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La donación tiene premio fiscal

Las empresas que ceden productos a la beneficencia desgravan el 35% del Impuesto de Sociedades

La cadena francesa Carrefour donó a bancos de alimentos 5.636 toneladas de comida en 2014, según su memoria de cuentas depositada en el Registro Mercantil. Consum hizo lo mismo con 4.110 toneladas el año pasado. Otros grandes distribuidores, como Eroski, canalizan a entidades sociales casi 1.000 toneladas de productos que, aunque no se desperdician, impactan en su cuenta de resultados.

Mercadona señala en su página web de responsabilidad corporativa que dona más de 1.900 toneladas, aunque no precisa si son excedentes propios o entregas que se realizan con ayuda de sus clientes. Los datos de Alcampo son más modestos: 147 toneladas el año pasado.

¿De dónde proceden? El 60% de los alimentos donados, según Consum, “son envasados que están a punto de caducar de las secciones de charcutería al corte, frutas, verduras, alimentación dulce y lácteos”.

El 20% de los excedentes, según una encuesta realizada por el Ministerio de Agricultura en 2012, se devuelven a los proveedores. Ocurre a menudo con los lanzamientos comerciales, apuestas de las marcas por formatos o preparados inéditos que pueden resultar fracasando. También con los productos que se deterioran durante el transporte.

En cualquier caso la vía de la donación de excedentes, la más utilizada, tiene un retorno económico para las cadenas. Cada donación desgrava un 35% en el Impuesto de Sociedades (con el límite del 10% de la base imponible). Esta deducción se incrementa al 40% para las donaciones realizadas a una misma entidad por un importe similar o superior durante al menos tres años. Para la declaración de 2015 este porcentaje será del 37,5%.

Varias empresas consultadas matizan, sin embargo, que lo que sí dejan de repercutir con los productos estropeados es el IVA, ya que lo pagan al proveedor pero no lo pueden recuperar. ¿Existen barreras que frenan las donaciones? El bajo coste de ciertos productos a menudo no compensa el gasto en transporte hasta el punto de recogida. Otro problema es que la legislación sanitaria establece que la entidad social que recibe los productos tiene que garantizar la cadena de frío.