambio, aclara De Gregorio.

Cuanto más grande sea el inmueble y sus necesidades energéticas, más perforaciones y profundidad serán necesarias. En el grueso de las viviendas unifamiliares suele ser habitual realizar uno o dos pozos verticales, aunque también pueden ser horizontales. "Las profundidades oscilan entre los 80 y 150 metros", explican en Ecoforest. "El potencial es infinito, ya que se puede colocar en cualquier tipo de suelo", dice De Gregorio. Y el equipo no requiere prácticamente ningún mantenimiento (los captadores tienen una vida útil de 100 años), ni emite olores ni ruidos.

Aunque es el ahorro energético, de hasta el 75%, su señuelo más potente. "Por cada kilovatio eléctrico que consumimos por tener conectada la bomba de calor, el sistema geotérmico genera otro cuatro kilovatios", cuenta De Gregorio. Da buena cuenta Jorge Pérez, dueño de un chalé en Valdeavero (Comunidad de Madrid) al que puso geotermia hace cinco años. Tras ver las facturas y los resultados dice haber tomado la mejor decisión. Su consumo mensual en calefacción y agua caliente está en torno a los 40 euros para una superficie de 140 metros cuadrados. Cuenta que su inversión rondó los 20.000 euros, unos 5.000 euros más que una caldera de gasóleo.

Alto coste inicial

Esta partida inicial sigue siendo la barrera de entrada para muchos dueños, aunque "es prácticamente el mismo desembolso que haría un propietario si, a cambio, colocase paneles solares, caldera y aire acondicionado", calcula Madero. Hay que recordar que si se coloca geotermia no suele ser necesario poner paneles solares.

Una instalación geotérmica (sondeos, sala técnica y suelo radiante) puede estar entre 25.000 y 30.000 euros dependiendo de muchos factores, indican en Ecoforest. Además, está vigente un programa de subvenciones del IDAE y las comunidades autónomas que disponen de fondos pueden financiar parte del coste del equipo. Entre unas cosas y otras y con los ahorros obtenidos en las facturas mensuales, la inversión se amortiza en un periodo que va de cuatro a siete años.

Estamos a años luz de otros países de la UE. La implantación en España de la geotermia es casi testimonial si se compara con Suecia, el primer país europeo en utilizarla como consecuencia de la crisis del petróleo de 1979. En Finlandia, EE UU, Japón, Alemania, Holanda y Francia también está implantada desde hace décadas. Para su impulso definitivo en España es imprescindible una normativa específica, según el Colegio de Geólogos y la APPA.

Más información