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España: la hormiga atómica

La industria local de equipos y servicios para el sector nuclear es pequeña pero competitiva

Embarque de un generador de vapor de Ensa a una central en Estados Unidos.
Embarque de un generador de vapor de Ensa a una central en Estados Unidos.

Las situaciones difíciles obligan a agudizar el ingenio y eso es lo que ha hecho la industria nuclear española, que ante la falta de crecimiento en España ha buscado el negocio a través de la internacionalización y la diversificación. La industria, que integra a un nutrido grupo de empresas, entre ellas Enusa, Ensa, Tecnatom y Ringo Válvulas, genera ya el 70% de su facturación en el exterior, sobre todo en Europa, Asia y Latinoamérica.

"Nuestras empresas tienen una participación muy elevada en la construcción, operación y mantenimiento de instalaciones nucleares en más de 40 países en cuatro continentes", explica Antonio Cornadó, presidente del Foro de la Industria Nuclear Española. Pese a que es un sector pequeño y no tiene grandes grupos —como los estadounidenses Westinghouse y General Electric o el francés Areva—, ha sabido meterse en nichos sofisticados: combustibles para Bélgica, Francia y Suecia; bienes de equipo a Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur, Finlandia, Sudáfrica, Taiwán, Japón o China; o suministros a Argentina, Bulgaria, China, Eslovaquia, México, Rusia o Suiza.

Grupos en alza

Ensa, un fabricante de grandes componentes como vasijas de reactor, generadores de vapor o cabezales de elementos de combustible, creada en 1973 para satisfacer las demandas del programa nuclear español, tiene unos 700 trabajadores y vende el 80% de su producción fuera de España. Enusa, fundada en 1972 para gestionar el suministro de uranio a las centrales, 100% pública (participada por SEPI y CIEMAT) y con una fábrica en Juzbado (Salamanca), factura entre el 65% y el 70% en el exterior. Pese a que desde 1992 vive de comercializar sus pastillas de uranio a todas las centrales españolas en funcionamiento, (menos la de Trillo) la empresa también decidió buscar clientes en el exterior. "Preparamos las pastillas de combustible en España con uranio adquirido en Kazajistán, Canadá o Australia, y luego las vendemos a una decena de centrales de EDF en Francia, a dos en Bélgica, una en Alemania, a Suiza, a Suecia... y por toda Europa" dice su portavoz, Carmen Vallejo. Además, la firma presta servicios de inspección a las centrales.

Otro caso de éxito internacional es el de Ringo Válvulas, una sociedad fundada en 2000 y ahora integrada en el Grupo Samson de Alemania. Exporta el 45% de sus productos para centrales nucleares. "Hemos suministrado válvulas a más de 30 centrales nucleares en 17 países, desde Suecia y Reino Unido a Rusia, China o México" dicen en la compañía.

España: la hormiga atómica

Otro caso para destacar es el de Tecnatom, una firma de ingeniería que se dedica a formación y entrenamiento del personal y verificación e inspección de las centrales. La empresa, según su director de Estrategia y Desarrollo, Juan Ortega, verifica "la integridad de los elementos de combustible, la vasija de confinamiento del reactor, de los sistemas de transporte de agua o las bombas". Realiza estas controles de forma periódica, en ciclos de 12 meses o 24 meses, a los que desplaza unas 150 personas en cada una de esas misiones. Presente en 30 países, con una plantilla de casi mil trabajadores, hace al menos una docena de estas inspecciones al año. Con filiales en Francia, Brasil, China, Emiratos Árabes o EE UU, tiene el 30% de su plantilla en el exterior. "Francia es donde tenemos una cuota de mercado más relevante", apunta Ortega.

Si se les pregunta a estas empresas cuál ha sido la clave competitiva que les ha permitido extenderse por el mundo, una de las respuestas es que se beneficiaron del desarrollo temprano del programa nuclear español. "El nivel tecnológico que siempre se exigió en España", prosigue el ejecutivo de Tecnatom, "nos permitió trasladar nuestra experiencia a las nuevas centrales extranjeras".

Añadido a esto, algunas de estas firmas han afrontado una competencia limitada, como es el caso de Enusa. "El combustible no viaja, el que se consume en Europa tiene que producirse aquí y no hay muchas fábricas como la nuestra", afirma Vallejo. En Europa Occidental hay apenas tres plantas de fabricación de pastillas de uranio además de la española: en Alemania, Reino Unido y Suecia. También le ha beneficiado a Enusa la necesidad de las centrales de tener un segundo proveedor por si hay algún fallo de suministro. Pero el que Enusa haya logrado captar mercado en Europa no deja de ser un mérito teniendo en cuenta que hay exceso de capacidad de producción. "La demanda es de 1.900 toneladas al año, pero se podían producir 3.000", dice Vallejo.

Además de suministrar el combustible, Enusa ha desarrollado equipos propios como un robot de inspección visual de las pastillas que no existe en otras plantas en Europa. La firma está vendiendo este equipo y otros a las centrales. También Tecnatom ha desarrollado sus sistemas, entre ellos un simulador para la formación de los trabajadores que, según Ortega, "permite reproducir las condiciones de funcionamiento de una central". "Nuestras empresas", expone Cornadó, "dedican a la innovación el 2% de sus ingresos, algo no muy habitual en España, lo que supone una inversión de unos 70 millones de euros al año". Algunas de estas empresas están participando en proyectos como el generador de fusión ITER, en construcción en Francia.

La mayor parte de estas empresas han logrado elevar su facturación en los últimos años. Enusa, que facturaba 257 millones de euros en 2005, hoy está en 423 millones; Tecnatom ha pasado de los 54 millones hace 10 años a más de cien. Ringo Válvulas en 15 años ha aumentado la plantilla de menos de 10 personas a casi 100. No todo este avance se ha debido al negocio nuclear propiamente, sino de actividades relacionadas iniciadas por las mismas empresas. Enusa, por ejemplo, creó una compañía para el transporte de materiales radioactivos, ETSA, que "tiene una cuota del 95% del transporte de radiofármacos para los hospitales", según Vallejo. También puso en marcha EMGRISA, que se dedica a la limpieza de suelos contaminados, "una experiencia que adquirimos cuando hubo que desmantelar las minas de uranio de Ciudad Rodrigo", explica la portavoz. Esta empresa trabaja en Kuwait, Mongolia, Perú y Chile. Tecnatom, por su parte, creó hace unos 15 años una división de servicios para el sector aeronáutico (verificación e inspección), que le supone el 20% de su negocio. "Entramos en ese negocio al ver que los complejos procesos de inspección de fibra de carbono eran similares a los del mundo nuclear", explica Ortega. La filial aeronáutica trabaja con los constructores en 20 países.

Dado el aumento de los programas nucleares en países emergentes y los negocios anexos, el sector calcula que se duplicará la capacidad de generación nuclear en 20 años para mantener la cuota de mercado de esta fuente energética en el 12%". Ello exigirá unos 450 nuevos reactores. Hay unos 65 reactores en construcción en el mundo en 16 países, seis de ellos en Europa y más de 40 en Asia.