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COLUMNA

Pudimos

La indignación de nuestros jóvenes y sus miedos en España son comprensibles

Manuela Carmena. EFE

Podemos nació canalizando el descontento social generado por la crisis. Según el CIS, el 20D el PSOE fue el partido más votado por los de abajo, el 30% de hogares que ingresan menos de 900 euros netos mensuales. Y Podemos fue el partido más votado por los de arriba, el 35% de hogares que ingresan más de 4.500 euros mensuales. Son los hijos de la clase media alta que sufren los efectos extremos de la precariedad laboral que ha generado la reforma laboral de Rajoy en 2012.

Cuatro meses en el Congreso y el pacto con IU han roto el velo de lo nuevo y la transversalidad de Podemos. Con IU han sacado un programa de 50 medidas, la mayoría económicas, pero sin concretar. En dos años Podemos ha cambiado numerosas veces su programa. Por lo tanto, conviene no tomárselo en serio ya que es posible que lo cambien el próximo mes.

Pero el 26-J Podemos ya tiene historia. En enero del año pasado, Pablo Iglesias en Atenas dijo "Syriza, Podemos venceremos". Syriza provocó el corralito, ha intensificado la austeridad, ha rescatado a los bancos metiendo el doble de capital que Rajoy y ha sacado una ley para agilizar los desahucios y vender las hipotecas de familias con problemas a fondos buitres. Colau en Barcelona ha recortado el gasto en el primer trimestre de 2016 un 10% anual, un 7% en servicios sociales, un 40% en vivienda y un 50% en inversión. A diferencia de Grecia, donde los ingresos públicos han caído, en Barcelona han crecido y tiene superávit. Por lo tanto, la causa del austericidio de Colau es su incapacidad de gestión y la falta de proyectos para una de las ciudades más dinámicas del mundo.

En Madrid, Carmena ha pagado religiosamente todas sus deudas, ha intensificado la austeridad con un superávit en 2015 mayor que Botella en 2014, también por incapacidad de gestión. Ha mantenido las concesiones de basuras y la ciudad sigue igual de descuidada por personal insuficiente.

Ahora ha reventado el proyecto de la Operación Chamartín que el PP fue incapaz de aprobar en 20 años gobernando Madrid. Carmena ha sacado el planificador que lleva dentro. Le dice a Adif que asuma el 100% de la remodelación de la estación de Chamartín y sus vías, lo cual acabaría aumentando el déficit público, que Rajoy deja 10.000 millones por encima del objetivo.

A los propietarios del suelo les reduce a la mitad los metros cuadrados construibles, lo cual hace el proyecto inviable económicamente. Carmena va a retrasar sine die una solución de movilidad, con transporte público, para la zona de la ciudad donde más ha crecido la población y cuyos atascos interminables colapsan la M-30 y M-40 diariamente.

La indignación de nuestros jóvenes y sus miedos ante la falta de un proyecto vital en España es comprensible. Ellos no son culpables de la crisis y son de los más perjudicados. Y ningún partido consigue conectar con ellos mayoritariamente. Pero acabarán comprendiendo que Podemos, lejos de ser la solución, ya es parte del problema. La democracia es el mejor sistema para resolver estos dilemas.