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Bruselas prepara nuevas reglas para combatir el ‘dumping’ chino

Patronal, sindicatos y eurodiputados advierten de los riesgos de relajar los controles

Un trabajador en una planta de acero de Steel Group Corporation en Yiangsu (China).
Un trabajador en una planta de acero de Steel Group Corporation en Yiangsu (China). Getty Images

Bruselas prepara una nueva propuesta para afrontar la competencia desleal de productos chinos. La Comisión Europea ha eludido este miércoles debatir sobre si otorga el estatuto de economía de mercado a China —lo que le habría proporcionado ventajas en las investigaciones por dumping— y ha optado por poner en marcha una vía intermedia: eliminará la distinción entre economías o no de mercado y aplicará por igual las normas a todos los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en los procedimientos antidumping, donde se dilucida si un país está vendiendo productos por debajo del precio de mercado y se calculan los aranceles que ha de pagar.

La nueva propuesta, aún por concretar, nace del complejo juego de equilibrios con que la Comisión pretende contentar tanto a China como a las múltiples voces que advierten del riesgo para las empresas europeas de relajar la regulación, frente a las que Bruselas alega que se mantendrá la vigilancia y se reforzarán los controles. "No implica que seamos más vulnerables", ha tratado de calmar los ánimos el vicepresidente de la Comisión, Jyrki Katainen. La patronal ha reaccionado con cautela: Aegis, que agrupa a una treintena de asociaciones de la industria europea, y es una de las entidades que con más ahínco ha advertido frente al coste para Europa de debilitar los requisitos que impone a China, ha acogido el anuncio con "alivio y prudencia", y ha pedido que no se rebajen los criterios antidumping.

En juego hay mucho dinero: China es el segundo mayor socio comercial de la UE y los intercambios entre ambos mueven cada día más de 1.000 millones de euros, por lo que cuestiones como el intervencionismo estatal en las empresas, la falta de transparencia o las carencias en materia de protección de la propiedad intelectual amenazan con alterar el terreno de juego donde operan las empresas de China y los Veintiocho.

Apoyado por Reino Unido en sus demandas de más libre cambio con Europa, el país asiático considera los aranceles excesivos y ha defendido en los últimos meses su derecho a ser considerado economía de mercado automáticamente a final de año basándose en las normas de la OMC. De las 73 medidas contra el dumping que la UE aplica actualmente, 56 se emplean frente a exportaciones de China, lo que las autoridades chinas interpretan como una forma de proteccionismo. "Los políticos europeos deberían entender que China ni ha causado ni puede resolver el problema de la caída de la competitividad de la UE", señalaba este miércoles Xinhua, la agencia de prensa oficial china.

Enfrente, sindicatos e industria europea, países como Alemania, Francia, Italia o España y el Parlamento Europeo, advierten de que si Bruselas cede provocará un aumento de la llegada de productos chinos de bajo coste que afectará a los fabricantes de piezas de automóviles, de paneles solares, bicicletas, aluminio y sobre todo al sector del acero, fuertemente castigado ya por la sobreproducción china que ha derrumbado los precios en un entorno de caída de la demanda. La capacidad global, según los datos de la OCDE, era en 2015 de 2.370 millones de toneladas. De ellos, China acumula 1.140 millones, casi la mitad mundial. Para afrontar el problema, Pekín y Bruselas han acordado crear una plataforma conjunta ante la que no aparecen vías fáciles: "Habrá que cerrar fábricas y dejar gente en el paro. Distorsiona el mercado", ha advertido la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström.

Bruselas negociará con los estados miembros las nuevas reglas para acabar con la competencia desleal, que deberán contar con el visto bueno del Consejo Europeo y el Parlamento. Las discusiones no se antojan sencillas dados los antecedentes: la Eurocámara aprobó en mayo una resolución no vinculante en la que pidió un trato diferenciado a las exportaciones chinas para frenar sus efectos adversos sobre el empleo, el medio ambiente y el crecimiento económico en Europa.

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