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ANÁLISIS

Brasil: una lenta recuperación por delante

Para crecer deben resolverse los problemas fiscales y adoptar una ambiciosa agenda de reformas económicas

La economía brasileña debe seguir contrayéndose en el primer semestre, estabilizarse en la segunda mitad del año y volver a crecer a tasas positivas a partir de 2017.

Esta esperada recuperación de la actividad económica está respaldada por la visión de que China evitará un aterrizaje forzoso y que el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos será ordenado, lo que permitiría una ligera aceleración del crecimiento global y, al menos, la estabilización del precio de las materias primas.

Además, a partir de ahora el crecimiento en Brasil se ha de beneficiar cada vez más de la menor incertidumbre sobre quien gobernará el país en los próximos años, la reducción de la inflación, una política monetaria menos restrictiva, el impacto de la depreciación del tipo de cambio sobre las exportaciones y la necesidad de recomponer los inventarios industriales tras los fuertes ajustes recientes, entre otros factores.

Con todo, incluso si el país logra sortear los relevantes riesgos externos e internos, el crecimiento de la economía brasileña seguirá siendo bajo en los próximos años. Tanto las turbulencias políticas como el deterioro fiscal, por citar algunas variables, impedirán una rápida recuperación de la actividad económica.

La decisión —preliminar, pero que muy probablemente no será revertida— de destituir a la presidenta Dilma Rousseff reduce las dudas sobre quien estará al frente del gobierno de aquí hasta el cierre de 2018. No obstante, las tensiones políticas deben persistir, ya que la administración de Michel Temer difícilmente tendrá un sólido apoyo del Congreso y de la sociedad. Además, el nuevo gobierno tendrá que afrontar una dura oposición y podría verse salpicado por el resultado de las investigaciones de múltiples casos de corrupción.

Así, como el entorno político posiblemente seguirá bullicioso, es difícil imaginar que los problemas fiscales del país, como la tendencia alcista del gasto público, serán solucionados de manera definitiva próximamente. Por lo tanto, lo más probable es que las cuentas públicas sigan deteriorándose (la deuda pública debe alcanzar el 75% del PIB en 2017 en comparación con 52% del PIB en 2013), impidiendo que la confianza en el país repunte de manera significativa.

Tomando en cuenta el empeoramiento reciente y las perspectivas para los próximos años, estimamos que el potencial de crecimiento de la economía brasileña será de tan solo del 1%, cuando hace pocos años, entre 2006 y 2010, era de aproximadamente 3,5%. Algunos ejemplos sobre cada uno de las tres partes en las que se suele descomponer el PIB potencial —capital físico, trabajo y productividad total— ayudan a entender el deterioro reciente. En primer lugar, la inversión en capital fijo disminuyó alrededor del 25% en el pasado reciente y se estima que caerá un 13% más en 2016, reduciendo el stock de capital físico de la economía. Además, la tasa de desempleo ha pasado de menos del 5% en 2014 a un 8% al inicio de 2016 y debe acercarse a 10% próximamente, un problema que se va a unir a los generados por una demografía cada vez menos favorable. Y, finalmente, Brasil ha perdido recientemente posiciones en los rankings de facilidad para hacer negocios del Banco Mundial, reforzando la percepción de deterioro de la competitividad.

Así, a menos que se resuelvan definitivamente los problemas fiscales y se adopte una ambiciosa agenda de reformas económicas, el país tendrá que contentarse con una tasa de crecimiento baja, no significativamente superior al 1%.

Enestor dos Santos es el Economista Principal para América Latina de BBVA Research.